Irene Gómez-Calado: “Ser madre me ha hecho mejor directora”
La joven música sevillana asume en unos días su papel como directora asistente en el Romeo y Julieta de Gounod que, con escena de André Heller-Lopes, presenta el Auditorio de Tenerife en marzo
Acaba de cumplir 38 años, pero Irene Gómez-Calado (Puebla del Río, Sevilla, 1988) sigue reclamando un lugar en el mundo sinfónico. Y no se rinde. Para acabar esta entrevista, que tuvo lugar en un conocido hotel del centro de Sevilla justo el día que la tormenta Leonardo empezó a complicar la vida ciudadana, me lo dijo con absoluta franqueza: “No siento ansiedad. Soy una buena directora. Lo demuestro en cada cosa que hago. Allá donde voy los músicos me felicitan por mi trabajo. Sólo necesito que me den la oportunidad que yo veo que dan a tantos que no son mejores que yo”.
Pregunta.Empezó dedicándose al piano…
Respuesta.La música siempre estuvo en mi vida. Mis dos hermanos mayores estudiaban música. Me gustaba el piano, pero es un instrumento muy solitario y yo sentía que me faltaba algo. Soy una persona muy expresiva, muy comunicativa; y aquel aislamiento no me llenaba, me parecía insuficiente. Empecé a cantar, a hacer música de cámara, y allí descubrí que hacer música con los demás era lo mío. Necesito comunicarme.
P.¿Hasta qué punto es decisiva su estancia en París entre 2011 y 2017?
R.Total. Y no sólo por la formación musical. Fue una etapa esencial de mi vida. Hubo un momento en que pensé que no volvería ya, que me quedaría por allí. Yo buscaba el enriquecimiento cultural a toda costa. Allí tenía acceso semanal a las mejores orquestas y directores con precios baratísimos: había abonos increíbles para gente como yo. Allí pude estudiar dirección de orquesta gracias a un máster que se instauró justo cuando llegué a la Universidad de la Sorbona. Fue allí también donde conocí a Paavo Järvi.
P.¿Qué supuso ese encuentro con alguien tan prestigioso como Järvi?
R.Fue fundamental. Aparte de los cursos, dio un empujón, un impulso enorme a mi carrera. Me llevó a la Scala de Milán como su asistente para un Don Giovanni, una experiencia inolvidable. Pero nuestra relación ha ido mucho más allá de lo profesional. Mantenemos un contacto casi diario. Le consulto asuntos profesionales. Pero tenemos además una relación muy personal, de risas, de enviarnos vídeos o cosas interesantes. Siempre que puedo, voy a verlo. Estuve ahora con él, porque vino a dirigir al Festival de Canarias. Simplemente verlo trabajar es muy enriquecedor para mí, pero también lo es volver a hablar de la vida, de sus hijas, de sus padres... Es una relación que valoro profundamente.
P.Ahora que me habla del tema personal. Usted es madre de dos niñas, una de cinco años y un bebé de cuatro meses. ¿Cómo afecta la maternidad a una carrera como la suya, tan exigente, con tantos viajes?
R.Es algo sobre lo que reflexiono mucho, y lo he hecho públicamente en mis redes sociales. Creo que es una pregunta que se hace cualquier mujer dedicada a la música. Al final, el reloj biológico es el que es y tienes que decidir. El nacimiento de mi primera hija coincidió con la pandemia, así que hubo un parón obligado y afectó poco. De todos modos, los dos embarazos han sido buenos y no he tenido que cancelar nada importante. En su momento me generó muchas preguntas y algunos miedos. Pero hoy puedo decir que me afecta para bien; mis hijas me dan fuerza para continuar. He aprendido a conciliar, a respirar, a tener mucha más paciencia, cosas que repercuten directamente en el trabajo. Me considero mucho más madura, como profesional y como persona, y eso lo achaco en parte a la maternidad. Ser madre me ha hecho mejor directora.
P.En unos días se va a Tenerife como asistente musical para un Romeo y Julieta de Gounod. ¿Qué hace con las niñas?
R.La pequeña se viene conmigo y la mayor se queda con su padre. Nos organizamos así y no hay problemas.
P.Había trabajado ya en Tenerife…
R.Sí, justo después de la pandemia. La Orquesta Sinfónica de Tenerife me llamó para unos conciertos escolares. Fue una semana intensa con cuatro o cinco conciertos. Ahora voy con muchas ganas a este Romeo y Julieta.
