Historia

Ramón Carande, "un maestro de España"

  • Manuel Moreno Alonso publica la biografía del padre de la historiografía económica española, castellano de origen pero muy ligado siempre a la ciudad de Sevilla

El historiador Ramón Carande , en una fotografía de los años 70 cedida por su familia. El historiador Ramón Carande , en una fotografía de los años 70 cedida por su familia.

El historiador Ramón Carande , en una fotografía de los años 70 cedida por su familia. / D. S.

Padre de la historia económica española, hombre de banca, hacendista, terrateniente, de algún modo político, "cartero honorario" y rector de la Universidad de Sevilla antes de la Guerra Civil, cuyos dos bandos lo trataron con hostilidad, Ramón Carande vivió casi un siglo, entre 1887 y 1986, y su biógrafo, Manuel Moreno Alonso, lo considera "un maestro de España".

Catedrático de Historia de Contemporánea de la Universidad de Sevilla, Moreno Alonso, concluye su biografía con ese calificativo, "un maestro de España" -en el mismo sentido que el biógrafo de Heidegger Rudiger Safranski lo aplicó al filósofo alemán-, la biografía de 640 páginas y casi 2.000 notas que ha publicado con el título Ramón Carande. La historia y yo (Urgoiti Editores).

Una colección de miles de cartas del archivo particular de Carande ha sido la base documental para contar la vida del hijo de un republicano de 1873, educado en la Francia de la Tercera República y en la Alemania guillermina, de un hombre de la Institución Libre de Enseñanza que fue miembro de la Agrupación al Servicio de la República y llevó a hombros el féretro de José Antonio Primo de Rivera en el traslado de sus restos desde Alicante al Escorial.

Entusiasta monárquico

"Más allá de su ejemplo como historiador, dio lo mejor de sí mismo como un destello de admirable magisterio", según su biógrafo, quien señala que "con la transición fue un entusiasta de la Monarquía y de los reyes de España, a quienes consideró un regalo de la providencia para una conciliación nacional".

Tocado con boina, fumando en pipa, con un bastón que más parecía un cayado de pastor, una melena blanca que alguien definió como de músico de otra época, vecino de la Giralda, en los años 80, en plena época de la movida, recorría las calles de la Sevilla antigua con su paso apresurado y, al constante saludo de "adiós, don Ramón", respondía diciendo "¿tú quién eres, niño?", y si se trataba de estudiantes interesados en su obra los invitaba a merendar en su casa, donde luego se hablaba de cualquier cosa.

Su vida dio mucho de sí porque conoció el regeneracionismo posterior al desastre del 98, se formó en el extranjero, vivió el desencadenamiento de la Gran Guerra en Francia y el Reino Unido, obtuvo la Cátedra de Economía Política y Hacienda Pública en 1916, vivió de cerca el orto y el ocaso de la República.

'Galería de raros'

Pasó la Guerra Civil en Madrid, donde su casa sufrió un saqueo en el que perdió miles de fichas y borradores de sus investigaciones y donde, separado de su familia, conoció de cerca los desmanes revolucionarios (el capítulo que Manuel Moreno Alonso dedica a lo sucedido con sus compañeros historiadores en el Madrid en guerra está pleno de dramatismo).

Mientras, en el bando sublevado sus tierras en Extremadura fueron sometidas a un proceso de incautación, fue depurado y excluido de la cátedra, pese a ser nombrado por Franco consejero nacional de Falange después de la guerra.

En ese periodo de paro académico forzoso hizo "una de las contribuciones más importantes a la historia de España", escribir los tres volúmenes de su Carlos V y sus banqueros, su libro Sevilla, fortaleza y mercado y sus obras más literarias, Galería de raros y Galería de amigos, que él consideró sus propias memorias.

Moreno Alonso le otorga categoría de "fuente histórica" porque "fue un testigo de nuestro tiempo. Su dilatada vida, los avatares de la misma y el singular conocimiento directo que tuvo del mundo cultural lo convirtieron en una verdadera fuente histórica y no precisamente de asuntos secundarios, sino esenciales y muy relevantes del pasado".

Dignidad científica

"En unos años especialmente difíciles, salvó la dignidad científica con una obra prodigiosa, con su estilo punzante, la inteligencia lúcida y una fina ironía, siempre presentes en este humanista que supo ser maestro", según Moreno Alonso.

El biógrafo afirma que Carande "nunca se dejó absorber por la tribu" y careció de cualquier fanatismo, "lo que no quiere decir que no puedan reprochársele ciertas asperezas y arrogancias" (es delicioso el capítulo que recrea sus anécdotas académicas y cómo muchos de sus alumnos sentían "miedo" cuando tenían que afrontarlo).

La obra científica de Carande "confirma que se trata de una de las más importantes y originales de los historiadores españoles" y, según su biógrafo, lo ha convertido en uno de los historiadores españoles "más valorados y citados por los especialistas del mundo entero".

El tesoro y su búsqueda

"Fue un historiador de verdad que creyó siempre que la libertad y la esperanza eran lo más grande que el hombre poseía", que "se enternecía ante el pícaro, se burlaba del petrimetre y se encogía de hombros ante el osado", según descripción de Moreno Alonso.

Julio Caro Baroja, que tanto lo admiró, dijo que había un perfecto equilibrio entre el interés de su obra y lo extraordinario de su persona, mientras que su biógrafo sostiene que "su misma longevidad fue otro signo de su excepcionalidad".

Representó un modo de ser liberal al considerar que el sentido de la libertad lleva aparejado el sentido de la responsabilidad y que "sin ésta no hay libertad política".

"Más allá de su condición de gran erudito, llegó a ser un gran maestro en los vericuetos del saber y en el modo de enjuiciar el mundo y su realidad" porque, según Moreno Alonso, coincidía con Stevenson en que "lo importante no es el tesoro sino la búsqueda".

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