Cultura

La 'partitura negra' de Luis de Pablo

  • El compositor bilbaíno, uno de los más importantes de la música contemporánea española, estrena hoy en el Teatro Central 'Razón dormida' · La formación sevillana Zahir Ensemble interpretará la obra

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"La música es lo que es", dice Luis de Pablo, y la frase evoca la resignación y el misterio de aquella otra, muy célebre, de Boskov sobre el fútbol, y lo que dice el filósofo Clément Rosset, que las palabras no alcanzan nunca a explicar la música, la "irrupción de lo real en estado bruto". Nacido en Bilbao en 1930, afincado en Madrid, De Pablo lleva componiendo desde los ocho años y es, desde hace muchísimos más, una eminencia nacional y uno de los autores españoles más prestigiosos y escuchados fuera de España. La formación sevillana Zahir Ensemble interpreta por primera vez en España su obra Razón dormida, a cuyo estreno, hoy en el Central, asistirá el maestro.

Una dedicación a la música como "manera de vivir" y un repertorio de más de cien obras -desde ópera hasta música de cámara, pasando por partituras para el cine, como la de El espíritu de la colmena- no han cambiado su impactante respeto por la música. "Se puede vivir sin penicilina, sin transporte aéreo, sin democracia... se puede vivir sin todo eso, ahí está la historia para demostrarlo, pero no sin música", dice. Por eso no tiene "razones" para componer, sino "necesidad" de hacerlo, y prefiere "aproximarse" a su música en vez de definirla, intento vano y osado en su opinión.

Compuso Razón dormida a propuesta de Lorraine Vaillancourt, directora de Nouvelle Ensemble Moderne, un grupo de música contemporánea de Canadá, país donde vivió y dio clases De Pablo en los setenta y que, según ha constatado ahora, le dejó "una huella". La obra empezó a cobrar forma en la cabeza de un músico "fascinado" por el universo del Goya tenebroso. "No es que fuera un punto de referencia, porque no hay traducción posible de imagen a música, pero sí es mi respuesta a unas imágenes particularmente sugerentes".

La primera referencia, contenida en el mismo título de su pieza, es el grabado El sueño de la razón produce monstruos, y la serie completa de las Pinturas negras, unos cuadros que el pintor tenía colgados en las paredes de su comedor, cuenta "perplejo" el músico.

"Goya es uno de los artistas que con más valor y dureza, incluso brutalidad, se ha enfrentado con el lado oscuro del ser humano. La maldad, la violencia, la locura, la sinrazón. No salvaba más que tres cosas, sobre todo al final de su vida: la belleza femenina, la inocencia (más o menos) infantil y la amistad. El resto es negro. Da la impresión de que pensaba que hubiera sido mejor que el ser humano no hubiera existido. De otra manera no se pueden explicar las Pinturas negras. Sin embargo, esta actitud descarnada, despiadada, es en él arte prodigioso. A veces se atisba algo de compasión, o quizás es que se regodea con los límites del sufrimiento humano. Provoca vértigo, es aterrador ese valor para quitarse la telaraña de los ojos y ver la gratuidad del destino humano".

Éste es el "motor" de Razón dormida, una obra que sin embargo no es "oscura", o sí, pero sólo "a ratos". "Sobre todo es muy misteriosa, tiene sarcasmo, como también lo tenía Goya, y un poco de enigma, porque responde un poco a la sensación que produce la pregunta ¿qué pintamos aquí?".

Pero Luis de Pablo encuentra muchos otros "estímulos" para crear música, desde la literatura (fue amigo de Vicente Aleixandre y Gerardo Diego) al interés, obligado por su propio itinerario vital, por las lenguas. "El contacto con la fonética de otras lenguas, incluso con algunas que no hablo, me ha dado libertad, porque los procedimientos de comunicación, desde la proliferación de vocales a la hipertrofia de consonantes, ofrece pautas que sí pueden incorporarse a la música. También me ha aireado mucho el contacto con músicas de tradiciones no europeas, las africanas, las asiáticas, que son de una riqueza enorme. Esto no quiere decir que yo me sirva de instrumentos de esas músicas, pero si uno sólo se conforma con el tres por ocho y el tresillo en la segunda parte, que es lo que suele entenderse como música española, va de ala...".

A la música pop, a la que le concede -basándose en algunos viejos prejuicios socioeconómicos- la única posibilidad de ser "música de consumo", le reserva dardos impregnados de veneno, aunque lúcidos. "Entretiene con un material que hace trampas ofreciendo una especie de imagen de vanguardia y disconformidad social que es más falsa que un duro de madera. ¿Cómo pueden ser contestatarios The Rolling Stones, unos señores putrefactos de dinero?".

"Una sociedad bien constituida tiene que generar música", dice. Por eso no renuncia completamente a creer en "milagros", pues observa que, pese a la "anomalía" de la española, hay "un mínimo de una docena de excelentes grupos dedicados sólo a la música contemporánea". Por lo demás, no conoce recetas fáciles, pero sabe que todo empieza por un acto muy sencillo -"La música no hay que ponerla, hay que escucharla", o no tanto, dada la facilidad con la que se acepta que un disco merece menor atención que, por ejemplo, un ensayo escrito.

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