Zenet: "Un artista sin riesgo se acomoda"

ZENET | Cantante

Presenta 'Las manos y la voz', un disco de raíz que se adentra en el bolero, el tango y la bossa nova, a la vez que resulta un homenaje al guitarrista José Taboada

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El cantante Antonio Mellado, Zenet (Málaga, 1967) durante la entrevista
El cantante Antonio Mellado, Zenet (Málaga, 1967) durante la entrevista / Juan Carlos Vázquez

Antonio Mellado, Zenet (Málaga, 1967), vuelve con un disco que parece escrito con luz cálida y manos viejas, Las manos y la voz. Después de años cultivando un sonido mestizo, urbano y elegantemente canalla, el artista se adentra ahora en un territorio que le pertenece tanto como le reta, el de la canción de raíz, el bolero respirado, el tango a media luz, la copla íntima que se desgrana sin prisas. Un giro que, más que un cambio de rumbo, es una reivindicación de la memoria y de la artesanía musical.

El disco, construido con instrumentos reales, arreglos austeros y un respeto absoluto por la emoción, funciona también como un homenaje a José Taboada, su cómplice musical. Zenet desembarca con este trabajo en Sevilla el 22 de febrero, dispuesto a presentar una gira más desnuda y verdadera, donde cada canción se sostenga —como anuncia el título— solo con las manos y la voz.

Pregunta.-En aquella entrevista que le hice para el concierto en Cartuja Center hace dos años me dijo usted que robar géneros era su modo de vivir la música. Hoy regresa con Las manos y la voz, un disco dedicado a las raíces, al bolero, al tango, al folk. ¿Siente que este disco devuelve —o agradece— aquello que robó?

Respuesta.-En cierto modo, lo devuelve. Era una espinita que tenía, la de meterme de lleno en el género. Antes, con José Taboada, éramos más fronterizos; robábamos el género, pero en realidad robábamos un aroma, como en la cocina moderna. Lo que hago ahora es habitarlo, meterme dentro. Gracias a la guitarra de Raúl Kiokio, me meto en el tango; con la de Arturo Lledó, en la bossa nova; con Dani Casares, en el fado; y con Dayan Abad, en el bolero cubano. El disco es puramente guitarrístico; guitarra y voz, y sin haberlo pensado así, sin quererlo, ha salido una especie de homenaje a José, ya que todos ellos eran amigos suyos.

P.-En esa charla mencionó que le gusta reinventarse sin olvidar su identidad. Con este disco tan a la antigua y artesanal, ¿siente que se reinventa o que, en realidad, vuelve a reafirmar quién es? ¿Qué pesa más ahora, la raíz o la aventura?

R.-Para mí tiene que haber riesgo. Un artista sin riesgo se acomoda, y si te acomodas, no ofreces ese lugar de incomodidad. Debo decir que yo no estoy cómodo cantando un tango, pero siento que puedo expresarme haciéndolo y de hecho Raúl Kiokio, que es argentino, me dice: quillo, parece que te has tragado a Gardel. Y yo en realidad no tengo apenas tradición de haber escuchado mucho tango, lo he escuchado como cualquier otra cosa. Me he tirado a ese precipicio. A veces pego cambios de dirección bruscos, y me lo dice hasta la gente de la industria, que a lo mejor mi público se puede sentir un poco despistado; pero yo sigo en esa aventura constante. El disco anterior tenía electrónica, siempre a mi servicio, siempre a mi forma, y el siguiente quiero que sea muy jazzístico.

Zenet
Zenet / Juan Carlos Vázquez

P.-En el disco participó un elenco variado de músicos invitados, de estilos diversos. ¿Cómo seleccionó a cada uno? ¿Hubo algún músico cuya aportación le sorprendió o transformó la canción de un modo inesperado?

R.-No, yo sabía lo que le pedía a cada uno. Cada uno es un especialista. Cuando voy a buscar a Arturo Lledó, sé que es uno de los mejores haciendo música brasileña de Madrid. Y me voy a su casa, al Escorial. Cada una de las canciones tiene una historia particular. Me he ido a Fuengirola con Dani Casares y no he salido de sus casas hasta que no teníamos el tema hecho. Me metía en su mundo sonoro sabiendo lo que quería.

P.-Tengo el recuerdo de José Taboada, porque cuando estuvimos aquí hablando la otra vez y le pregunté por los músicos que iba a traer, me dijo usted que él no lo haría porque el pobre estaba malito. Falleció poco después…

R.-Sí, fue muy repentino, fue una enfermedad tremendamente voraz. Dani Casares nos hizo el favor de venir a Bogotá y Buenos Aires en fechas que estaban preparadas para ir con José, que en esos septiembre y octubre estuvo en el hospital. Habíamos vuelto en agosto del festival de la guitarra de Córdoba y José dijo: me duele la garganta, puede que sea por un aire acondicionado. Entró en el hospital y de ahí no salió. De ahí hasta enero ya no levantó cabeza.