P.¿Cuál es la tarea real de un director asistente en una producción de ópera?
R.¡Muchísima! Igual que la del director principal, porque tengo que conocer la partitura incluso mejor que él. Al final, el director principal te pide consejo constantemente. En este caso, el director es José Luis Gómez, y las dos primeras semanas él no está, así que estaré a cargo de todo: los primeros ensayos musicales con todos los solistas, la presentación... Todo. Me sé la ópera de arriba abajo; creo que podría dirigirla ahora mismo de memoria. Estoy preparada para lo que pueda pasar, aunque me hubiera encantado tener la oportunidad de dirigir una función, pero ya sé que son pocas y entiendo que el público quiere ver lo que le ofertaron.
P.Luego tiene trabajo en Burdeos, un Concierto para público y orquesta. ¿Qué es eso exactamente?
R.Es un concierto participativo del compositor Nicola Campogrande. Ya lo he hecho en Italia. El público es el protagonista. Son tres movimientos, en cada uno de los cuales la gente participa de una forma, con un kazoo, abriendo un caramelo –eso que tanto molesta en los conciertos y que Nicola usa muy inteligente e irónicamente–, cantando, dando palmas… Es una experiencia fantástica y me encantaría traerla aquí. Imagínese todo el Maestranza cantando. Es música que acerca, que divierte, que hace partícipe a la gente.
P.Hace casi un año dejó la dirección de la Banda de la Oliva de Salteras, que mantuvo más de dos años. ¿Qué le aportó ese trabajo?
R.Una experiencia muy buena para conocer desde dentro ese mundo, que no deja de ser amateur pero con muchos profesionales. Te enseña a adaptarte a las dificultades. A lo mejor llegas a un ensayo y ha venido la mitad, y tienes que improvisar… Aprendes mucho en el trato personal; porque allí el ánimo del director influye mucho en cómo suena luego el conjunto. Intenté abrirles a un repertorio más sinfónico, aparte de las marchas. Pero en un punto las circunstancias se volvieron incómodas y tuve que priorizar mi salud y mi paz mental.
P.¿Siente que necesita dar un paso en su carrera? ¿Qué le falta para tener la oportunidad de dirigir un concierto de abono o una ópera completa?
R.Totalmente. Creo que ya merezco esa oportunidad. Voy teniendo mucha experiencia. Entiendo que a los programadores y directores de teatros les da un poco de miedo dar paso a alguien que no es conocido ni ha tenido esa oportunidad aún. Pero en mi caso, creo que ya he demostrado esa madurez musical que quizás hace siete años no tenía. Necesito exigirme y exigir más espacio. He recibido feedbacks muy positivos de músicos en todas las orquestas con las que he trabajado. Necesito un programa grande, con una semana de ensayos, para que realmente se vea lo que soy capaz de hacer.
Para mí, dirigir no es imponer, sino construir junto a la orquesta desde la confianza y el respeto.
P.¿Qué tipo de directora es Irene Gómez-Calado? ¿Cómo concibe su trabajo?
R.Me considero una directora que cree profundamente en la escucha y en la pasión por la música. Para mí, dirigir no es imponer, sino construir junto a la orquesta desde la confianza y el respeto. Durante mucho tiempo se nos pidió demostrar autoridad; hoy creo más en la coherencia, en la claridad del trabajo y en el diálogo. Concibo cada obra como una conversación, no como una orden, buscando que la música respire, emocione y sea verdadera. Cuando empiezas te cuesta contradecir a algún profesor, pero he aprendido a no callarme ante cosas que no van con mi forma de entender la música. He aprendido que si un pasaje no va, hay que trabajarlo, aunque eso no siempre sea popular. La honestidad, al final, es lo que te lleva lejos. Es un consejo que me dio Juanjo Mena, y lo aplico siempre.
P.Dice que ahora se siente madura. ¿Cree que puede afrontar cualquier tipo de trabajo?
R.Sí, me siento preparada y con la madurez necesaria. Tengo las ideas claras, sé lo que quiero musicalmente y tengo la fuerza para perseguirlo. Estoy en un momento en el que puedo y quiero asumir retos mayores, con la seguridad de que puedo sacarlos adelante. Puedo hacer un Mahler mañana mismo. Lo que me falta no es capacidad, sino la oportunidad concreta para mostrarla en un escenario acorde al nivel que creo haber demostrado ya.
También te puede interesar