lehman trilogy | Crítica de teatro

La desmesura teatral y el capitalismo

Una escena de la nueva obra de Peris-Mencheta y la compañía Barco Pirata. Una escena de la nueva obra de Peris-Mencheta y la compañía Barco Pirata.

Una escena de la nueva obra de Peris-Mencheta y la compañía Barco Pirata.

No sé si es que me llega tarde la historia de los Lehman Brothers -se estrenó en 2013 en Francia-, o que la antipatía que generan estos creadores del capitalismo salvaje hace que esta versión, que ha causado el asombro del público madrileño y que, este fin de semana ha colgado el cartel de no hay entradas en Sevilla y levantó al público aplaudiendo por bulerías, pero estas tres horas de fantasía y narrativa teatral no me han sorprendido como yo esperaba.

Una puesta en escena espectacular que une el circo, impresionante la escenografía de Curt Allen Wilmer, el musical, suenan los sones del rhythm and blues, espiritual negro, ragtime y cantos judíos y la interpretación, rayana en la maravilla de sus seis actores, Clavijo, Beltrán, Paso, Ruiz, Llorente y Rivera, nos cuenta la génesis del capitalismo contemporáneo que compra y vende dinero olvidando el producto material que se cultiva y cría en el campo o se manufactura en las fábricas. Ese capitalismo que nos gobierna por encima de los estados y que, hace diez años, destruyó a una generación entera de españoles a la que cercenó su futuro.

No me gusta Lehman Trilogy porque está tan bien hecha que nos acerca a estos personajes despreciables, nos los vuelve casi simpáticos y su puesta en escena, a fuerza de ser redonda, se convierte en un canto a la ostentación, a la recreación de las virtudes de sus actores que cantan, interpretan, tocan instrumentos aunque la dirección y versión de Peris-Mencheta se vuelve redundante al mirarse demasiado el ombligo.

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