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Arte

Caixafórum ondea la bandera de la imaginación

  • La exposición 'Objetos de deseo' indaga en la relación entre surrealismo y diseño, un "intercambio" que da la espalda a la racionalidad y reivindica la emoción

La impresionante lámpara-caballo de Front, una de las piezas de la muestra.

La impresionante lámpara-caballo de Front, una de las piezas de la muestra. / Antonio Pizarro

"No ha de ser el miedo a la locura lo que nos obligue a dejar a media asta la bandera de la imaginación", proclamaba André Breton en el Primer manifiesto surrealista, en 1924, un texto que suscribieron otros creadores como Louis Aragon o Paul Éluard y en el que el autor definía "de una vez por todas" una palabra que ya había acuñado Apollinaire, surrealismo, que describía como "un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral". Cansados del hastío de las convenciones, de la falta de originalidad en el arte, los promotores de ese movimiento daban la espalda a la reflexión analítica para adentrarse en territorios inexplorados: los sueños, el subconsciente, la inventiva, todo lo fiero y lo enemigo de lo dócil que se escondía en la mente y el corazón de los hombres. Como habían hecho antes desde el dadaísmo, los surrealistas reivindicaban la lógica del absurdo y se sublevaban contra la mirada burguesa. Aquel seísmo propagó su revolución por el mundo y contaminó la literatura, el arte, el cine, la música. Y, también, el diseño, que alcanzó una verdadera cumbre cuando pudo despojarse de los tiránicos parámetros de la funcionalidad y pudo defender una belleza audaz y libre.

Ahora, una exposición programada en Caixafórum Sevilla indaga en ese diálogo "fascinante" y "continuado" que el surrealismo ha tenido desde sus orígenes, y mantiene hoy, con el diseño; la huella que esta sensibilidad desprejuiciada ha dejado en un amplio espectro de disciplinas que van "desde el mobiliario y el interiorismo hasta el diseño gráfico, la moda, el cine y la fotografía". Objetos de deseo. Surrealismo y diseño, 1924-2020, que podrá verse en Sevilla hasta el 22 de agosto, explora cómo aquel giro de guión tomado en la época de entreguerras aún tiene vigencia, y "el enfoque subversivo, las imágenes fantásticas y el interés del surrealismo por la psique humana siguen siendo inspiradores para los diseñadores contemporáneos".

La muestra, realizada gracias a la alianza de la Fundación La Caixa con el Vitra Design Museum, acerca a los espectadores 286 obras de un conjunto de creadores que eligieron la dirección contraria al racionalismo y se citaron con lo impredecible, artistas como Salvador Dalí, Man Ray, Lee Miller, Giorgio de Chirico, Joan Miró, Leonor Fini, Yves Tanguy o Meret Oppenheim, y diseñadores y arquitectos como Gae Aulenti, Le Corbusier o Achille Castiglioni. Autores en cuyos trabajos, con sus formas alteradas y sus planteamientos subversivos, se percibe la atracción por temas como los sueños, el erotismo, las obsesiones, el azar, aquello que nos define pero que no se puede atrapar con palabras. Isabel Salgado, directora del Área de Exposiciones y Colección de la Fundación La Caixa, Moisés Roiz, director de Caixafórum Sevilla, y Mateo Kries, comisario y director del Vitra Design Museum, que participó vía streaming, inauguraron este martes la exposición.

La entrada al apartado 'Surrealismo y erotismo', con la Mae West de Dalí al fondo. La entrada al apartado 'Surrealismo y erotismo', con la Mae West de Dalí al fondo.

La entrada al apartado 'Surrealismo y erotismo', con la Mae West de Dalí al fondo. / Antonio Pizarro

Salgado señaló que esta muestra encarna el "sentimiento de comunidad" que se ha reforzado en la escena artística y en el mundo de la cultura en los tiempos de la pandemia. "Este proyecto es un ejemplo. Colecciones y museos nacionales, europeos y norteamericanos han prestado piezas", aseguró la especialista, para quien la muestra constata cómo el surrealismo "sigue vigente hasta nuestros días. En el campo del diseño ayudó a romper el dogma racionalista, por el cual la forma está sometida a la función. Una vez que se rompe ese dogma, se desata la imaginación y cualquier cosa es válida, posible".

