Leticia Moreno. Violinista

"Es un orgullo tocar la música española"

  • Embarcada aún en una extensa gira por las más importantes salas europeas, la joven intérprete madrileña acaba de presentar su primer disco en el sello DG.

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Spanish Landscapes. Leticia Moreno, violín; Ana M. Vera, piano. Deutsche Grammophon (Universal)

Desde 1995, la asociación ECHO (siglas en inglés de la Organización de Salas Europeas de Concierto) escoge cada año a un grupo de destacados músicos emergentes y, bajo el programa ECHO Rising Stars, les organiza una amplia gira de actuaciones por el continente. Para la temporada 2013-14, la violinista española Leticia Moreno (Madrid, 1985) se encuentra entre las galardonadas. "Me propusieron la Cité de la Musique, el Auditorio y el Palau de la Música de Barcelona. Visito veinte de las salas más prestigiosas y exclusivas de Europa, el Concertgebouw de Ámsterdam, el Barbican Center de Londres, el Musikverein de Viena, el Teatro de los Campos Elíseos de París… Es un premio muy especial". El comienzo de la gira ha coincidido con el lanzamiento de su primera grabación para la multinacional Deutsche Grammophon, Spanish Landscapes, un álbum que recoge música española para violín y piano.

-¿Por qué un programa español, que no había frecuentado mucho hasta ahora, para el debut en DG?

--Yo me he formado con el repertorio internacional y crecí con maestros rusos (Vengerov, Rostropovich…). Nunca me había fijado en el español, en parte porque es ignorado, casi desconocido para la mayor parte de los músicos, incluidos los violinistas. Había tocado alguna cosa de Sarasate, que fue un gran violinista pero no un compositor propiamente, y algunos arreglos de Falla. Pero llegó un día en que sentí el impulso de buscar obras españolas escritas para el violín. Fue un deseo de acercarme a mi pasado musical, mis raíces, de conocer mi background. Entonces me topé por accidente con la Sonata de Granados, que casi nadie conocía, y me enamoré de ella. Me pareció una obra fascinante y abandonada, casi como un Picasso que estuviera en una esquina cogiendo polvo. Después me crucé con el Poema de una sanluqueña de Turina, que es una joya absoluta: se la he enseñado a muchos grandes músicos que no la conocían y no pueden dar crédito a que no ocupe un lugar destacado en el repertorio de cualquier violinista. Para mí fue una gran alegría encontrarme con esta música y un orgullo tratar de cambiar su destino. Con estas obras y otras presenté el proyecto a la Fundación BBVA y al sello DG y lo aceptaron. Es una gran oportunidad en mi carrera artística, y estoy feliz por ser la primera violinista española que graba para el sello amarillo.

-¿En la gira del ECHO Rising Stars incluye la música del disco?

-Sí, combinándola con repertorio internacional (Franck, Beethoven, Ravel, Debussy). Poder presentar por el mundo la música de Granados, Turina o Ernesto Halftter junto a obras ya bien consagradas y reconocidas por todos es algo que me llena de orgullo.

-En el disco le acompaña la pianista americana Ana María Vera, que también tiene una intensa relación con la música española. ¿Se conocían previamente?

-Nos conocemos desde hace ocho años. Trabajamos juntas esporádicamente. No pude pensar en nadie mejor para este proyecto, y el resultado es fantástico. La tournée la hago con ella, y espero que podamos trabajar en muchas otras cosas. Aunque no es la única artista con la que colaboro. Una de las facetas más bellas de este oficio es poder crear junto a varios músicos y enriquecerte de todos ellos.

-En enero toca en un programa de abono con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla la Fantasía escocesa de Bruch, una obra no demasiado habitual. ¿Se la propuso la orquesta?

-Fue una decisión conjunta. Tengo mucho repertorio orquestal, pero esta obra es nueva para mí, una de las que aprendo este año. Siempre hay obras nuevas por descubrir.

-En cualquier caso, usted también ha destacado por su preocupación por la música actual. Viene de hacer el estreno en España del Concierto de Salonen. ¿Qué le interesa de este repertorio más moderno?

-Es un mundo en el que me he adentrado últimamente. He hecho música de José Luis Greco o de Carmelo Bernaola con Juanjo Mena. Y también estrené en España el Concierto de Gubaidulina, que es una obra magnífica. Nunca imaginé que iba a disfrutar tanto y que el público lo iba a acoger con tanta calidez. Con este repertorio tienes mucha más libertad de expresión. La música es como una máquina del tiempo. Cuando haces un concierto de Mozart intentas meterte en la piel del compositor, en su mentalidad… igual ocurre con Beethoven o con Sibelius. A través de sus músicas se huele la atmósfera de su tiempo. Lo interesante de lo contemporáneo es que vivimos en esta época, y todo nos resulta más cercano, por lo que se pueden transmitir muchas emociones y sensaciones que no caben en las obras del pasado. Tocar el Concierto de Salonen resultó muy interesante para mí. Es una obra que va a perdurar en la historia.

-Tiene fama de ser muy difícil.

-Sí, es lo más difícil que yo haya tocado jamás, pero también es una obra muy intensa, con cambios muy abruptos y muy dulces a la vez. La echo ya de menos. Además tuve la oportunidad de conocer del propio compositor las vivencias que le inspiraron la obra, anécdotas personales, que me transmitió de forma concisa y apasionada, los colores que quería reinterpretar a través del sonido. La propia obra te conduce luego a esas sensaciones, pero conocer por boca directa del compositor que las sensaciones que tú percibes son las correctas o que te cuente el motivo último de esa sensación es algo único. Los intérpretes estamos acostumbrados a tener que intuir todo eso, es una parte de la profesión, el desarrollo de la intuición, del instinto musical. Poder nutrirse directamente de la fuente creativa es fantástico.

-¿Qué música no puede faltar en la dieta diaria de un violinista?

-Bach sin duda. Pero la experiencia me está haciendo ver la importancia que tiene la elección de un repertorio variado. Es como la dieta, uno tiene que alimentar el alma artística de forma equilibrada. La técnica se beneficia de otros compositores, como Mozart, con quien se ejercita de una forma tan uniforme cada dedo y te fortalece de una manera tan suave, tan homogénea, que es imprescindible. Tiene que haber obras románticas, que piden que te involucres mucho emocionalmente. También algo de contemporáneo. La variedad es fundamental. Es importante saber desarrollar el instinto para escoger el repertorio que más te conviene en cada momento, porque siempre se está creciendo.

-Imagínese que le dan a elegir el director, la orquesta, la obra y la sala para su próximo concierto. ¿Se atreve a decir cuál sería su elección?

-Carlos Kleiber. Filarmónica de Viena. Beethoven. Musikverein (aunque la sala puede variar).

-Eso es hacer trampas. Carlos Kleiber ya no vive.

-Pero es que hay tantos grandes directores en este momento, algunos son jóvenes, con algunos tengo gran amistad… Otra persona fundamental en mi vida fue Rostropovich. Y sin embargo, nunca llegamos a compartir el escenario.

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