Flamenco

El Festival On Fire salva una edición “rara y difícil” marcada por la pandemia

  • La cita jonda, la única de esta envergadura que se celebra tras el fin del estado de alarma, ha logrado conservar el respaldo del público y hacer frente a una gestión "ejemplar" en seguridad, pese a que el virus, el mal tiempo y un cartel insulso han hecho perder gran parte de su esencia

El bailaor Farruquito protagonizó la jornada del sábado con su propuesta 'íntimo'

El bailaor Farruquito protagonizó la jornada del sábado con su propuesta 'íntimo' / Javi Fergo (Pamplona)

A pocos días de que este viernes se inaugure oficialmente la XXI Bienal de Flamenco de Sevilla, sobre la que aún planean más dudas que certezas, el VII Festival Flamenco On Fire de Pamplona culminó este domingo su edición “más rara y difícil” en la que ha logrado conservar el respaldo del público, pese a que el Covid y el mal tiempo han obligado a trabajar contrarreloj para replantear el programa, los escenarios y los formatos abiertos y participativos, que eran su seña de identidad.

Así, el planteamiento pre-pandemia tuvo que ser descartado y sustituido al completo para dar paso a otro “más sensato y responsable” que se adaptara a las actuales medidas de sanitarias y de seguridad, según explicó a este medio Juan Casero, que junto a Arturo Fernández han asumido este año la dirección de la cita navarra en sustitución de su creador, Miguel Morán, por motivos que no se han hecho públicos.

En este sentido, estos días ha sido habitual escuchar a aficionados, artistas y espectadores alabar la “valentía” de la organización para celebrar el hasta ahora único festival jondo de esta envergadura que ha tenido lugar tras el estado de alarma, y su “solvencia y creatividad” para rediseñar ciertos ciclos esenciales e incluso para reaccionar a imprevistos como la lluvia que la noche del sábado obligó, por primera vez en su historia, a suspender dos de los tres conciertos previstos en el espectacular parque de la Ciudadela -en concreto los de Los Voluble y Raúl Cantizano y La Macanita, ya que María Peláe pudo arrancar el suyo-.

Aficionados y artistas alaban la "valentía" del equipo y su "solvencia" encarando normativas e imprevistos

Claro que esta nube negra, real y metafórica, que ha empañado la cita de miedo, incomodidad y tristeza, no ha impedido cubrir el aforo de las actividades paralelas gratuitas, como el ciclo Eterno Sabicas, dedicado al gran guitarrista en el 30 aniversario de su fallecimiento; el divertido taller para niños que impartió Torombo (necesario y recomendable); los conciertos en Civivox Condestable o los tradicionales y singulares balcones, por donde han pasado nombres como Serranito, Kiki Morente y Pepe Habichuela, Antonia Jiménez, Rafael Utrera y El Perla o La Macanita y Manuel Valencia, entre otros, y que se celebraron bajo reserva y un estricto control de acceso.

Tampoco que se agotaran prácticamente todas las localidades de los grandes conciertos y espectáculos de pago, como los de Miguel Poveda, Vicente Amigo, Farruquito y Remedios Amaya, Pitingo o Chano Domínguez, ni que los espectadores disfrutaran del reencuentro con sus artistas y recordaran lo importante que es sentir la cultura de cerca en estos momentos de despegue físico y emocional. De hecho, ha sido el flamenco el que ha abierto las puertas del Auditorio Baluarte tras más de cinco meses.

Por eso, pese al asombro inicial ante los cambios y alguna que otra medida, legal pero extraña, como la de sentar juntos en el teatro a dos personas que acuden solas, se valora de “ejemplar” la gestión y logística del encuentro. De hecho, se ha sido especialmente pulcro en estas cuestiones, incorporando más personal para facilitar la entrada (con varias puertas) y la acomodación en los teatros, desalojando las salas de forma escalonada e instalando dispensadores de gel en todos los accesos.

Claro que la presencia del virus condiciona las inercias y rituales más prosaicos, obligando a transformar los gestos y acciones más habituales. De manera que hasta coger el ascensor del hotel, donde antes se coincidía con alegría, se torna ahora imposible con la normativa actual que impide montarse a más de una persona, algo insufrible a la hora del desayuno.

Más personal y puertas de acceso, salidas escalonadas, límite de aforo y dispensadores de gel, entre las medidas

Esto se percibe sobremanera en un festival como el On Fire que nació en 2014 con un espíritu abierto, integrador y participativo en el que se incorporaron al flamenco acciones más propias de otros encuentros musicales, animando a vivir lo jondo desde otra perspectiva. Por tanto, ha sido doloroso comprobar que, al margen de los balcones, el fuego de esta cita no ha hecho arder las calles de Pamplona como otras veces.  Y, como contábamos en este mismo diario, las distancias, las mascarillas, las sillas, los geles y los límites de horario en negocios hosteleros han robado la parte cercana, distendida y canalla que éste tenía. Cuando en vez de los carteles llamando a la responsabilidad que se han pegado este año, recorrían el casco histórico bicicletas con hilo musical flamenco, las cervezas de los bares pamplonicas se servían con lunares, había tapas inspiradas en su célebre guitarrista, se mantenían interesantes debates a las puertas de los recintos, se disfrutaba durante todo el día de sesiones de dj’s en plazuelas y parques o se improvisaban reuniones cabales tras el ciclo nocturno del Hotel Tres Reyes. En definitiva, cuando se tenía la oportunidad de vivir el flamenco en todo su esplendor.

En cualquier caso, el equipo del festival, que este martes hará público el balance oficial, se muestra “satisfecho” tanto del impacto en la ciudad como de la repercusión mediática, ya que “por séptimo año consecutivo Pamplona ha estado volcada con el flamenco en todas sus formas y representaciones”, han manifestado a este diario.

La organización se muestra "satisfecha", pese a que el virus ha mermado el espíritu cercano, abierto y canalla del encuentro

Sin embargo, desde el punto de vista artístico el programa ha pecado una vez más de repetitivo e insulso ya que, salvo alguna excepción, el cartel continúa acotado al star system con nombres que han acudido ya en varias ocasiones en su corta vida y que tampoco han regalado aquí sus mejores noches. Además, se echa en falta un salto en cuanto a la presentación de estrenos que permitan a la cita ser espejo para otros festivales nacionales e internacionales, así como alguna producción propia y la inclusión de figuras fuera de las familias flamencas que los eclipsan y muestran un flamenco encasillado.

Igualmente, arrastra una presencia poco paritaria de mujeres y hombres que llama la atención especialmente este año donde entre los grandes conciertos no se incluía ninguna artista, más allá de Remedios Amaya como artista invitada de Farruquito. También, como escuchamos en el patio de butacas, se reclama una mayor divulgación con programas de mano -o códigos QR- que incluyan los elencos y los programas.

 

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