Pilar Tena | Escritora y diplomática

"Todos tenemos la necesidad de que nos alcancen el alma con ficciones"

  • La actual directora del Instituto Cervantes en los Países Bajos acaba de publicar su segunda novela, una historia intimista ambientada en Dublín, que ha presentado en la galería Haurie

Pilar Tena (Madrid, 1050) es licenciada en Derecho y Ciencias de la Información. Pilar Tena (Madrid, 1050) es licenciada en Derecho y Ciencias de la Información.

Pilar Tena (Madrid, 1050) es licenciada en Derecho y Ciencias de la Información. / Belén Vargas

En Luciana, Pilar Tena aborda su novela más intimista tras incursionar con La embajadora (Roca Editorial) en el thriller cosmopolita. Ahora es un sello de nueva creación dependiente de Sílex, Tres Hermanas, el que acoge este proyecto literario de aparente sencillez que encierra interesantes reflexiones sobre la mujer, la maternidad y las clases sociales a partir de la peripecia vital de una familia de intelectuales que se traslada a Dublín en los años 60 junto con la mujer encargada de cuidar a sus hijos. De esas personas invisibles que sostienen los hogares habla esta obra en la que seguimos las andanzas de una mujer silenciada por la pobreza pero dueña de un amor generoso. Tena dirige actualmente el Instituto Cervantes en los Países Bajos, con sede en Utrecht. Con anterioridad ha trabajado para la familia García Lorca durante el Centenario del poeta y fue también cofundadora del Real Instituto Elcano.

-Luciana, el personaje que da título a la novela, es una mujer huidiza a la que desde la infancia se le ha dicho que no tiene más horizonte que el servicio doméstico. En la España pobre del franquismo se la obliga a callar, y en Dublín es la incapacidad de hablar inglés lo que la recluye en una posición de soledad e indefensión. ¿Por qué le obsesionó tanto darle voz?

-Esta novela es humilde comparada con el aire altanero y cosmopolita de la anterior, La embajadora. He vivido en Irlanda en dos ocasiones, con mi padre destinado como diplomático a principios de los 60 cuando era pequeña, y la segunda hace una década, cuando mi esposo [Javier Garrigues] fue nombrado embajador español en Dublín. Coincidiendo con esa segunda estancia mantuve largas conversaciones con la Luciana de verdad, que estaba en una residencia, y tuve la emoción de que muriera conmigo. Mi propósito fue poner en el centro del escenario a esta mujer humilde que, en las películas que grababa mi padre, siempre aparecía saliendo del foco, y homenajear de paso a Dublín, a la que redescubrí como ciudad literaria de gran hermosura, donde los autores impregnan las calles, los parques, y donde tenemos buenos amigos escritores como John Banville. Y para encontrar el hilo que cosiera ambas épocas, los años 60 y la actualidad, ideé la peripecia de una mujer estadounidense que indaga en sus orígenes tras saber que fue adoptada. He vivido más de la mitad de mi vida fuera de España y cada país tiene una historia que contar y una intensidad desde la cual hacerlo.

-La novela también aborda la institución matrimonial y cómo funcionan las parejas y sus códigos. Nada es lo que parece.

-Toda la familia se muda a Dublín porque al padre, profesor en la Universidad de Salamanca, le ofrecen un puesto en el Trinity College para impartir clases de Literatura. Su mujer, Olga, tiene una incipiente carrera como traductora a la que no puede dedicar mucho tiempo porque debe cuidar a la familia. Frente a Ignacio, el marido, un hombre bueno e irresistible, Olga es una mujer difícil, frívola, y es Luciana la que pone orden en la familia y la que mantiene complicidad con el esposo. La rivalidad entre Luciana y Olga es uno de los elementos que agitan la obra y muestran que el mundo, efectivamente, nunca es tan idílico como lo vemos en las películas en blanco y negro que grabaron nuestros padres. La novela traspasa el primer plano de lo ideal para mostrarnos la trastienda familiar y las consecuencias del éxito social.

"He vivido mucho fuera y cada país tiene una historia que contar y una intensidad desde la cual hacerlo"

-¿Se planteó hacer un alegato feminista en este proyecto?

-En Dublín, como en España, hay aún muchos prejuicios impuestos por la Iglesia católica que oprimen a la mujer, que siempre ha estado en el eslabón más débil: era la víctima pero también la culpable. No quise hacer un alegato feminista pero sí abordar un asunto sobre el que no había reflexionado lo suficiente: el tema de las adopciones ilegales en los años 50 y 60. Cuando regresé a a principios de esta década Irlanda estaba obsesionada con la culpa de una sociedad que había permitido y pretendido ignorar algo que pasaba con el apoyo de la Iglesia. El estigma de la madre soltera es difícil de concebir por la gente joven de hoy: estaban condenadas por el resto de la vida y debían estar agradecidas a esas adopciones mediante las cuales su dignidad y reputación quedaban limpias aunque les destrozaran la vida. Hubo más de 2.500 niños irlandeses que se enviaron a Estados Unidos para familias que los adoptaron.

-¿Por dónde quiere que evolucione su carrera literaria? ¿Regresará ahora al género del relato corto con el que la inició?

-Soy una escritora tardía y tengo pocas pretensiones en mi carrera literaria, más allá de escribir y encontrar alguien que me publique. Pero creo que el oficio de escribir tiene la recompensa de dar voz a cosas insólitas y ofrecer testimonios de sociedades y personas que están desapareciendo y te hacen valorar lo que hemos mejorado en pocas décadas, por ejemplo, con respecto a la sumisión y humillación permanente de las mujeres. Hoy se denuncian las cosas y, aunque no siempre, afortunadamente las mujeres salen adelante. He comenzado a escribir mi tercera novela, una historia intimista ambientada en parte en Londres y en Barcelona. Pero quizá vuelva al relato corto porque es muy complicado meterte en una novela en un momento laboral tan intenso como el que vivo ahora. En Contratiempos reuní relatos escritos con el telón de fondo de lo más hondo de la crisis y los personajes resultan muy reconocibles. Todos tenemos necesidad de la ficción y de que nos alcancen el alma con verdades universales. En esta sociedad de la inmediatez, donde todo se esfuma, es esencial que algo quede, que esa mujer que nunca salió en un periódico y de la que nadie se acuerda tenga su historia contada, negro sobre blanco.

"Dirijo el Cervantes de los Países Bajos desde hace año y medio, una misión que tiene algo muy noble y hermoso"

-¿Cómo trabaja por la cultura española desde un país como Holanda donde la leyenda negra ha tenido tanto peso?

-Soy directora del Instituto Cervantes en los Países Bajos desde hace año y medio. Siempre he vivido rodeada de gente que servía a España desde el exterior y ahora soy yo la que lo hace, y es maravilloso. Tenemos pocos medios, muchos retos diarios, pero hay algo en la misión que es muy bonito y muy noble. En estos momentos se conmemora el 450 aniversario del comienzo de la Guerra de los Ochenta Años, conflicto que está en el origen de la nación e ilustra un momento especial de la relación con España. Trabajamos junto con las universidades y con museos como el Rijksmuseum, que dedica al tema en este momento una espléndida exposición, para matizar las percepciones e imponer una visión equilibrada y serena que prime lo que realmente ocurrió y supere el prejuicio histórico del español malvado en este país donde se admira y ama la España actual pero aún se usa la figura del Duque de Alba para asustar a los niños que no quieren acostarse.

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