V Premio Manuel Clavero

La evolución de una creadora atenta a su tiempo

  • La pintora, que asegura haber aprendido del arte contemporáneo a "no tener miedo", ha sabido reinventarse de manera asombrosa.

Hay artistas cuya producción resulta arrebatada y efímera, cuyo destello se agota, que tienen su momento de inspiración y más tarde comprueban que apenas les queda algo que aportar tras el ímpetu de aquella buena racha. Otros autores, sin embargo, poseen la capacidad de seguir indagando, y hallan en ese cuestionamiento el impulso para seguir el camino. Carmen Laffón pertenece a ese linaje privilegiado de creadores que se reinventan desde el tesón y la curiosidad, gente que cree firmemente en una disciplina de trabajo y no se detiene en las conquistas logradas sino que avanza hacia nuevas vías de expresión. Laffón ama su oficio y lo concibe con la humildad de quien respeta el legado de los maestros y valora igualmente la aportación de los que vienen tras ella, de ahí que en su obra se aprecie un diálogo feliz entre la tradición y el presente. 

"Es una mujer absolutamente contemporánea", opina el director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Juan Antonio Álvarez Reyes. "Está continuamente viajando, viendo exposiciones... va a más que muchos artistas jóvenes. Siempre ha estado abierta a su tiempo", valora el responsable del CAAC, que albergó entre finales de 2014 y comienzos de 2015 su muestra El paisaje y el lugar, que se centraba -salvo algunas piezas puntuales- en las grandes series realizadas por la artista en este nuevo siglo. "Recuerdo que en la rueda de prensa de la inauguración", señala Álvarez Reyes, "ella dijo que había aprendido del arte contemporáneo a no tener miedo. Esa actitud es la que ha permitido que evolucione de la manera que lo ha hecho: su última etapa es esplendorosa". En aquel encuentro del CAAC, Laffón reconoció haber aprendido de Pablo Picasso o Marcel Duchamp "la libertad, el atrevimiento, que todo se puede hacer si lo sientes", y en la muestra la artista, aun siendo fiel a su imaginario, exhibía su anhelo de reinvención a través de una asombrosa variedad de técnicas. 

"Está muy atenta a lo que se hace en el mundo y sigue muy de cerca a la gente joven", suscribe su galerista, Rafael Ortiz. "Curiosamente, es algo que le ocurre a Luis Gordillo, también sevillano como ella: ambos tienen esa inquietud y ese interés por lo que se hace ahora", expresa. De Laffón, con la que empezó a trabajar en 1983, "cuando estábamos todavía en la Galería Melchor", destaca "la capacidad de reciclarse, de encadenar cosas nuevas. Cuando se adentra en la escultura no lo hace tímidamente, sino en profundidad", afirma sobre una creadora que "conserva intacta la ilusión". Fiel, como indica Ortiz, a unos cuantos referentes en su vida, "el trabajo, los amigos, la playa de La Jara", mantiene con su galerista "una relación estrecha, una gran amistad. Es una de las grandes de este país, pero también una persona próxima que te consulta sobre su trabajo y tiene en cuenta el criterio de los demás". 

Luis Gordillo, por su parte, percibe que Laffón y él han tenido "vidas paralelas. Los dos nacimos en el mismo año, el 34, y mi padre nos llevaba cuando niños a la consulta de su padre". Ambos, prosigue Gordillo, desarrollaron en su plástica "líneas muy distintas. Ella ha estado apegada a Sevilla, pero lo ha hecho muy bien". La última muestra de su paisana, que el autor contempló "con mucho interés", le lleva a incidir en esa magnífica evolución que todos detectan en ella. "Su obra más reciente es lo mejor que ha hecho, y eso no es fácil de decir", afirma el ganador del Premio Velázquez 2007. "Normalmente sucede lo contrario: uno con la edad va perdiendo fuerza, pero Carmen ha avanzado muchísimo y se ha convertido en un referente indiscutible". 

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