Me. Laura Palmer | Crítica de Danza El valor de los secretos

El misterio es uno de los elementos principales de este trabajo. El misterio es uno de los elementos principales de este trabajo.

El misterio es uno de los elementos principales de este trabajo. / M.G.

El Central continúa con una programación, ahora matinal, que todos agradecemos como uno de los pocos reductos de normalidad que en estos momentos nos calientan el alma.

Se agradece también la oportunidad de observar los derroteros que está tomando la creación andaluza; en esta ocasión, el último proyecto de Laura Morales, conocida sobre todo por el colectivo Hermanas Gestring que en 2013 creó con la bailarina Greta García.

El trabajo de las Hermanas, basado en un humor fresco y absurdo, ha logrado numerosos reconocimientos, pero Morales tiene también una carrera en solitario con la que no para de explorar registros nuevos.

Me. Laura Palmer nació de su encuentro el pasado año con Giulius Gilbert en el Centro Coreográfico La Faktoría de Pamplona y toma el nombre de la misteriosa protagonista de la célebre serie de 1990 Twin Peaks. A partir de esta, centrada en lo que ocultan las apariencias, en los secretos que esconden todos los pueblos, ellos indagan en sus propios secretos.

En escena hay un ambiente de misterio creado por la iluminación, que vela o deslumbra según el momento, y por una efectiva banda sonora, y la obra se desliza a veces hacia una gran pantalla en la que Laura (Morales o Palmer) corre, huye de una muerte que ya acaeció.

Pero la imaginaria ciudad de Twin Peaks se parece poco a la sierra norte de Sevilla y es poco probable que el público joven de la sala supiera de las altas cotas de expectación que provocó la serie, dirigida en parte por David Linch. Y como un secreto existe solamente si hay alguien que lo quiere conocer a toda costa, podemos afirmar que lo mejor de Me. Laura Palmer no es la historia que pretende contar (sin lograrlo del todo, a pesar de los textos), sino las secuencias que unen en vivo a Laura, estupenda bailarina siempre, con Gilbert y con el bailarín sevillano Álvaro Copado. Un trabajo que explora el movimiento en su relación con el otro y con las emociones, con la historia –traumática o banal- que cada uno lleva en su mochila.

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