Cuando magia y belleza se unen
EL SUEÑO DE UNa NOCHE DE VERANO | CRÍTICA
La ficha
*****Ópera de Benjamin Britten con libreto del propio compositor y de Peter Pears. Solistas: Xavier Sabata, Rocío Pérez, David Portillo, Heather Lowe, Joan Martín-Royo, Aoife Miskelly, Charlotte Dumartheray, David Ireland, Juan Sancho, Daniel Noyola, Thibault de Damas, Alexander Sprague, Benjamin Bevan, Tomislav Lavoie y Siân Griffiths. Escolanía de Los Palacios. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Producción de la Opéra de Lille. Escenografía, vestuario y dirección de escena: Laurent Pelly. Dirección musical: Corrado Rovaris. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves, 12 de febrero. Aforo: Poco más de tres cuartos.
Noche mágica en el Teatro de la Maestranza, tan mágica como esa Noche de San Juan (que es lo que en realidad significa “Midsummer Night”) evocadora de creencias ancestrales, precristianas, con invocación de espíritus y hadas en busca de una vida feliz. Felices habrán salido todos los asistentes de esta noche ante el despliegue de fantasía y de magia que durante tres horas nos ha tenido encandilados. No creo exagerar si afirmo que es el espectáculo más brillante y redondo de cuantos ha programado el Maestranza en los últimos treinta años. Laurent Pelly ha acreditado con creces la fama de director de escena con un diseño fabuloso e imaginativo como pocos. Una caja negra, espejos de efectos cambiantes, cuatro camas y poco más han sido suficientes para demostrar que el talento teatral no precisa de parafernalia. Humor, delicadeza, despliegue de fantasía en la iluminación y en los efectos escénicos, demuestran el innato sentido teatral de Pelly, que movió a los personajes con precisión (la sincronización con la música fue espectacular) y sentido del humor, pero también de la poesía y de la delicadeza.
Rovaris, por su parte, estuvo al mismo nivel de excelencia desde el foso. Pocas veces hemos escuchado a la Sinfónica sonar en el foso con tal transparencia y tal despliegue de colores, un tema especialmente cuidado por Rovaris en un caleidoscopio de timbres perfectamente calibrado. Fraseo medido compás a compás y sentido de la presencia teatral de la música. El crescendo de la primera escena del tercer acto, con las dos parejas de amaantes, estuvo regulado con mano maestra en una infinidad de matices dinámicos. Y la delicadeza y el cuidado con el que llevó la escena final fueron insuperables.
Maravillosa la Escolanía de Los Palacios en su desempeño más complejo hasta el momento en el Maestranza. El empaste y la calidad de las voces fue impecable, por lo que hay que felicitar sinceramente a su directora Aurora Galán. La cuatro hadas procedentes del Coro del Maestranza (Paula Ramírez, Julia Rey, Andrea Carpintero y Kenia Murton) no tuvieron nada que envidiar a las voces protagonistas por el brillo de sus voces. El equipo vocal reunido por el teatro ha sido de una solidez sin fisuras, con voces todas ellas de una calidad sobresaliente. Sabata compensó el menor volumen de su voz de contratenor con una impresionante capacidad de matizar el sonido y de proyectarlo apropiadamente. Rutilante y refulgente Rocío Pérez, de un metal apasionante y unos agudos apabullantes. Magníficos Portillo, plenamente lírico y muy timbrado, Heather Lowe y Aoife Miskelly, ambas igualmente espléndidas; contundente y con presencia vocal sobrada como siempre Joan Martín-Royo. Y de entre los artesanos atenienses destacaron el Bottom de David Ireland y el Flute de Juan Sancho. Todos actuaron, además, de forma sumamente teatral, imbuidos de sus personajes hasta el menor detalle. La escena de la representación de Píramo y Tisbe fue de una comicidad y una sutileza marvillosas. Y no olvidemos al espectacular Puck de la actriz Charlotte Dumarthery, activa como ese espíritu burlón y travieso que representa, con gesticulación de fantasía y una espectacular entrada en la primera escena descolgándose desde el aire.
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