Breve historia del poder
Heredar el mérito | Crítica
Pre-Textos publica Heredar el mérito. Las aristocracias y el empeño dinástico, obra de Rafael Atienza donde se analizan y consignan las características y la evolución de las élites occidentales desde la Alta Edad Media a nuestros días.
La ficha
Heredar el mérito. Las aristocracias y el empeño dinástico. Rafael Atienza. Pre-Textos. Valencia, 2025. 392 págs. 30 €
En Heredar el mérito el lector atento encontrará una sumaria prospección del poder, desde la Alta Edad Media a esta primera umbría digital que hoy atravesamos. No espere, pues, una nostálgica requisitoria del estamento nobiliario, extemporánea como cualquier nostalgia; sino una aproximación cartesiana -lo claro y lo distinto- a un hecho de la mayor relevancia, como es la evolución de las élites y su distinta caracteriología, desde aquel mundo de los Claros varones de Castilla de Hernando del Pulgar, donde se resume tardíamente el ideal caballeresco, a la fascinante oquedad de las celebrities, en las que la fama es un fenómeno autosuficiente y externo, en cierto modo, a la figura de quien la padece o la disfruta.
Heredar el mérito consigna el modo en que los valores asignables a la nobleza han periclitado o han encarnado en otros intereses y distintas élites
Debe entenderse, y así lo declara su autor, que este estudio de las aristocracias se ciñe a las élites occidentales y a su particular evolución histórica. Dicha evolución, por otra parte, no puede quedar al margen de la tradición analítica y la naturaleza reflexiva de la cultura propia de Occidente. Escribe Atienza: “La larga lucha ideológica por mantener sus privilegios en la sociedad más crítica que la historia ha conocido ha llevado a la nobleza a extremar el cuidado de su discurso justificativo, la educación de sus descendientes, su pretensión de ejemplaridad, su cuidada absorción de los mejores”. Y esto es, precisamente, lo que Heredar el mérito consigna: el modo en que el discurso, la educación, la ejemplaridad y la permeabilidad de la nobleza han periclitado o han encarnado en otros intereses y distintas élites, desde el temprano El año mil de Focillon hasta la élite antiaristocrática del siglo XX. Y en suma, desde aquella nobleza de raíz germánica que Duby retrata en El caballero, la mujer y el cura hasta la actual meritocracia burguesa, hoy fuertemente cuestionada.
Este planteamiento, de carácter histórico, rechaza por ello mismo la idea de “decadencia”. Una decadencia que atañe no solo al concepto adverso que la Ilustración de Montesquieu y Gibbon asociarán a una idea, también adversa, de Roma, y que llegaría al Romanticismo, en beneficio de Grecia; sino a aquel escrúpulo decadentista que afligirá a la aristocracia y a las clases cultivadas de finales del XIX, como reflejo de un orden inverso, que promovieron tanto el spleen baudeleriano como el malditismo y el satanismo que medran, con oscuro esplendor, en d'Aurevilly, en L'sle Adam y en Huysmanns. Esta idea predeterminada de crepúsculo histórico, que es también la que moverá a Spengler, es la que desautoriza razonadamente Atienza en las presentes páginas. La idea de nobleza, de honor, de arrojo, de servicio al bien común, con que se promociona y expande la nobleza, no muere por una secreta decadencia de la clase nobiliaria, incapaz de heredar un mérito, por otra parte inheredable (de ahí el título del ensayo); sino por un cambio de las circunstancias históricas que facultarán el ascenso de otras élites y desplazarán a la vieja aristocracia de sangre a su melancólica condición de casta. Entre estas nuevas circunstancias cabe incluir la exigencia de una clase dirigente con mayores aptitudes técnicas, necesaria para administrar el Estado moderno, y cuyo caso más temprano es el imperio de Felipe II, luego actualizado por el imperio británico. También los cambios en las circunstancias bélicas (por ejemplo, el arcabuz) que harán poco recomendable el arrojo individual, asociado convencionalmente a la nobleza, en favor de una ciencia de las armas, que alcanzará su paroxismo en la Gran Guerra.
El indudable interés que encierran estas páginas reside en esta poco frecuente perspectiva, en la que se recoge una acelerada sucesión de élites: desde la nobleza a la burguesía y de la meritocracia al igualitarismo que hoy se ofrece como recurso contra “el bien inmerecido” (así llamaba Ortega a la inteligencia), con el que los más aptos se distinguen en sus respectivas disciplinas. Es Ortega, precisamente, quien se interroga, en su España invertebrada, sobre una cuestión que repercute de algún modo esta obra de Rafael Atienza: “¿No hay hombres o no hay masas?”. Una cuestión donde Ortega se preguntaba por el moderno rechazo de las élites, y que implicaba tanto la hegemonía como el íntimo repudio de la masa. Así pues, de la aristocracia europea al patriciado norteamericano; de la excelencia corporativa al mérito individual, de la antigua ambición de lo público al actual interés privado, lo que Atienza plantea en estas páginas, escritas con brillantez y sustentadas en un incisivo humorismo, es un vasto interrogante sobre el curso inmediato de nuestras sociedades. Lo cual excluye cualquier tipo de sentimentalismo (“de las nieves de antaño, ¿qué se hicieron”?), y demanda la inusual perspicacia que aquí encontramos.
También te puede interesar