Cultura

Oliver Laxe retrata un viaje espiritual por la cultura marroquí en 'Mimosas'

  • El director gallego presenta una cinta que cabalga entre el cine de aventuras y la mística terrenal

Un "western religioso" que viaja por la cultura local sufí teniendo como decorado principal el imponente desierto marroquí. Mimosas se aferra a la espiritualidad y al sentido religioso, que cada protagonista busca con sus actos e ideas, sin caer en el fanatismo. Además combina el trasfondo místico con persecuciones, acción y suspense. Oliver Laxe retrata el trayecto de una caravana que acompaña a un jeque para cumplir su último deseo: morir junto a los suyos.

"Todo lo que les pasa a los personajes durante el viaje es mucho más importante que el resultado final que vayan a conseguir", recalcó ayer Laxe durante la presentación de la película en el SEFF, que compite en la Sección Oficial. Según el director, los personajes guían sus actos por un sentido "espiritual". Mimosas "retrata ese honor de caballería que ha surgido en varias religiones del mundo", explicó sobre el género del western al que acude en la cita.

El director de Todos sois capitanes recalcó que, para dar valor al sentido espiritual que envuelve el largometraje, recurrieron al uso de fotografías, planos e imágenes que permiten "unir la narración con el misterio y que queden en la memoria del espectador como pasa con muchas películas de la historia del cine".

El nombre de la cinta nació en una cafetería de Tánger para otra película, sin embargo, quedó descartados y surgió de nuevo para bautizar esta cinta. "Un título que no tiene sentido aparente porque intentamos traducir todo y hay que dejarse llevar", afirmó Laxe.

Este gallego, afincado en Marruecos desde hace varios años, apostilló que abrir los ojos y viajar "ha sido esencial para hacer la película desde dentro". La cinta tiene varios paralelismos con la realidad porque el viaje que realizan los protagonistas, montados en mulas, también tuvo que hacerlo el equipo de producción al no haber otro transporte para llegar al punto de cámara. Otro paralelismo es que retrata la amistad de Laxe con los actores "porque aprendí su idioma para poder dirigirlos y crear unos personajes con caracteres similares".

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