Abraham Cupeiro: "Soy un promiscuo musical"
ABRAHAM CUPEIRO | Músico
El multiinstrumentista gallego presenta mañana 'Mythos', un viaje sonoro que une Grecia, Roma y territorios legendarios, con la ROSS en el Cartuja Center
Zenet: "Un artista sin riesgo se acomoda"
El gallego Abraham Cupeiro (Sarria, Lugo, 1980) ha construido una de las trayectorias más singulares de la música española actual. Como multiinstrumentista, investigador y artesano, recupera y fabrica instrumentos ancestrales —sean el karnyx celta o el aulos griego— para devolverlos al presente en diálogo con la orquesta sinfónica. Formado en el ámbito clásico pero abierto a la experimentación, ha llevado su universo sonoro a grandes escenarios internacionales, colaborando con grandes formaciones orquestales y participando en proyectos vinculados a la industria cinematográfica junto a nombres como Hans Zimmer o Steven Spielberg. Ese recorrido desemboca mañana en nuestra ciudad, donde presentará Mythos en doble función en el Cartuja Center CITE, junto a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, combinando relato y sinfonismo en una experiencia tan poco habitual como la de escuchar instrumentos de hace tres mil años respirando, de nuevo, en el corazón de una gran orquesta del siglo XXI.
Pregunta.-¿Cómo adapta instrumentos ancestrales como el karnyx o la corna gallega al lenguaje sinfónico contemporáneo sin que pierdan su identidad?
Respuesta.-Es un compromiso. Yo vengo del mundo académico y sinfónico, es mi formación, y quiero imbricar estos instrumentos tan especiales en una orquesta sinfónica. Eso exige trabajar muy bien los arreglos y saber en qué momento la orquesta va a gravitar en un acorde. Si yo tengo que tocar la nota principal, la dejo en su sitio para que no chirríe. Pero también dejo espacio a los giros melódicos propios del instrumento, a su personalidad. . Al final, lo que yo traigo del pasado no es solo música, son colores, son sonidos que, en diálogo con la orquesta —algo que nunca conocieron—, encajan a la perfección.
P.-Entonces el público sevillano, supongo que en esta interpretación de Mythos encontrará algo que nunca ha encontrado en otro concierto sinfónico…
R.-Desde luego. Muchos de los instrumentos que toco ni siquiera los conocía a fondo hasta hace apenas dos años, que los he tenido que aprender a dominar. Es el caso del aulos griego, con el que abrimos el concierto. Es un instrumento muy representado en la iconografía helenística, que sonaba en los Juegos Olímpicos y del que hablaba Platón. Escucharlo con una orquesta sinfónica es una experiencia muy singular.
El concierto tiene relatos y nunca memorizo los textos"
P.-¿Cómo se construye el diálogo entre su universo instrumental y una gran formación orquestal como la ROSS?
R.-Lo primero es construir los propios instrumentos, porque los hago yo mismo. El aulos, por ejemplo, está basado en un ejemplar conservado en el Museo del Louvre. Nuestra tradición clásica la vemos en multitud de obras de arte, pero musicalmente la sentimos lejana. Yo traigo ese sonido hipnótico —porque tenía también esa función— y lo inserto en la orquesta. Al ser un instrumento de dos tubos, genera mucha música por sí mismo, casi como un acordeón muy primitivo. Para integrarlo, en la orquestación, desplazo a la orquesta hacia los extremos, a los registros muy agudos y muy graves, para dejar libre el centro sonoro del aulos.
P.-¿Todo está milimetrado o hay margen para la improvisación?
R.-Me gusta mucho improvisar. El concierto tiene relato —soy una especie de contador de historias, de mitos y leyendas— y nunca memorizo los textos. Los cuento de forma natural. También me dejo cadencias abiertas para que cada interpretación sea distinta, al menos para mí.
P.-Por lo que me cuenta, sus conciertos no son solo musicales; hay relato, contexto, casi dramaturgia. ¿Cómo construye la narrativa de cada espectáculo? ¿Qué papel ocupa usted dentro de la arquitectura sonora de Mythos? ¿Es solista, narrador, catalizador?
