Stéphanie Fuster o el zapateado mágico que llegó de Toulouse
La bailaora francesa regresa hoy al Teatro Central en un montaje de la Compañía 111
Muchos artistas jondos, como el maestro sevillano Manolo Marín, tienen señalada en rojo en sus agendas, desde hace meses, la fecha de hoy. Y, si es menester, dejarán otros compromisos para no perderse el espectáculo Questcequetudeviens? (¿En qué te estás convirtiendo?) con el que regresa a Sevilla la bailaora de Toulouse Stéphanie Fuster. "Bailaora, no bailarina", recalca ella con su voz melodiosa desde París, al otro lado del télefono. Ex integrante del cuerpo de baile de la compañía de Israel Galván -con quien presentó Galvánicas en la Bienal de 2002 y Máquinas Viejas en Los Ángeles dos años después-, Fuster recuerda como si fuera ayer el día en que lo dejó todo para afincarse en Sevilla y poder estudiar en la academia de Manolo Marín o trabajar en el tablao Las Brujas mientras seguía formándose con coreógrafos como Galván, Juana Amaya, Juan Carlos Lérida o Ángeles Gabaldón.
Su espectáculo, que presenta hoy y mañana a las 21:00 en el Teatro Central dentro de Flamenco viene del Sur, lo creó para ella en 2008 el prestigioso director de la Compañía 111, Aurélien Bory, que la semana pasada maravilló al público del escenario de la Isla de la Cartuja con su espectáculo de danza, circo y teatro visual Sans object. Ahora, Bory ofrece una exploración de la propia vida de Fuster, una autobiografía desnuda donde el cuerpo y el zapateado de esta treintañera intentan atrapar los misterios del ser humano. "Pocos días después del estreno español en Sevilla estaremos también en Granada y Málaga con esta propuesta que ya se ha presentado, con éxito, en Suiza y Francia", explica Fuster, que estará acompañada en escena por José Sánchez (guitarrista y compositor) y Alberto García (cantaor).
"Siento una enorme responsabilidad en mi regreso a Sevilla. Decidí volverme a Francia cuando comprendí que me podía pasar la vida entera imitando a los antiguos, a los grandes maestros. Y yo tenía la necesidad de hacer mi propio flamenco", asegura Fuster, que gracias a Bory pudo adentrarse "en ese terreno sutil, moderno y conceptual que estaba buscando. El suyo es un universo espiritual y lúcido que me permite trabajar con muchos matices".
Esta propuesta "parte de la mirada de un director sobre mi trayectoria y abarca los grandes temas de la vida y esa dualidad entre el sueño y la realidad donde tienes que aceptar que las cosas no son como las habías imaginado". "No es un cuadro flamenco", añade. "Es un espectáculo de factura contemporánea que mezcla distintos lenguajes coreográficos, incluida la danza clásica, desde mi sensibilidad flamenca y con una música que es, ante todo, universal".
También te puede interesar
Lo último