El pirata naufraga en el Oeste
Crítica 'El llanero solitario'
El llanero solitario. Western/Comedia/Aventuras, EEUU, 2012, 149 min. Dirección: Gore Verbinski. Guión: Justin Haythe, Ted Elliott, Terry Rossio. Fotografía: Bojan Bazelli. Música: Hans Zimmer. Intérpretes: Johnny Depp, Armie Hammer, Helena Bonham Carter, William Fichtner, Barry Pepper, Tom Wilkinson, James Badge Dale.
Gore Verbinski tiene una carrera tan espectacular por sus cambios de registro como por los millones recaudados por sus películas, algunas de las más taquilleras de la historia del cine. Este hombre camaleónico que al final acabó dirigiendo una película interpretada por un congénere se inició con una estupenda comedia (Un ratoncito duro de roer, una de sus dos mejores películas), siguió con uno de los peores bodrios de gran reparto que se hayan visto (The Mexican), continuó con la adaptación americana de una película de terror japonesa (The Ring) y por fin se encontró con la serie de Piratas del Caribe, de la que dirigió las tres entregas. Entre ellas entremetió un aceptable melodrama (El hombre del tiempo) y un espléndido y raro espagueti western de animación interpretado por un camaleón (Rango, su segunda mejor película).
Tiene pues un sitio entre los realizadores notables gracias a un ratoncito y a un camaleón. Y un sitio en la historia del cine gracias a los taquillazos de Piratas del Caribe. Estas películas ofrecen tipos y momentos extraordinarios, pero están lastradas por el histrionismo rococó de Johnny Depp. Aunque una de las claves de su éxito sea paradójicamente la presencia de este buen actor que tiene un gusto perverso por envilecerse como caricato.
El llanero solitario juega con mucha menos fortuna la carta del exceso que convierte en parodia la aventura clásica a la vez que la homenajea. Relanzar el cine de piratas fue una proeza porque en las cuatro últimas décadas el género se había eclipsado tras dos o tres catástrofes financieras. Relanzar el western en la versión amable de aventuras exageradas era una empresa igualmente desesperada. Y hacerlo recurriendo al Llanero Solitario, casi un suicidio. Este personaje creado en 1932 para la radio vivió muchísimos años en los seriales radiofónicos y televisivos, la novela popular y el cómic, pero nunca se llevó bien con el cine. La adaptación que en 1981 hizo William A. Fraker -el director de la extraordinaria Monte Walsh, uno de los últimos grandes westerns de la edad de oro del género- fue una catástrofe. Como si les gustara el riesgo, Disney, Verbinski y Depp se han enfrentado a este ranger enmascarado y gafe. Pero esta vez no han logrado salir airosos.
Y mira que la cosa empieza bien, con un hallazgo de guión que permite salvar el abismo que separa al artificioso y anticuado personaje (cuya gracia, precisamente, reside en este carácter) del cine del presente: en 1933 un niño fan del serial radiofónico El Llanero Solitario visita, disfrazado como su héroe, una feria en la que se exhibe un viejo indio que resulta ser Tonto, el inseparable compañero del Llanero Solitario. Lo que sigue es el relato de las aventuras de ambos que hace al asombrado niño. También el arranque visual -el Golden Gate en construcción, el globo rojo que se escapa de la noria, la feria, la exhibición del indio en uno de esos Wild West Show que recogieron a los últimos náufragos del viejo salvaje Oeste, el salto a Monument Valley- tienen una belleza que promete una recreación mítico-poética del viejo serial.
Pero la promesa no se cumple. Cuando la historia arranca se trufa de gansadas que no funcionan, chistes sin gracia, una violencia que no encaja con el tono general de parodia (en muchos casos de Sergio Leone) apta para todos los públicos, forajidos que por mucho que se les exagere nunca podrán alcanzar al Barbossa del gran Geoffrey Rush o al Davy tentáculos Jones, una espectacularidad cara pero nunca verdaderamente espectacular, todo lo más ruidosa... Y un difícilmente sufrible Johnny Depp cargado de abalorios, pintado de blanco y con un pájaro disecado en la cabeza. Aunque Hans Zimmer, imitando/homenajeando a Elmer Bernstein o Ennio Morricone, resulta aún más insufrible. Y lo peor es que la película es aburrida e insufriblemente larga.
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