R.-Yo me veo como un simple músico que trabaja como solista y que construye sus propias obras. Pero creo que en la música clásica hemos perdido cierta relación con el público. A veces conviene romper esa cuarta pared y explicar lo que sucede. En mi caso lo hacemos de forma dramática, la declamación también es música e intento que todo forme una unidad. No es algo nuevo, Beethoven explicaba a menudo sus obras antes de interpretarlas. Es algo muy natural, no es original.
P.-Mythos remite al mito como relato fundacional. ¿Qué mitologías —musicales, culturales, personales— atraviesan este proyecto?
R.-Partimos de la Grecia clásica con el aulos y del mito del fauno Marsias cuando reta al dios Apolo. Después viajamos a la antigua Roma con un cornu romano que "desenterré" de las cenizas de Pompeya. Desenterré en el sentido de que lo copié en el Museo Arqueológico de Nápoles a partir de uno de los cinco ejemplares hallados en Pompeya. Y de ahí saltamos a Persia, Irlanda, la India e incluso a la fantástica, la inexistente ciudad de Atlantis.
P.-En estos meses de febrero y marzo alterna formatos íntimos con grandes producciones sinfónicas. ¿Qué le aporta cada escala escénica y cómo dialogan entre sí dentro de su proyecto artístico?
R.-Para mí es muy necesario cambiar de proyecto, incluso cada semana. Hago más de 130 conciertos al año y necesito esa sensación de novedad para subirme fresco al escenario, con ese punto de nerviosismo, y no salir acartonado. Cada formato me aporta energía, ninguno me la resta. Por eso hago este cambio constante de escenarios y proyectos.
P.-¿Diría que esta gira consolida definitivamente su salto del circuito alternativo y de músicas de raíz a los grandes auditorios sinfónicos?
R.-Llevamos tiempo trabajando en ese ámbito. El año pasado giramos por el Reino Unido con orquestas como la London Symphony Orchestra, la de Birmingham, la Nacional de Escocia y conjuntos vinculados a la BBC. He crecido gracias a los propios músicos de las orquestas, que han sido mis valedores ante los programadores. Ellos me abrieron la rendija por la que me he colado.
P.-¿Ese crecimiento de su dimensión sinfónica progresivamente ha sido una estrategia buscada o una evolución natural de su lenguaje?
R.-No la he buscado, para nada. No tengo ningún tipo de estrategia comercial en mi vida. Desde niño me dedico a hacer música y soy un gran aficionado a la historia. Disfruto en el taller construyendo un instrumento tanto como componiendo con el lápiz y la goma o sobre el escenario. Y si detrás tengo la máquina perfecta que es una orquesta empujando, ese es el mayor éxito que puedo tener.
Como no puedo comprar estos instrumentos, los fabrico; como la música no está escrita, me la tengo que escribir yo"
P.-La recuperación y construcción de instrumentos históricos que usted hace exige una labor casi arqueológica. ¿Se siente más músico, investigador o artesano?
R.-Estamos acostumbrados a un mundo de especialización. Salvando las distancias, Bach en su época arreglaba órganos; de hecho, tenía claves para alquilar; era compositor, tenía que arreglarse con lo que tenía al lado y dirigía lo que tendría que hacer. Hoy todo está muy compartimentado, y yo lo que hago es dar rienda suelta a mis necesidades: como no puedo comprar estos instrumentos en ningún lado, los fabrico; como la música no está escrita, me la tengo que escribir yo. Soy, en cierto modo, hijo de esa necesidad. Y por eso hago tantas cosas a la vez.
P.-Una vez con el instrumento construido y la música escrita, ¿qué le interesa más: reproducir fielmente el sonido antiguo o reinterpretarlo desde una sensibilidad actual?
R.-Totalmente, reinterpretarlo, le diría. En la construcción somos muy fieles, el cornu romano o el aulos griego son fidedignos al milímetro, pero lo que intento es volver a soplar por ellos hoy, como lo haría una persona de hace dos o tres mil años, emocionando al público.
P.-En este mundo actual, dominado por la tecnología, usted reivindica el aliento y la materia. ¿Es una posición ética o estética?
