Estrella Morente, cantaora: “Nadie me ha regalado nada en este mundo, ya me avisó mi padre”
En el espectáculo 'Estrella a Estrellas', la cantante paga una deuda de amor con las mujeres que iluminan su universo musical, de Nina Simone a Rocío Durcal, de Chavela Vargas a Ella Fitzgerald
Actúa el 28 de febrero en el Cartuja Center Cite
Quizás por haber logrado superar el peso del apellido, Estrella Morente (Granada, 1980) no parece detenerse ante la envergadura de sus modelos. No en vano, debutó colocando a la Niña de los Peines en lo más alto de su santoral, y desde entonces se ha aventurado en el mundo de la copla, el bolero o la bossa nova, siempre cabalgando a lomos de gigantes, en un desfile de "leonas" en el que importan más "la pureza" que las etiquetas: Imperio Argentina, Dolores Durán, La Perla de Cádiz o Nina Simone son voces a las que siempre vuelve, en ese ejercicio de clasicismo perpetuo que sólo pueden permitirse quienes andan sobrados de personalidad. El 28 de febrero recala en el Cartuja Center Cite con de Estrella a Estrellas y así revalida su amor por las más grandes, entre las que, quizás, hay que irla contando.
Pregunta.Nina Simone, Édith Piaf, Rocío Jurado, Ella Fitzgerald… ¿Cómo se hace para arrimarse a tal panteón musical y no morir en el intento?
Respuesta.Este concierto es un acto de agradecimiento; las he escuchado desde niña y en mi casa son veneradas. Por supuesto que me han inspirado para la vida y también para cantar mi flamenco. Me sirven de impulso para acercarme al jazz, que me es familiar, pero ahora buceo en ese género de una forma más formal. Me ha llevado muchas horas, porque esas maravillosas jam sessions no acaban nunca, es como una juerga flamenca.
P.Un proceso pausado y meticuloso es lo contrario de lo que se estila en la música actual.
R.Este trabajo no comulga con lo que está haciendo todo el mundo: no quiero embarcarme en los veinte segundos de TikTok, en la publicación de Instagram, en lo efímero que es todo. Aquí hay temas de seis, ocho y hasta veinte minutos, ¡eso es un cuarto de disco! Creo que es algo radicalmente distinto, porque yo sigo creyendo en ese fuego lento.
P.¿Está abandonando la música un mundo artesanal y emocional para convertirse en uno robotizado?
R.Sé que eso es lo que está sucediendo, pero no es mi caso, no me afecta, porque cuando me meto en el estudio a grabar un tema en lo último que pienso es cuánto tiene que durar para pegar en la radio o para llegar a determinado público. Yo hago música para el alma y que la escuche quien le apetezca hacerlo.
Luchaban por trabajar en un mundo de hombres, y cantaban como nadie
P.¿Cómo afina el tiro cuando aterriza en un género “ajeno”?
R.Cuando me acerco a un género recurro a los clásicos. Si hago música brasileña de la mano de Fernando Trueba me gusta acercarme a [los músicos cariocas] Heitor Villa-Lobos o Dolores Durán, que para mí tiene mucho que ver con la Niña de los Peines, de hecho hasta se me parecen físicamente. Además, fueron coetáneas, y compartieron esa lucha por trabajar en un mundo de hombres; pero sobre todo cantaban como nadie, todavía hoy dejan a todo el mundo entusiasmado. Sucede lo mismo con Billie Holiday, así que cuando toco cualquier género acudo de nuevo a las fuentes, para desenmarañar las entretelas de esa música y luego moldear, interpretar en mi humilde versión; pero habiendo conocido antes los genios de eso que estoy cantando.
P.Está describiendo un matriarcado musical, ¿qué tienen en común todas ellas?
R.Que todas me hacen llorar: Nina, Chavela, Édith Piaf, la Durcal… Todas me ponen la piel de gallina. Ese es el hilo conductor principal. Pero desde luego ellas albergan muchos paralelismos y sintonías. A todas les avala una historia personal impresionante: vidas complicadas, a veces muy pasionales, otras con algo más de luz; pero desde luego muy intensas, vidas de leonas…
La música es la carrera más difícil, porque tiene que ver con la vida, con la humanidad
P.A usted parece inspirarle esa intensidad…
R.¡Hombre, claro! He descubierto que esa intensidad va conmigo, me motiva. Pero no sólo por gusto, sino también por justicia, porque muchas de ellas trabajaron desde el silencio, algunas siendo bastante desconocidas durante buena parte de sus carreras; pero a ellas las hermana una vida muy pura, como humanas, como hembras. Eso, como mujer, me inspira mucho, ya que me considero una luchadora innata: nadie me ha regalado nada en este mundo; ya me avisó mi padre de ello. Cuando le dije que quería cantar flamenco en lugar de estudiar una carrera, me advirtió que estaba eligiendo la carrera más difícil, porque la música tiene que ver con la vida, con la humanidad, y, por tanto, es interminable y nunca se obtiene un diploma.
