Gloria a los españoles de la Resistencia francesa
El diplomático sevillano Juan López-Herrera presenta su cuarta novela, 'Como un río que me cruza', en la sede de la UNED
Juan López-Herrera: "Sevilla es una buena ciudad para echarla de menos"
Dice Juan López-Herrera (Sevilla, 1961) que no es un diplomático vocacional, sino que lo fue por exclusión. "Hice Derecho, que es la carrera típica de los que no saben muy bien qué hacer. Pasé unos años estudiando idiomas y llegó un momento en que tenía que hacer algo. Unos amigos me contaron en qué consistía la oposición. Tuve suerte, entré con rapidez y luego la carrera me ha dado muchas satisfacciones, pues es un trabajo muy especial", detalló este miércoles, durante la presentación de su cuarta novela, Como un río que me cruza, que tuvo lugar en la sede de la UNED en Sevilla.
Actualmente es el cónsul de España en Orán, destino al que ha llegado tras pasar varios años en Lyon, donde conoció de primera mano las historias de los exiliados españoles que lucharon para la Resistencia francesa, que le sirvieron como germen para la obra que ahora presenta, que supone un cambio absoluto de registro con sus tres obras anteriores, La Cream Coneshion, La ínsula inefable y Las aventuras del ingenioso detective Frank Stain. Antes de Lyon y Orán, estuvo en lugares como Brasil, Reino Unido, Suráfrica o Cuba, donde descubrió que "cada cubano podría alimentar a Hollywood durante unos diez años", dada la cantidad de historias que cada uno tiene detrás.
Lo mismo ocurre con los exiliados y emigrados españoles en Francia, de los que hizo una emocionante defensa durante la presentación del libro, que corrió a cargo de Carmen Carralero, coordinadora de actividades culturales de la UNED en Sevilla, y que fue dirigiendo con maestría la presentación a modo de entrevista hasta sacarle un buen jugo a un autor que tiene historias para dar y regalar. Como las de los combatientes españoles que liberaron París, entre otras muchas ciudades francesas, encuadrados en la 9, una compañía encuadrada dentro de la división del general Leclerc, que fue la primera en entrar en la capital gala todavía tomada por los nazis.
"Estuve en Lyon de cónsul entre 2019 y 2024. Nada más llegar, empecé a recibir invitaciones de asociaciones de memora de toda la demarcación, para asistir a actos en pueblos perdidos, en los que se homenajeaban a personas que combatieron en los maquis locales. Y vi que había muchos españoles, que no era un fenómeno aislado". Medio millón de españoles huyeron a Francia en dos semanas, la última de enero y la primera de febrero de 1939. Unos 300.000 regresaron tras pasar un tiempo en campos de concentración, otros se alistaron en la Legión Extranjera, otros acabaron en unas compañías de trabajos forzados, primero en la Francia libre y luego en la ocupada, y terminaron escapando al monte y formando el maquis.
"Muchos maquis en Francia fueron fundados por españoles, porque eran veteranos de la Guerra Civil y tenían el entrenamiento militar del que carecían los jóvenes franceses. Se creó un núcleo de resistentes rurales españoles muy potentes". En 1944 había entre 10.000 y 14.000 guerrilleros españoles en Francia, a los que hay sumar los resistentes urbanos, que provenían de la emigración, no del exilio, después de que Francia se hubiera quedado sin mano de obra al final de la Primera Guerra Mundial.
Cuenta el autor que en el momento de la liberación de París participaron 4.000 resistentes españoles, y relató la historia de un sevillano que protagonizó el asalto al hotel Meurice, donde se había atrincherado un general alemán. Nadie había podido hacerlo hasta ahora y tres españoles lo lograron. El general sólo pidió rendirse ante un oficial. O la emboscada de la Madeleine, cerca de Nimes, donde 38 miembros de la Resistencia francesa (34 de ellos españoles) que frenaron el avance de una columna nazi hacia Normandía, con ataques simultáneos que hicieron pensar a los alemanes que estaban ante un ejército numeroso de miles de hombres.
Pero si hay un sevillano con una historia digna de novela, o de película, es Miguel Buiza Fernández-Palacios, "absolutamente desconocido en Sevilla". Fue un marino de guerra que se mantuvo fiel a la República, que fue nombrado jefe de la flota republicana. Emplazó a su mujer en Barcelona y fue a por ella, pero justo cuando subía las escaleras del bloque, ella pensó que eran las tropas de Franco y se suicidó. Buiza descubrió el cadáver todavía caliente. Luego se alistó en la Legión Extranjera francesa, con un seudónimo participó en el traslado de judíos a Palestina y terminó viviendo durante muchos años en Orán, trabajando como contable de un hotel, hasta que en 1962 tuvo que salir por la independencia de Argelia y murió al año siguiente en una residencia de la Marina francesa cerca de Toulon. "Estoy tratando con un familiar de este hombre para ver de qué forma el Ayuntamiento puede colocarle algún tipo de reconocimiento en su casa de Sevilla, que estaba en la calle Antonia Díaz".
El hermano de Miguel Buiza, José, era falangista y dirigió el Puerto de Sevilla. Era la persona a la que Miguel tenía dicho que debían avisar si moría. "Dos hermanos que se querían, aunque no se volvieron a ver después de la Guerra". López-Herrera cree en el poder de las historias, siempre emocionantes, para rebajar la tensión política y la polaridad que actualmente existe en España. "No hay una memoria común de la Guerra Civil. Las historias nos unen y las opiniones nos dividen. ¿Por qué no nos contamos historias, que son todas emocionantes, y dejamos de arrojarnos las opiniones a la cara?".
La novela que este miércoles presentó en Sevilla cuenta precisamente una doble historia. Por una lado, la de un exiliado anarquista que hizo la Guerra Civil y acabó en Francia. Por otro, la de un chico de Murcia que llega al país vecino en los años ochenta y va descubriendo lo que ocurrió con los exiliados. Esos son los puntos de partida de Como un río que cruza, título que hace referencia a un poema del propio autor escrito en el décimo aniversario de la muerte de su primo hermano.
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