Crítica de Música 'Sinfónica de Sevilla'

Sevillano en Nueva York

El pianista sevillano Juan Pérez Floristán El pianista sevillano Juan Pérez Floristán

El pianista sevillano Juan Pérez Floristán / D. S.

En el penúltimo concierto de Jacek Policinski, estupendo solista de viola de la ROSS desde su fundación en 1991, que se jubila, Axelrod programó un paseo por Nueva York, con obras nacidas del entramado cultural americano del primer tercio del siglo XX. Para cuando en los años 30 se impusieron el swing y las big band, que a tantos músicos socorrieron en plena Depresión, el jazz había causado ya un hondo impacto en toda Europa, influyendo en muchos maestros clásicos. Uno de los reyes del momento era sin duda Duke Ellington, de quien se programó su Suite de Harlem en una versión orquestal a la que uno piensa que le sobra siempre la cuerda, simple sustento de una pieza hecha para el talento de los instrumentistas de viento, especialmente los metales, que encontraron espacio para la brillantez de los efectos más espectaculares de sus instrumentos.

Siguieron las Variaciones sobre I got rhythm de Gershwin con un Juan Pérez Floristán que pareció calentar dedos en una interpretación intensa, que privilegió el virtuosismo solista al diálogo con la orquesta. En la continuación, las tres danzas de On the Town de Bernstein volvieron a traer al Axelrod de exquisito control rítmico y dinámico (espléndido el crescendo del segundo número) que tan bien ha servido la música de su maestro en lo que va de año.

En cualquier caso, todo puede considerarse un preámbulo (de notable nivel, sí) a la apoteósica interpretación de la Rapsodia en blue de Gershwin, que se ofreció en el primer arreglo de Ferde Grofé, el de 1924. Axelrod planteó una versión rápida, afilada, detallista y clara de la que sobresalió un Pérez Floristán transfigurado, que combinó el indiscutible virtuosismo de raíz romántica de su parte con el aire jazzístico de la obra en una visión flexible, elegante, sensual y sofisticada como sólo sabe serlo la música de Gershwin, lo que certificó en el soberbio Preludio de la propina.

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