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Francisco de Goya, el adelantado

  • La Fundación Cajasol repasa en una exposición la mirada del maestro aragonés al universo femenino

La comisaria María Toral con Antonio Pulido. La comisaria María Toral con Antonio Pulido.

La comisaria María Toral con Antonio Pulido. / José Ángel García

En su extensa producción artística, el aragonés Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, 1746 - Burdeos, 1828) no sólo alternó la delicadeza de la pintura en la Corte (La familia de Carlos IV) con el dramático registro de la Historia (El tres de mayo de 1808 en Madrid) o esa poderosa oscuridad de quien sabe que El sueño de la razón produce monstruos y Saturno es capaz de devorar a sus hijos. Más allá de los retratos de la Duquesa de Alba y de las majas, desnuda y vestida, el maestro se mostró adelantado también en su plasmación del universo femenino, un aspecto que explora la muestra Las mujeres de Goya, que la Fundación Cajasol inauguró este viernes y que acogerá hasta el 10 de enero de 2021.

Una exposición que reúne 85 grabados de Goya y que María Toral, su comisaria, considera "de plena actualidad", una cita que dialoga con la "polémica" Invitadas, que se celebra en estos días en el Museo del Prado, y que apunta a la vigencia de un autor, "el genio de los genios", que se adelantó al presente. "Ahora estamos reestudiando la figura de la mujer, y él ya lo hizo en su obra", destaca la investigadora.

Especialmente en sus grabados, en series como Los Caprichos (1799), La Tauromaquía (1814-1816), Los Desastres de la guerra (1810-1820) y Los Disparates o Proverbios (1815-1824), en los que Goya, "que trabajaba mucho por encargo, podía sentirse libre. Es en los grabados donde hace lo que le da la gana", analiza Toral.

De los 80 Caprichos, "42, más de la mitad, están dedicados a mujeres", precisa la comisaria sobre un conjunto en el que Goya denunció las circunstancias en las que vivía la mujer en su sociedad. "Aquí las retratadas no son damas maravillosas, ninfas, alegorías, como ocurre con otros pintores de la época. Aquí Goya muestra la realidad de las víctimas, de las mujeres silenciadas", reflexiona Toral. En esta serie pueden apreciarse males como la prostitución, el matrimonio de conveniencia o los abusos. "En esos años, una corriente ilustrada ya se preocupa por quienes ejercen la prostitución: se habla de legalizarla, de que tengan que unas mínimas condiciones sanitarias para hacer su trabajo, que no sufran los abusos de las autoridades".

'El caballo raptor'. 'El caballo raptor'.

'El caballo raptor'.

Otro aspecto que revela Goya en sus estampas es el de los matrimonios por conveniencia. "Se ven escenas desagarradoras de jóvenes y bellas obligadas a casarae con hombres mayores a los que no quieren. ¿Y por qué lo hacen? Porque las mujeres no recibían una educación y no podían irse de casa de otro modo", lamenta Toral sobre una serie "real y cruda" en la que Goya también se acerca a la brujería y se muestra crítico con el clero.

En los Disparates y proverbios, que se exponen en la planta superior de la Sala Murillo de la Fundación Cajasol, el aragonés cambia de registro. "En los Caprichos puedes encontrar un argumento", destaca la comisaria, pero estas escenas "son más surrealistas", como la del Caballo raptor, que describe cómo una mujer es arrebatada de un bocado por un caballo, un animal "que habitualmente representa las pasiones desenfrenadas". Al fondo, una rata gigantesca devora a otra mujer, "como reforzando el significado de la escena central", se lee en una cartela.

'Murió la verdad'. 'Murió la verdad'.

'Murió la verdad'.

En Los desastres de la guerra, la serie "más conocida en el mundo" y el "primer reportaje de guerra que existe en el arte", defiende Toral, los personajes femeninos dejan de ser víctimas –no siempre– y se presenta a "mujeres valientes" como Agustina de Aragón o esas heroínas armadas que pelean contra los soldados galos. "A pesar de que le dolía que los franceses atacaran a su pueblo, Goya mira también con envidia al país vecino. Ellos no tienen a los inquisidores y tienen la Ilustración", argumenta la comisaria. Esa dualidad se ve en las estampas de Murió la verdad o ¿Si resucitará?, donde Goya contrapone la pureza de una bella joven a la turbiedad con que plasma al clero y la justicia.

En otro de sus trabajos, la Tauromaquia, Goya expresa la misma ambivalencia. Es partidario de la Fiesta –"entonces", dice Toral, "todo el mundo lo era"–, pero la retrata también "con toda su brutalidad", e inmortaliza en este grupo de imágenes a "la primera mujer torero" en Valor varonil de la célebre Pajuelera en la de Zaragoza.

Para Antonio Pulido, presidente de la Fundación Cajasol, la inauguración de Las mujeres de Goya revela "el compromiso con la cultura" de su entidad. "Fuimos los primeros que abrimos, el día después de que acabara el confinamiento. Entendemos que propuestas como ésta son más importantes ahora que nunca".

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