España en Viena, Viena en el Aljarafe
Orquesta de Cámara de Bormujos | Crítica
La ficha
ORQUESTA DE CÁMARA DE BORMUJOS
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Temporada del Espacio Turina
Rocío de Frutos, soprano. Orquesta de Cámara de Bormujos. Alberto Álvarez Calero, dirección.
Programa: 'La huella española en la Viena clásica'. Marianna von Martínez (1744-1812): 'La tempesta', 'Berenice, ah, che fai?' y 'Vo solcando un mar crudele'. Christoph Willibald Gluck (1714-1787): Don Juan.
Lugar: Espacio Turina. Fecha: Domingo 18 de enero. Aforo: Media entrada.
Lo español fue más una excusa para hilar el programa que una realidad musical en el buen concierto celebrado en la matinal de este domingo en el Espacio Turina: más allá del Fandango del Don Juan de Gluck apenas se oyeron ecos hispanos en la obra del reformador de la ópera, ni en las cantatas de Marianna von Martínez, por más que su apellido denote el origen de su familia. Por el contrario la música de la compositora, colega de Mozart y Haydn en la Viena imperial, es perfecto ejemplo del estilo operístico del pleno siglo XVIII, más deudor del belcantismo del Barroco tardío que avanzada del Clasicismo de fin de siglo; en todo caso, música muy bien escrita, con unos recitativos acompañados muy elaborados que dejan ver la influencia reformadora de Gluck.
En la inaudita Vo solcando un mar crudele de la Martínez, que cerró brillantemente el programa, lució Rocío de Frutos todas sus virtudes vocales, que son muchas en una cantante hoy en plenitud de sus recursos. Sin renunciar a la limpieza, la claridad y la luminosidad de timbre que le conocemos de sus habituales trabajos en polifonía, De Frutos mostró homogeneidad, solvencia en las coloraturas y un sonido bello y nítido, de texto inteligible y vibrato leve, tan solo algo oscurecido en algún pasaje del extremo agudo o de agilidad extrema. Especialmente notable fue la limpieza en la afinación, expuesta a la intemperie del unísono con la cuerda y de un estilo musical que desnuda cualquier defecto.
Esa transparencia de la música dieciochesca es abrazada por la Orquesta de Cámara de Bormujos, que no toca con instrumentos originales pero sí asume –es casi imposible no hacerlo a estas alturas– la evolución de las últimas décadas en la forma de afrontar la música de ese periodo. Muy firme el equipo de violas y bajo continuo, magníficos los oboes y correctas las trompas, los violines mantuvieron un nivel aceptable en una música exigente y expuesta. El espectro expresivo orquestal quedó algo chato en Gluck y el fraseo pudo ser más generoso en general, pero en todo caso la dirección de Álvarez Calero fue muy solvente, en especial en las dificultades rítmicas de los recitativos.
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