Solitudes | Crítica de Teatro 'Solitudes', la historia mejor contada

Tres de los maravillosos y tiernos personajes creados por Kulunka Teatro. Tres de los maravillosos y tiernos personajes creados por Kulunka Teatro.

Tres de los maravillosos y tiernos personajes creados por Kulunka Teatro. / M. G.

De las cuatro obras que tiene en su haber, Solitudes es el segundo espectáculo de máscaras de Kulunka Teatro, hoy una gran familia teatral, que nació de la unión, en 2010, de Garbiñe Insausti y José Dault y cuyo primer fruto, André y Dorine, ha realizado en estos nueve años casi 700 funciones en más de 30 países.

Premio Max al Mejor Espectáculo en 2018, Solitudes es una sencilla historia que nos habla de temas tan universales como la familia y la difícil comunicación entre sus distintas generaciones, la necesidad de amor y, sobre todo, la escucha, la actual incapacidad para escuchar y respetar a aquellos que, como los ancianos, han perdido todo su poder social.

Una historia en apariencia insignificante pero maravillosamente contada gracias a su cuidada dramaturgia y al tesón de todo un equipo: las fantásticas y expresivas máscaras de Insausti, el espacio (un interior hiperrealista y un trozo de malecón), la música de Cobos y, sobre todo, el trabajo de tres actores que, sin una sola palabra, interpretan a una decena de personajes –incluida una mosca y un perro que no vemos- guiándonos en un viaje de emociones, de ternura y de humor, en el que la risa y el nudo en la garganta se van alternando de principio a fin.

En la pieza se ven numerosos referentes: el trabajo de mimo y pantomima, el cine mudo y su capacidad para poner una lente de aumento sobre las más pequeñas acciones cotidianas –la escena del perro o la de la prostituta novata en la pared nos remiten, entre otros, al lenguaje de Charles Chaplin- pero, con todo ello, Kulunka ha logrado crear un lenguaje expresivo, una poética realmente propia.

Y lo que es más difícil, Solitudes recrea un retazo de vida en su más pura esencia. Algo que, según confesó el propio Dault en el coloquio posterior a la representación, han logrado despojándola poco a poco, desde su estreno en 2015, de todo lo redundante, de todo adorno incluso, hasta dejarla lo que hoy es: puro teatro del bueno que un público emocionado, que llenaba a rebosar la sala del TNT, premió con un fervoroso aplauso.

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