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El origen del mal | Estreno en Filmin y Movistar+

El veneno en la sangre

Una imagen del filme de Sébastien Marnier.

Una imagen del filme de Sébastien Marnier.

Con tan sugerente título, el tercer filme de Sébastien Marnier (Irréprochable, La última lección) nos lleva al seno de una familia de la alta burguesía en descomposición, aislada en su mansión barroca de la mano de un personaje tan desconcertante como impenetrable. Ella es o dice ser Stéphane, empleada en una fábrica conservera hasta que una llamada telefónica a quien dice ser su padre la lleva hasta el corazón de ese núcleo de lujo fortificado donde un grupo de mujeres (con Dominique Blanc al frente) parece retener y controlar al patriarca en sus horas más bajas en los días previos a un litigio por la herencia.

Entre guiños al universo de Chabrol, juegos formales que recuerdan al De Palma de las pantallas partidas y un esquema propio del whodunit 2.0, El origen del mal se despliega siempre esquiva e imprevisible en sus quiebros, desdoblamientos y revelaciones, sostenida por una malsana tensión creciente que Marnier parece adoptar como molde genérico para contagiar de humor negro y sustancia macabra este descenso a los umbrales de la suplantación, el autoengaño, el absurdo, las ambiciones de poder y las puñaladas por la espalda.

La gran Laure Calamy, actriz en racha y aquí en un nuevo registro alucinado, nos arrastra en su delirio diurno con una extraña y poderosa mezcla de inocencia y letalidad. Es ella, cada vez más arrinconada en su juego de máscaras y mentiras, quien sostiene hasta el final el inquietante y sugestivo andamiaje de un filme sobre la toxicidad de los vínculos familiares puesta en el espejo deformante de un cuento gótico contemporáneo al que tal vez le hubiera venido bien algo más de traca y artificio.