De chaque instant | crítica seff

Movimientos de la enseñanza

Aprendiendo a poner inyecciones en 'De chaque instant' de Nicolas Philibert. Aprendiendo a poner inyecciones en 'De chaque instant' de Nicolas Philibert.

Aprendiendo a poner inyecciones en 'De chaque instant' de Nicolas Philibert.

El cine que pasa y algo deja, una pequeña-gran lección, sin aspavientos. El veterano Philibert parece arrojarnos aquí del lado de los estudiantes, de los enfermeros y asistentes que se forman para el cuidado de los hospitalizados, de los caídos en la urgencia o de aquellos que afrontan con mayor o menor entereza la desaparición. Y allí quedamos durante las dos primeras partes del filme; y el dispositivo nos traduce esta inquietud en planos bulliciosos, reino de la torpeza y la mano temblorosa: un policentro ruidoso que subraya la impresión que todos tenemos al entrar en un hospital. Otro lugar, otras leyes a interpretar.

Luego llega el tiempo del careo, del plano/contraplano, de apilar estratos discursivos, conflictos y puntos de vista, sobre aquel que sobrevoló el arranque, el movimiento didáctico. Ahí es donde surgen o se superan las dudas, se fortalecen las vocaciones o se erosinan para siempre. Sin el más mínimo subrayado, lejos de cualquier voluntad de mensaje-masaje, el cineasta acumula particularidades y disyuntivas, firmemente convencido de que lo bueno terminará abriéndose paso: de no producirse de esta manera, el precario sistema se hubiera ido al garete hace tiempo.

De chaque instant termina siendo un nuevo homenaje velado al enseñante, no muy lejos de aquel Ser y tener, en tanto que lanzador de anzuelos. Y Philibert lo marca casi imperceptiblemente, al sostener más de la cuenta el plano o cambiar la óptica. No hay mucho hueco para el mimo, ni en el documental ni en la vida hospitalaria, pero aquí comparece este otro cuidado superpuesto al que hay que proporcionar al enfermo: y es que resulta preciso alentar al alumno y a la vez protegerlo del mal profesor, del quemado por la vida profesional; afianzar sus virtudes innatas sin ocultarle que no pocas veces le pagarán con la moneda más ingrata.