La muestra surge de la alianza de la Fundación La Caixa y el alemán Vitra Design Museum

Kries, por su parte, explicó que el recorrido plantea "un intercambio en varias direcciones. Por un lado, el movimiento surrealista tuvo mucha influencia del diseño moderno: muchos artistas tomaron objetos del mundo industrial y les dieron una vida inesperada". Es el caso de Cadeau, una de las obras que abre la muestra, en la que Man Ray altera una plancha de hierro de la que salen algunos clavos, "algo típico de la estrategia surrealista, partir de artículos cotidianos y alienarlos, apuntar a lo ignoto dentro de lo conocido, sugerir que la realidad no es como la vemos", defendió el experto alemán. "Y por otra parte, hay una evidente huella del surrealismo dentro del diseño, que continuó incluso cuando se dio por terminado el primero en los años 50", comentó. "Queremos reflejar que esta corriente no fue un constructo teórico, que tuvo un impacto considerable en la vida".

El primero de los cuatro apartados en que se divide la muestra, Sueños de modernidad, recoge los orígenes de este movimiento en el que Breton y sus compañeros se inspiraron en una cita de Lautréamont: "Bella […] como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una tabla de disección". No faltan los ready-made de Duchamp o muestras de la fascinación que ante ellos sintió Dalí, cuya impresionante Mujer con cabeza de rosas preside la sala, pero además la estancia propone muchas otras sorpresas. El cortometraje Los misterios del castillo de dados, un encargo del vizconde de Noailles a Man Ray para que filmara su villa, en el que el cine dialoga con la arquitectura o la escultura, o el exuberante diseño de Le Corbusier del ático de Carlos de Beistegui, en el que dispuso soluciones tan inusuales como la de colocar una chimenea en la terraza, revelan la estimulante voluntad de reinvención que mueve a estos creadores. Del vibrante París de los 20 y 30 la atención se desplazará a los EE UU, adonde emigran muchos de los artistas con el auge del nazismo, y donde sobresalen autores como Frederick Kiesler o Isamo Noguchi.

Un traje de Iris van Herpen y la cabaña/estantería de los hermanos Campana. Un traje de Iris van Herpen y la cabaña/estantería de los hermanos Campana.

Un traje de Iris van Herpen y la cabaña/estantería de los hermanos Campana. / Antonio Pizarro

El visitante se encuentra a la entrada de Objetos de deseo un mensaje que homenajea a Magritte: Ceci n’est pas une exposition. Los surrealistas cuestionaron mejor que nadie las aparentes certezas de la percepción y disfrutaron jugando con el trampantojo, el equívoco. El segundo apartado, Imagen y arquetipo, profundiza en cómo el diseño ha seguido esta estela: se exhiben los sombreros que Achille Castiglioni concibió inspirándose en moldes para tarta, la mesa que la arquitecta Gae Aulenti diseñó a partir de la Rueda de bicicleta de Duchamp, una impresionante lámpara con forma de caballo de Front o la Silla-Mano de Pedro Friedeberg.

La tercera parte de la muestra, Surrealismo y erotismo, se centra en asuntos que interesaron en particular a estos artistas, como las diferentes formas de amar, el fetichismo y el misterio de la sensualidad, la relación de Eros y Tánatos. Dalí, de nuevo, convierte la cara de Mae West en un apartamento surrealista; a unos metros, Gaetano Pesce crea el sofá con forma de mujer voluptuosa, La Mamma, en el que se advierten las hechuras de una diosa prehistórica. Interesa especialmente un rincón titulado ¡Dejen paso a las mujeres! que reivindica el trabajo de la andrógina y cautivadora Claude Cahun.

La 'Mujer con cabeza de rosas' de Dalí preside la primera sala. La 'Mujer con cabeza de rosas' de Dalí preside la primera sala.

La 'Mujer con cabeza de rosas' de Dalí preside la primera sala. / Antonio Pizarro

La última sala, llamada El pensamiento salvaje por una frase de Claude Lévi-Strauss, divulga cómo en el presente muchos creadores continúan causando asombro y adentrándose en los territorios de la inventiva, apoyándose ahora en las nuevas tecnologías como hace Audrey Large, que crea jarrones a través de impresiones 3D. Hay ecos de la admiración que los surrealistas sintieron ante el arte africano en las obras de los hermanos Fernando y Humberto Campana, una estantería cubierta de rafia, o de Nacho Carbonell, una mesa-lámpara que evoca los fondos marinos del Mediterráneo. Ingo Maurer compone en Porca Miseria! una hipnótica lámpara con los trozos de una vajilla rota, mientras que la diseñadora Iris Van Herpen recrea el sutil movimiento de los pájaros en sus vestidos o los Dunne & Raby tantean alternativas a un escenario apocalíptico y superpoblado. La islandesa Björk, de la que se proyectan tres videoclips, encarna al final del recorrido que el surrealismo no es sólo una cuestión estética, es una actitud que sigue desafiándonos.

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