Miedo y asco en Lloret de Mar
El humorista y escritor Pepe Colubi ofrece esta noche en la sala El Cachorro la extraña crónica de su participación en una multitudinaria excursión turística de la tercera edad
La psicodelia, que tiene sus propias leyes, ingobernables, imprevisibles, se manifiesta como y cuando quiere, y a Pepe Colubi se le apareció una mañana de noviembre de 2008 en el buzón de su casa, en la caprichosa forma de un flyer donde aparecían Luis Aguilé y Marianico el Corto avalando el éxito seguro de una excursión comercial desde Barcelona a Lloret de Mar: autocar equipado con todas las comodidades, comida en hotel de cuatro estrellas, lote de embutidos y paquetitos de aceite de oliva virgen extra de regalo junto con participaciones de lotería y el sorteo de un viaje al Carnaval de Cádiz para dos personas, gala de variedades por la tarde y vuelta a casa de noche; hedonismo para la tercera edad a chorro por el módico precio de 39,95 euros.
"Vi claro que yo eso tenía que vivirlo. Por curiosidad pura y dura. De hecho ni siquiera se lo conté a nadie, me fui yo solo, con ánimo de integración total. Una semana antes me compré en eBay por cinco euros un single de Luis Aguilé, que en paz descanse, el de Juanita Banana; decidí que esa sería la justificación de mi presencia porque daba por hecho que a la gente le extrañaría verme allí, pero lo cierto es que aunque yo era la única persona joven en medio de aquella excursión de ancianos, a nadie pareció llamarle la atención, y mira que iban seis autobuses: 300 personas... y yo allí en medio, totalmente fuera de lugar. Por descontado, probé todos los productos. Y hubo muchos momentos memorables, entre ellos, sin duda, cuando me acerqué a la tarima donde estaba saludando Aguilé para enseñarle el single, y me felicitó: Esto es arqueología, joven, y la actuación de Marianico el Corto, que estuvo todo el rato contando chistes absolutamente guarros, que casi ni eran chistes, sino más bien cerdadas porque sí, escatología a palo seco, y la gente lloraba de risa", recuerda Colubi, nacido en Madrid en 1966 aunque asturiano vocacional, y guionista de numerosos programas de televisión, escritor -de "ensayos ligeros", como él los llama, sobre televisión y música, y de novelas como California 83 (España) y su continuación, Chorromoco 91 (Planeta)-, colaborador de El Jueves, Cinemanía y Orgullo y Satisfacción, activo y popular tuitero y junto a Javier Cansado y Javier Coronas uno de los tres Ilustres ignorantes, el espacio que emite desde hace siete años Canal Plus y que el año pasado le valió al trío el Premio Ondas al mejor programa de entretenimiento .
Aquella "divertidísima" excursión de reconcentrada psicodelia viejuna acabó, para redondear el relato de la anécdota, con el autobús en el que viajaba nuestro hombre en Lloret de Mar estropeado en el arcén de la carretera en medio de la lluvia, y la guía, muy profesional, para sofocar el posible brote de nerviosismo de la expedición, decidió que era el momento apropiado para hacer entrega oficial al grupo de los lotes de embutidos. "Fue otra cumbre. A aquellas alturas, la escena era digna de Apocalypse Now...", recuerda Colubi, que ofrecerá esta noche, a partir de las 22:00 en la sala El Cachorro (entrada libre hasta completar aforo), el relato completo y en "tono autolesivo" de aquellas peripecias por el lado salvaje del otoño de la vida, su peculiar crónica en modo Hunter S. Thompson de la jovialidad achacosa, bajo el título Viaje alucinante a la teletienda.
"Y todo será verdad. Tengo fotos para demostrarlo y las enseñaré. En realidad no es un monólogo, sino una cosa mucho más distendida, muy próxima a la típica experiencia que todos hemos vivido con ese brasas que te cuenta su excursión con fotos", dice Colubi, que a pesar de ser especialmente conocido últimamente por el mencionado programa de humor, Ilustres ignorantes -actuará en Sevilla, de hecho, porque el viernes ofrece un bolo en Huelva junto a Cansado y Coronas, con David Roncano como invitado especial-, no se considera "exactamente humorista". "No me definiría así, ni tampoco como escritor. He tenido mucha suerte en la vida, y en mi trabajo siempre he podido usar un tono humorístico, pero nunca hubo algo parecido a un plan maestro... Como se me daba bien el inglés, eso hice, Filología, y en Asturias empecé pronto a escribir en periódicos y otras publicaciones. Acabé escribiendo en un montón de sitios, y siempre mi tono natural fue así, irónico, un poco sarcástico y muy escéptico. Puedo ganarme la vida con un cometido un poco extraño y muy afortunado, decir las chorradas que se me ocurren, pero no me aplicaría el marchamo de humorista, no me veo con esa capacidad de decir: tal día, a tal hora, voy a hacer reír...".
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