O SISTER! | CRÍTICA

Atrapados entre el polvo de estrellas

  • El público que abarrotó el Teatro Central terminó de pie, bailando festivamente, para celebrar la maravillosa fiesta de cumpleaños que nos brindó el grupo O Sister!

O Sister! O Sister!

O Sister! / Juan Luis Morilla

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Ver a O Sister! tocar y cantar en el Teatro Central una década después de que comenzasen a hacerlo en La Casa de Max es motivo de celebración. Y el viernes, con un abandono absoluto y temerario, iluminaron las diez velitas con una fuente de energía tan enorme que se corría el riesgo de una explosión absoluta. Y  esta se produjo, afectándonos a todos de una forma maravillosa.

Todo comenzó con la voz en off del gran Fernando Mansilla presentándonos al grupo y hablando con su retranca habitual de su devenir durante estos años. De fondo, las notas de Begin the beguine, la canción de Cole Porter que fue la primera que O Sister! cantaron cuando todavía eran un cuarteto de tres voces y guitarra. Ahora son seis y la canción se glorifica porque no hay mejor forma de interpretarla que con la unión del rango de sus tres voces: soprano, de Helena; alto, de Paula y tenor, de Marcos, que tan bien se complementan.

Siguió un recorrido por su discografía, en un orden más o menos cronológico, con sabor a Tim Pan Alley en Shine on, harvest moon, a Fred Astaire en Puttin’ on the Ritz, con una coreografía que hubiese hecho estallar de risa al propio Irving Berlin; a Louis Armstrong en Everybody loves my baby; hasta llegar a la encarnación de las Boswell Sisters, con varias canciones que incluyeron la inédita que O Sister! terminó de componer y arreglar para estrenarla en New Orleans en 2014, You-die-ee-oo-dee-oo, un punto de inflexión en su carrera al igual que aquí, porque abrió paso a las canciones propias que, sobre todo el alegato feminista de Keep your head up, sister! nada tienen que envidiar a las demás de su repertorio, aunque sean tan míticas como el Stardust de Hoagy Carmichael con la que iniciaron los bises.

Fuimos testigos de un renacimiento. Y todos nos sentimos más vivos que nunca junto a ellos. Y así lo celebramos, con Crazy people, locos también, bailando juntos al despedirlos.

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