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música

Un duelo de divas operísticas

  • Dos de las grandes cantantes del momento se unen este fin de semana a la Barroca de Sevilla en un recital que podrá verse en el Maestranza y el Auditorio Nacional

Llega el programa más esperado de la actual temporada de la Orquesta Barroca de Sevilla. Y posiblemente el más importante de su historia reciente, pues supondrá su debut en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid. Eso será el próximo domingo, pero antes, este sábado a las 20:30, el espectáculo, organizado en coproducción con el Centro Nacional de Difusión Musical, se ofrecerá en el Teatro de la Maestranza. Al frente del conjunto sevillano estará un viejo conocido de la formación, el director suizo Diego Fasolis, quien colaboró hace unos años de forma muy habitual con la OBS.

Como solistas actuarán dos de las más prestigiosas mezzosopranos del actual panorama internacional, Ann Hallenberg (Västerås, Suecia, 1967) y Vivica Genaux (Fairbanks, Alaska, Estados Unidos, 1969). Si la documentación y la memoria no fallan, será la presentación de Hallenberg en Sevilla. En cambio, Genaux actuó ya en las tablas del Maestranza en un acontecimiento histórico: el rescate mundial de Alahor in Granata de Donizetti en octubre de 1998. Las dos décadas pasadas desde entonces son las que marcan el paso de una cantante joven con unas condiciones formidables al de una consagrada figura de la lírica mundial, forjada fundamentalmente en el terreno del belcanto, tanto barroco como decimonónico. A su lado, y aunque su repertorio se ha ido ampliando considerablemente en los últimos años, abarcando incluso obras de Brahms y de Wagner, Hallenberg ha destacado como una de las grandes haendelianas de la época moderna. Su reputación empezó a crecer de forma imparable cuando en 2003 tuvo que sustituir a última hora a Cecilia Bartoli en la Ópera de Zúrich para una representación de ll Trionfo del Tempo e del Disinganno.

Vivica Genaux asume las composiciones de Vivaldi y Anne Hallenberg canta las de Haendel

La noche del sábado, Genaux y Hallenberg se medirán en singular duelo, ya que cada una asumirá la representación de uno de los dos compositores que figuran en programa: Antonio Vivaldi, la norteamericana; Georg Friedrich Haendel, la sueca. La idea misma del duelo musical parece consustancial al universo operístico, muy especialmente al de los años en que vivieron los dos compositores representados en el programa, cuando los grandes reyes del negocio eran los cantantes, especialmente castrati y sopranos, grandes dominadores de un espectáculo que había buscado en la imaginación escénica y el virtuosismo vocal las formas para seducir a los públicos de toda Europa.

Haendel y Vivaldi coincidieron en el invierno veneciano de 1709-10, cuando el alemán, que llevaba en Italia más de tres años, fue a la ciudad de la laguna a presentar Agrippina, su primera obra maestra en el género lírico. Un año después, a principios de 1711, el compositor germano estrenó Rinaldo en Londres con un éxito extraordinario y desde entonces toda su carrera transcurrió en la capital británica. Por su parte, Vivaldi, destacado violinista, tuvo una tardía pero fructífera implicación con el mundo de la ópera, pues su primer estreno en el género tuvo que esperar hasta 1713.

El concierto de la OBS ofrece arias de tres de las más importantes óperas escritas por Haendel en los años 30 (Ariodante, Alcina y Serse), así como de cuatro títulos de Vivaldi (uno estrenado en Roma en 1724, Giustino, otro en Venecia en 1734, L'Olimpiade, y dos en Verona en 1732 y 1737, La fida ninfa y Catone in Utica, respectivamente). Brillantes páginas de bravura, llenas de agilidades, se mezclarán con piezas melancólicas, dolientes y pastorales, trazando un estupendo panorama de las convenciones de la ópera barroca. Y como el duelo en este caso no deja de ser una figura metafórica, las dos divas unirán sus voces como cierre de cada una de las dos partes en que se divide el concierto: primero con el patético dúo que pone fin al primer acto de la obra más difundida de Haendel en nuestros días, Giulio Cesare in Egitto, compuesta en pleno fervor por el arte operístico en el Londres de los años 1720; al final, con un dúo de una serenata (Gloria e Imeneo) que Vivaldi compuso en 1725 para el matrimonio entre Luis XV de Francia y la princesa polaca Maria Leszczyska. Nada como el ambiente de bodas para apaciguar desafíos y querellas.

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