Realismo mágico en los campos de Castilla

Cristina López Barrio funde en la exitosa 'La casa de los amores imposibles' su pasión por García Márquez y Antonio Machado

Cristina López Barrio, en un céntrico hotel sevillano.
Cristina López Barrio, en un céntrico hotel sevillano.
Francisco Camero / Sevilla

02 de julio 2010 - 05:00

"Un poco noqueada", Cristina López Barrio sigue intentando "asimilar" el éxito de La casa de los amores imposibles (Plaza & Janés), uno de esas revelaciones de las que siempre se habla tras cada Feria del Libro de Madrid. Allí la novela había llegado avalada por su éxito en la última Feria de Fráncfort, donde se vendieron sus derechos de traducción a varios países. "La realidad supera al sueño, en este caso. Para mí, publicarla era ya un sueño cumplido", dice esta abogada y escritora madrileña nacida en 1970, autora de El hombre que se mareaba con la rotación de la Tierra, una obra juvenil que figura como su debut, aunque la escribió al mismo tiempo que esta saga familiar, amorosa y trágica donde muchos han apreciado una suerte de "realismo mágico castellano".

La búsqueda de la comparación con esa estética "no fue premeditada", dice la autora, quien sí reconoce como fundamentales las influencias de la literatura latinoamericana -y del Gabriel García Márquez de Cien años de soledad en particular-, y de poetas españoles como Antonio Machado, Luis Cernuda o Federico García Lorca. "Cien años de soledad es una novela que me marcó, hubo un antes y un después cuando la leí. Lo hice por primera vez a los 17 años, y me pareció una puerta a un universo distinto. Y Campos de Castilla, la huella que me dejaron que me producen esos poemas y ese paisaje, está presente también en La casa de los amores imposibles, afirma.

De esa fascinación por dos mundos tan distintos, separados por la distancia que va de la colorida exuberancia a la sobriedad plateada, muchas veces "fantasmagórica", y de su gusto por el "fantaseo", nació por tanto esta saga de las hermanas Laguna, mujeres cuya belleza es su propia condena, portadoras de una terrible maldición desde el inicio de su linaje: invariablemente, una tras otra, sufrirán mal de amores y sólo alumbrarán niñas que perpetuarán tarde o temprano, con otros hombres, las historias torcidas, imposibles, trágicas. "Todos en algún momento hemos vivido una gran pasión, o nos hemos dejado arrastrar por el deseo o sacrificado algo por una pasión. Esa sensación de eternidad, de plenitud, que de alguna manera es lo que queremos todos... aunque tenga un plazo de tiempo", añade.

A la autora le gustaría, sobre todo, que la novela "llegara al corazón" de los lectores y que éstos "no olviden a las Laguna". "Es una novela de sentimientos", explica la escritora, que en este sentido sitúa su obra dentro de la "literatura popular", porque aunque "plantea determinadas ideas" es "más de emociones que de pensamientos" y aspira a "conseguir que el lector se evada de la realidad cotidiana".

En estas apreciaciones coincide con la escritora Clara Obligado, de cuyo taller literario es alumna López Barrio. En él ha conocido este año los cuentos de Alice Munro y, hace un poco más de tiempo, al sudafricano Coetzee. "Su literatura es distinta. De leer despacio", explica la madrileña, que ya tiene en mente una nueva novela, ésta ambientada en su ciudad natal y en pleno Barroco, "muy diferente" a La casa de los amores imposibles.

stats