P.¿Cómo encajó ese consejo tan sesudo en aquel momento, cuando entiendo que, por encima de todo, quería cumplir su sueño de cantar?
R.Lo acaté, me hice cargo de esa responsabilidad y ¡aquí estamos! [ríe] Sigo fiel a esa lucha que emprendí en su momento con la misma necesidad de aprendizaje, que es la que me lleva precisamente a estas grandes mujeres de la música.
P.Los avatares del tiempo parecen haberla colocado a usted también en una posición referente para la generación de cantaoras que ahora lidera el flamenco, una estela que trazó en aquel Mujeres.
R.Yo no me siento una abanderada de nada, pero si puedo servir de inspiración, me alegro mucho. Cuando yo salí, lo que se llevaba en el flamenco era algo muy distinto a lo que yo hice: todo el mundo quería tocar lo que hacía Ketama, La Barbería del Sur, porque ellos eran hijos de los flamencos importantes -los Habichuela, los Sordera, los Lucía- y quienes estaban actualizando el flamenco, haciendo cosas muy modernas, con instrumentaciones bellísimas. A mí todo aquello me encantaba, lo cantaba a todas horas y en todas partes. Y en medio de toda esa movida, sale una chavala joven con la cabeza llena de ondas, cantando por la Niña de los Peines (bueno, inspirada por ella, porque como esa no va a cantar nadie en la historia del flamenco); y haciendo cosas que están en discos de pizarra. En realidad se trata de lo mismo que en este directo: ir en contra de los tiempos y ser fiel a lo que uno siente. Si eso les ha servido de inspiración a ellas, genial, porque a mí me encantan todas ellas; Ángeles Toledano, María Terremoto, todas; vienen a los conciertos, yo voy a escucharlas. Existe un compañerismo muy interesante, que acaba con la idea de la rivalidad. Los toreros se pelean en el ruedo, pero creo que el respeto es lo que se lleva hoy, por lo menos a mí todas me quieren mucho y yo estoy muy pendiente de lo que hacen: me las empapo, me las estudio vaya. Me siento orgullosa de la cantera, no solo en el flamenco, también en los conservatorios, en el ballet, en la danza…
P.¿Defiende, por tanto, a la generación Z, tan denostada por su supuesto ensimismamiento tecnológico?
R.La tecnología debe estar al servicio de la sociedad, y no a la inversa. Para romper esa barrera sirven los valores familiares. Perdona que insista en buscar a los mayores, por ejemplo Juanito Valderrama, que es alguien a quien me apetece mucho rendir homenaje.
P.¿Usted cree que se le tiene la suficiente estima como cantaor?
R.No tanto como debería. Como cantante ha sido conocidísimo, ha hecho muchas películas, un figurón, al mando de una compañía enorme como la que llevaban Marchena o Caracol... Pero como cantaor es inmenso, por eso invito a las nuevas generaciones a que lo tengan muy presente.
P.Estamos en la ciudad de Pastora Pavón, pero también de grandes copleras como Juanita Reina o Marifé de Triana, quienes han inspirado una parte importante de su carrera. Sin embargo, el gusto de los sevillanos por la copla parece languidecer.
R.Yo le he prestado a la copla toda la atención que he podido. Llevo la copla conmigo, la hago por bulerías, define mi tierra, y sobre todo le dediqué un disco dirigido con el maestro Isidro Muñoz, con el concepto de las bandas populares. Ese fue uno de los grandes gustos de mi carrera, meterme a fondo en ese mundo, y hacerme tres batas de cola de Justo Salao, sevillano y maestrazo que afortunadamente sigue con nosotros y que le ha cosido a las más grandes. Y qué decir de haber participado en el último disco de Paco de Lucía [Canción Andaluza] cantando esa gloriosa copla de Marifé, Te he de querer mientras viva. Quiero que la copla sea un género global, porque en mi vida es tan importante que me encantaría que lo fuera también en la de los demás.
P.En la última gala de los Grammy los galardonados han expresado sus posicionamientos políticos de manera muy contundente; ¿tienen los artistas la obligación de pronunciarse políticamente?
R.Hay un límite: ni te puedes quedar impasible cuando se comete un genocidio (porque está claro que los niños son inocentes y eso no tiene discusión en términos políticos, es algo contra lo que nunca me voy a avergonzar de alzar la voz); pero por otro lado (y esto no es temor a pringarme, ya sabes que yo no tengo problema en decir lo que pienso) habría que respetar a ese público que quiere disfrutar de un artista sin la carga de lo que vemos a diario en los informativos. Pero siempre partiendo de la base de que un artista, como cualquiera, debe inclinarse hacia los derechos humanos, respetar al pueblo obrero. Son cosas básicas. Desgraciadamente, ni izquierda ni derecha son lo que eran, están muy devaluadas, no consideran las necesidades reales del pueblo [...] Pero la cultura está por encima de todo eso; cualquier disciplina artística ayuda a que el mundo sea mejor.
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