El mago | crítica Náufragos detrás del velo

Instante de una representación de 'El mago' de Juan Mayorga. Instante de una representación de 'El mago' de Juan Mayorga.

Instante de una representación de 'El mago' de Juan Mayorga.

La primera impresión recién subido el telón es la que queda: teatro de cámara con techo a la vista; interior de vodevil (con puertas en ambos límites) pero extrañado, al quedar sometido a un marco, a una caja. Puede que la sugerencia de Mayorga vaya por que la escena, antes de convertirse en un continente de historias, responde siempre a una arquitectura, es decir, a volúmenes, perspectivas, ritmos..., un receptáculo que acoge fuerzas, energías (además de y junto a los cuerpos). Podría ser éste el esqueleto de El mago, obra entre-dimensiones, entre-géneros, donde la diferencia entre presencias y ausencias resulta determinante para sentirla, indistintamente, como un pequeño drama o una gran comedia (y viceversa).

Obra montada, según confiesa el propio dramaturgo, con rapidez, en ella los personajes sueltan, por turnos y con igual prontitud, la fantástica situación de partida, como si mediante este “paso por la palabra” pretendieran reducir el pasmo ante esta nueva Nora, extraviada y desdoblada en la hipnosis del prestidigitador y el imán de la familia. Tensión entre el cielo y la tierra, el vuelo y el aterrizaje, la magia y el truco, que nos trajo a la cabeza el primer y tragicómico cine de Brisseau (en especial aquel telefilme, Les ombres), y que en Mayorga se traduce en un fértil tira y afloja entre lo cerebral y lo físico, como si al movimiento expansivo de lo discursivo y autoconsciente (las vidas posibles que acumulan, comparten e intercambian intérpretes y espectadores en todas las escenas del día a día) le siguiera, sin solución de continuidad, el divertido regreso a las mismas tablas de siempre, donde el teatro se reinventa repitiéndose.

No sabemos si El mago homenajea o condena a los demiurgos, si se compadece o celebra a estos náufragos por partida doble que son los actores. Sí que no creo que veamos nada mejor este año.

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