P.-El homenaje a José Taboada aparece como un pilar del disco. ¿En qué canción o momento del disco diría que más se siente su ausencia, y al mismo tiempo su presencia? ¿Hubo alguna decisión musical que tomase pensando: esto lo habría hecho José?

R.-No, no he querido hacer eso, puesto que hubiera salido un disco con una intención como de imitación y tampoco yo quería eso. El homenaje está en el mundo musical de cada uno. Cuando Raúl Kiokio toca el tango con todo su saber, evoca su memoria. Escuchar un poco de bossa, que tanto le gustaba... Ha salido de forma orgánica, no se pensó, pero el espíritu de José está en el ambiente.

Siempre habrá música comercial, pero no se puede generalizar"

P.-En un entorno musical que a menudo persigue lo inmediato y lo viral, volver al bolero, al tango, a la bossa o al folk puede parecer casi subversivo. ¿Lo siente así, como un acto de resistencia estética? ¿O más bien como un refugio íntimo?

R.-No, yo me muevo en un circuito donde hay espacio para esto. La gente que va a verme a mí va a ver a Salvador Sobral, a Silvia Pérez Cruz... a Rosalía, que acaba de sacar un disco con orquestación. Hoy en día hay un circuito para la música culta. Yo rompo una lanza con respecto a muchos jóvenes que están haciendo una música de grandísima calidad; hay genios como Jacob Collier enriqueciendo el concepto de armonía. Siempre habrá música comercial, pero no se puede generalizar. La música es variopinta y cada uno tiene su circuito.

P.-¿Le da miedo que alguien pueda considerar este disco demasiado melancólico, anticuado o poco comercial?

R.-No, no me da miedo. A ver, te lo dice alguien que escucha todo tipo de música, incluida Rosalía, y que disfruta mucho con discos de hoy en día como los de Silvia Pérez Cruz, Salvador Sobral, que ya les he mencionado, o como los de El Niño de Elche o Miguel Poveda. Por lo tanto, estamos en el circuito.

P.-Me dijo usted aquella vez que la música sirve para sanar. ¿Cree que este disco —tan personal, tan reflexivo— nace de una necesidad interna de curación? ¿De qué se está sanando, si me permite la pregunta?

R.-Yo soy musicoterapeuta de profesión y diferenciamos mucho la música como escucha, que evidentemente es relajante y es maravillosamente enriquecedora, de la música utilizada en musicoterapia, que es un proceso clínico muy profundo. Y eso nos lo enseñan nuestros profesores. Yo aplico la musicoterapia a las adicciones, por ejemplo, que también soy terapeuta en ellas. De hecho, desarrollé la tesis de la pertinencia en la aplicación de estas arteterapias en drogodependencias. No, entonces dividamos esto. No me planteé este disco para sanar. Para los que nos dedicamos al arte, sacar fantasmas es natural. Nos nutrimos constantemente de nuestros fantasmas y de nuestras alegrías. Es un proceso inherente al acto creativo.

P.-Me interesa mucho eso que ha dicho de sacar fantasmas con la música. ¿Hay alguna canción del disco que le dé pudor cantar en directo por lo íntima que es? ¿O todas están ya curadas dentro de usted?

R.-Siempre hay algo de ficción y algo de autobiográfico en las canciones. En este disco, el protagonista es el amor; pero el amor es una excusa para hablar de la condición humana: de lo que querías haber dicho y no te atreviste a decir, de la vergüenza, de lo callado, de las esperanzas frustradas; se habla de lo soñado y nunca conseguido… Hay canciones que cada uno puede interpretar como quiera. No voy a decir qué parte es autobiográfica y cuál no.

Para los que nos dedicamos al arte, sacar fantasmas es natural"

P.-¿Ha cambiado su manera de escribir letras con los años? ¿Ahora es más directo, más metafórico, más crudo? ¿Qué le ha enseñado este disco sobre su propia forma de decir las cosas? ¿Qué ha cambiado más, la forma de escribir o la de sentir?

R.-Vamos cumpliendo años. La forma de sentir, supongo, se va haciendo un poco más a la vida; de alguna manera vamos madurando. En ese sentido, yo creo que como persona voy intentando que las emociones no me marquen demasiado el camino, no me embarguen, no me trastoquen la vida. Metabolizar las emociones forma parte de todo eso. Creo que eso es la madurez también. Y en mi música se refleja.

P.-Sevilla es una de las primeras ciudades de la gira, con el concierto del 22 de febrero en Cartuja Center. ¿Cómo espera que reaccione un público que quizás le conoce por sus discos más populares o urbano-jazzísticos? ¿Tiene miedo de que la vuelta a lo clásico genere sorpresa, rechazo o una mirada diferente?