R.-Muy buena pregunta; que no sabría responderle. Deme un momento para pensar… Si fuese estética, le diría que en los matices y en las perfecciones está la emoción. Muchas veces la música que consumimos hoy en día por la radio está siempre en unas frecuencias y en unas dinámicas muy altas, y nunca se baja a la frecuencia que puede tener una orquesta, a la dinámica del pianísimo, del fortísimo. Eso ya es un cambio radical. Y en cuanto a ética reivindico también que utilicemos el segundo cerebro que tenemos, que son nuestras manos. Están muy de moda las meditaciones y todo eso, pero yo creo que tocar y aprender a tocar un instrumento realmente ya te conduce a un bienestar corporal y mental mucho mejor. Y al mismo tiempo estás compartiendo música con otros.
P.-¿Cómo equilibra fidelidad histórica y libertad creativa cuando escribe para instrumentos reconstruidos? ¿Siente que está creando tradición al mismo tiempo que la recupera?
R.-Yo siento que, al menos, la gente del siglo XXI puede escuchar estos instrumentos. Porque además hay momentos en que los toco yo solo y cada instrumento tiene su sensación. Desde hace unos años intento enseñar a más gente a construirlos y tocarlos, porque nunca sabes lo que te puede pasar. Pienso mucho en la muerte, me tranquiliza y me quita tonterías. No sé si he creado tradición, pero al menos me gustaría que lo poco que sé se quede con alguien y no se pierda.
Lo único que me ilusiona en esta vida es seguir aprendiendo"
P.-¿Encontró al principio obstáculos al intentar introducir estos instrumentos? ¿Ha sentido en algún momento que debía “justificar” su propuesta ante programadores o colegas más ortodoxos?
R.-Nosotros, desde hace años, no tenemos ese problema porque somos promotores de nuestros propios conciertos. Confiamos en lo que hacemos, alquilamos los teatros, ponemos una entrada y listo. Al principio sí pudo haber reticencias, pero los profesores de la orquesta y, sobre todo, el público fueron mis valedores. La primera vez que salí a escena, me tranquilicé en cinco segundos al ver el silencio que se generaba en la sala. Aquello no era normal. Y supe que estaba conectando con la gente.
P.-¿Y qué ha cambiado más desde esos primeros proyectos hasta Mythos, su forma de componer, su manera de tocar o su visión artística?
R.-He tenido mis fracasos, por supuesto, porque al salir a un escenario un instrumento no funciona porque yo no estaba lo suficientemente preparado y porque son complicados. Ha cambiado que he adquirido más experiencia, más herramientas para componer rápido y para sacar más partido a la orquesta. Pero en esencia, en mí creo que no ha cambiado nada.
P.-En su trayectoria conviven folk, jazz, música antigua y experimentación. ¿Se reconoce en alguna etiqueta o ha hecho de la frontera su territorio natural?
R.-Me gusta pensar que mi territorio natural es la frontera, aunque tampoco hago nada extremadamente revolucionario. Tuve la suerte de tener un padre que en el coche me ponía música de todos los estilos, desde Edith Piaff o Carlos Cano hasta música celta o los Golden Gate Quartet. Yo amo a la música en toda su extensión. Soy lo que llamo un “promiscuo musical”.
P.-Hablemos del futuro, para terminar. ¿Qué le ilusiona más: consolidar lo logrado o abrir territorios completamente nuevos?
R.-Le voy a responder de forma muy sencilla: lo único que me ilusiona en esta vida es seguir aprendiendo. Tenga más o menos gente en un escenario, yo seguiré aprendiendo, porque es lo único que me motiva. E intentar descubrir esas "llaves sonoras" que abren puertas del pasado. Yo solo traigo esencias, no soy un purista; pero traigo esencias que perfuman el mundo de otra manera. Voy a grabar un disco en noviembre otra vez en Abbey Road, y al final las cosas vienen solas, como los trabajos para películas de Hollywood, incluso con Steven Spielberg. Pero nunca he perseguido nada de eso. Solo persigo aprender.
También te puede interesar