El salto | Crítica

Masculino plural

Jesús Carmona, durante la representación de 'El salto' en el Lope de Vega. Jesús Carmona, durante la representación de 'El salto' en el Lope de Vega.

Jesús Carmona, durante la representación de 'El salto' en el Lope de Vega. / Claudia Ruiz (Bienal de Flamenco)

Previsto para el pasado día 11 de septiembre como coproducción de la Bienal de Flamenco, y cancelado como tantas otras cosas a causa del coronavirus, El salto se ha estrenado por fin este sábado en el Teatro Lope de Vega.

El espectáculo es fruto de varias residencias –Miami, Londres y Madrid– de su creador y se centra en un tema tan actual como el de la nueva masculinidad. Algo que se planteó Jesús Carmona no solo desde el baile que practica desde niño, como han hecho otros, sino desde su propia vida, coincidiendo con el nacimiento de su primer hijo varón.

Un argumento arriesgado si se quiere ser honesto –y Carmona lo es–, especialmente si se afronta desde un baile flamenco que, introspectivo y abstracto por naturaleza, exige una gran labor de concreción para comunicar otros contenidos al espectador.

Un instante de 'El salto'. Un instante de 'El salto'.

Un instante de 'El salto'. / Claudia Ruiz (Bienal de Flamenco)

Con una gran experiencia a la espalda, tanto en ballets –no olvidemos que fue primer bailarín del Ballet Nacional de España– como en la creación de trabajos propios (siete desde aquella Cuna negra y blanca de 2012) el bailaor y coreógrafo ha reunido una enorme cantidad de buenos materiales y se ha rodeado de un gran equipo.

Para el baile, seis bailaores de gran técnica, llenos de esa energía exuberante que da la juventud, le ayudan a construir esos modelos de hombre que existen, que les gusta o que no les gusta ser. Coreografías dinámicas, de auténtico musical algunas, divertidas otras –como la retransmisión de la danza futbolística– dramáticas o poéticas, como ese cuerpo hecho de cuerpos del final.

Carmona, en otro momento de su nuevo espectáculo. Carmona, en otro momento de su nuevo espectáculo.

Carmona, en otro momento de su nuevo espectáculo. / Claudia Ruiz (Bienal de Flamenco)

Con la voz y la completa implicación de José Valencia y la guitarra siempre poética de Juan Requena, Carmona presenta una sucesión de escenas muy valientes y muy complicadas desde el punto de vista técnico y de la iluminación (aún no resuelta del todo). Escenas yuxtapuestas con las que ahora, con una dramaturgia y una dirección de escena más contundentes, tendrá que afinar el espectáculo, dándole un ritmo global y un sentido.

Además de valiente, El salto es un trabajo absoluta y generosamente coral en el que su creador se diluye a menudo en el ruido circundante. Aparte de algunas pinceladas –estupendo por farruca– tenemos que esperar hasta el final para verlo bailar solo por alegrías. Y saben muy a poco sus intervenciones en solitario porque Jesús Carmona es uno de los bailaores (y bailarines) más completos de la actualidad. Es un auténtico placer verlo bailar, sobre todo ahora que, sin olvidar su técnica y la velocidad de sus pies, ha logrado pararse para disfrutar y hacernos disfrutar de su baile. Que por algo habrá merecido el Premio Nacional de Danza de este año.

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