R.-Doce canciones no hacen un concierto. Estoy diseñando un directo por bloques: algunos más pianísticos, otros más guitarrísticos, con canciones de toda la vida y con las nuevas. Llevo al público de paseo, de la mano, y espero que se lo pasen bien. Vendremos con una banda grande: Pepe Rivero al piano, que es un bloque en el centro, con ese toque de latín jazz que él le da; dos guitarristas, Julián Olivares, con un sonido jazzístico, y Raúl Kiokio, más tanguero; Lila Horowitz al contrabajo; por supuesto, no pueden faltar Manuel Machado a la trompeta y Raúl Márquez al violín, en ese sentido cuerdas y metales hacen sección; y adaptaremos los arreglos para que el directo tenga un toque especial que no hay en el disco.

P.-¿En esta gira ha redescubierto alguna de sus canciones antiguas? ¿Alguna ha cobrado un significado nuevo al ser interpretada con este toque especial?

R.-Las canciones son como hijos, se van haciendo mayores, tienen su alma de alguna manera y van madurando, pero no las cambio demasiado. Las que tienen resultados en directo suenan muy bien y así las mantengo.

Este disco es, en esencia, un activismo de lo artesanal"

P.-El público ahora escucha música haciendo un scroll musical rápido; estamos en el mundo de las modas efímeras, de lo viral como tendencia dominante, y su disco está pensado para ser escuchado con calma, con cariño… ¿Cómo convive usted con la actual lógica del mercado? ¿Cómo convive un disco hecho para escuchar lento con un mundo que escucha rápido?

R.-Parte del proceso ha sido pedirle al equipo que hiciéramos reuniones en persona, y ha costado muchísimo. Todo el mundo quiere hacerlo por Zoom y videoconferencia y resulta dificilísimo que todo el equipo se vea alrededor de una mesa. Forma parte del mundo en el qué vivimos hoy en día. Incluso hemos estado a punto de elegir un single por WhatsApp, y lo paré. Dije: Stop. Estamos haciendo algo muy artesanal y humano, y el proceso tiene que ser también humano. Tenga en cuenta que también para mí es un ciclo nuevo, equipo nuevo, compañía de discos nuevas. Estoy con BMG, que es un verdadero honor. Me han abierto las puertas porque querían algo de calidad en su rooster y estoy encantado. Y mi nueva oficina de management es Madame Vodevil, que tienen en su rooster artistas como Valeria Castro, con lo cual me siento muy orgulloso. Pero claro, son equipos grandes, que viajan mucho y que subcontratan a otros equipos; entonces yo he tenido que poner pie en pared y decir: señores, aquí hay que verse las caras, y ya les tengo un poquito hartos; pero me quieren mucho y se han dado cuenta y lo han agradecido. Incluso el proceso de grabación lo hemos hecho muy artesanal. Hemos grabado con micros antiguos, micros de cinta; creo que se nota en cómo se ha captado el sonido de todas las guitarras, de todos los instrumentos. El saxo soprano de Aaron Pozón es una verdadera maravilla. Creo que hemos hecho un trabajo que va a quedar para la posteridad, porque la forma de grabar ha sido maravillosa, muy artesanal; no es nada fácil grabar de forma analógica, pero yo creo que ha sido un acierto.

P.-En un mundo tan loco como el de hoy, hacer algo artesanal y hecho con las manos es como hacer activismo, ¿no?

R.-Claro. Pero igual que le he dicho que he ido a buscar a su casa a cada uno de los guitarristas, he buscado de alguna manera todo lo que necesitaba para traerlo a mi cocina. Este disco es un proceso de procesos. Incluso la ropa que llevo, por ejemplo, está hecha con un hilo de restos de bosque, homologado por el PEFC (Programa para el Reconocimiento de la Certificación Forestal), del que ha salido el tejido que me ha pasado Textil Santanderina, y lo tintamos a mano con castañas y gardenia en Aletheia, que son las que hacen coworking conmigo en mi oficina de Madrid, y me la confeccionó mi sastre, Javier Cañizares, de Granada, haciendo verdaderas maravillas con los trajes y camisas. Esto que llevo hoy es una pieza única. Y yo creo que forma parte del espíritu de este disco, de lo que usted dice sobre las cosas hechas a mano, que hasta la portada es un cuadro mío. Para mí, era inspirador hacerme la foto en un desván con cacharros colgando, porque me daba la sensación de que todo estaba cogido de justo cerca de ti; es decir, el cacharro de la abuela, los macarrones, el agua, cocinar, ponerlo a fuego y hacerte lo mismo en la cocina con todo lo que tienes a mano. Tener a mano también las castañas del bosque para pintar los trajes. O, por ejemplo, pintura para hacer un cuadro y que fuera la portada. Este disco es, en esencia, un activismo de lo artesanal y hecho con las manos. Y hemos demostrado que se puede.

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