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José Carlos Llop | Poeta

“Ser poeta no es un acto de voluntad. Un poeta no es un oficinista”

  • El también narrador y ensayista mallorquín publica sus últimos veinte años de poesía en ‘Mediterráneos’, volumen que edita la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara

José Carlos Llop, durante la presentación del libro en Sevilla.

José Carlos Llop, durante la presentación del libro en Sevilla.

Narrador, poeta, ensayista, José Carlos Llop (Palma de Mallorca, 1956) publica sus últimos veinte años de poesía en Mediterráneos, volumen editado en la colección Vandalia, de la Fundación José Manuel Lara, y que incluye seis libros, uno de ellos inédito. Son poemas que revelan la madurez del escritor, y en los que predomina un equilibrio entre la imagen que asombra, el lenguaje depurado y una emoción que no incurre en el desahogo sentimental.

–Mediterráneos se titula el volumen en el que recopila parte de su obra poética. Pienso en lo fundamental que ha sido el mediterráneo en nuestra cultura. Para el pensamiento, para la propia poesía.

–El Mediterráneo ha sido fundamental en todo, y nuestra cultura no se entiende sin él. Cuando digo “nuestra cultura” me atrevo a subir al norte; es decir, Europa, sin el Mediterráneo, no sería la Europa que conocemos. Y la cultura europea tampoco. Porque arranca en el Mediterráneo: en las religiones antiguas, en la filosofía griega, en el comercio, en las guerras, en las diferentes literaturas, en el derecho.

–¿Cuál es su sensación al leer los poemas que escribió hace veinte años?

–La verdad es que, salvo cuando leo poemas en público, me releo poco. Incluso cuando publico una novela y me llega a casa, la miro, la ojeo, pero no la suelo leer. En Mediterráneos son los últimos veinte años de mi poesía, por tanto, la voz del poeta ya está hecha. Ya no hay tanta diferencia entre el primer libro y el último, sino que hay un cierto enriquecimiento y claridad.En este caso, la relectura se filtra por algo de lo que hablo con frecuencia, que es uno de los dones de la poesía: la atemporalidad. La poesía no tiene tiempo, aunque el tiempo sea uno de sus grandes asuntos.

–¿Y qué ha aprendido en estos veinte años acerca de escribir poesía?

–La poesía te regala dos lecciones: la lección de cuando la escribes –cómo te transporta a una esencialidad más grande que la tuya propia– y la lección de la paciencia y de la humildad mientras no puedes escribirla, mientras sólo la esperas. Porque ser poeta no es un acto de voluntad. Un poeta no es un oficinista.

–Usted viene de una generación, y de un tiempo, los setenta y ochenta del pasado siglo, en el que la poesía vivió un periodo de renovación –tanto con los novísimos como con la experiencia–. ¿Podemos destacar, en estos últimos treinta o cuarenta años de poesía española, alguna novedad más allá de estos movimientos? ¿Nos hemos estancado?

–No creo que esos dos grandes movimientos produzcan un estancamiento. El estancamiento lo producirán los poetas que no lo son. Cualquier corriente poética, mientras se mantenga viva, a través de un poeta u otro, no se estanca. Por otra parte, no sé ahora cómo está no sólo la poesía, sino el papel de la literatura en el mundo que estamos viviendo. Porque es como si hubiéramos sufrido un viaje en el que la imagen se hubiera impuesto absolutamente. Nosotros no hemos crecido en ese lenguaje, pero lo que nos viene detrás vive en un continuo de imágenes donde la palabra queda muy rezagada. Eso es lo que encuentro preocupante.

–En su poesía quizá se intuya una síntesis entre el registro de la nueva sentimentalidad y el registro culturalista.

–Pero no porque yo me asocie a una corriente o a otra. Siempre he ido por mi cuenta. Me interesa que el nacimiento del poema parta de un fragmento de vida o de experiencia vivida, que no sé si a eso se le puede llamar “de la experiencia” o simplemente poesía, sin ninguna catalogación.

–En ‘Poema de Navidad’ usted escribe: “Las palabras son lámparas / en una casa a oscuras”. Y concluye: “Al encenderlas, el pensamiento / ordena los sentidos”. ¿La poesía es la claridad y el orden del pensamiento, o es su misterio?

–La poesía es un misterio, pero también es una luz. Y esa luz ordena el pensamiento.

–Dos claves que se perciben en este volumen recopilatorio, a lo largo de sus seis libros: imaginación y reflexión. Metáfora y emoción.

–Sí, y paisaje y meditación. Y la emoción trascendida. El distanciamiento crítico de Eliot: la trascendencia del yo. El yo no puede ser nunca el yo estrictamente biográfico. Ha de trascenderlo. Porque si no es así, esa argamasa no se convierte en poema. La poesía o trasciende o no es.

–Es muy interesante lo que dice en ‘El tiempo de los poetas’: “Los poetas en el tiempo: / un tiempo que nunca les pertenece, / aunque sean ellos quienes lo crean”. Como se diría en los ejercicios escolares: razone su respuesta.

–¿Por qué es importante la poesía? No sé si recordarán aquella imagen de La gran belleza de Sorrentino en la que está Gambardella en la casa con la monja. Entonces, este le pregunta a aquella que si había cenado. La monja confiesa que ella sólo come raíces, y seguidamente le pregunta a Gambardella que si sabe por qué sólo come raíces, a lo que la monja responde que porque son importantes. La poesía es importante. Porque es raíz. Porque es el alma del lenguaje.

–Dos temas predominan en su último poemario: el paso del tiempo y la muerte.

–Pertenezco a una generación que tuvimos muchos muertos en nuestra juventud. Convivimos con la muerte desde muy temprano. Pero es cierto que la muerte, a medida que avanza el tiempo, se va haciendo un hecho de la naturaleza. Un hecho más. Y cada vez más. No sólo se convive con la muerte como una posibilidad real, sino que se aprende de ella. La muerte también tiene su lenguaje, y a medida que nos vamos haciendo mayores y asistimos a ver a personas queridas en ese trance, vas aprendiendo a morir. Porque la muerte es un aprendizaje. Por otra parte, el paso del tiempo siempre está ahí. Es uno de los grandes pilares de la poesía.

–Cierra un nuevo volumen de su poesía, publica un poemario: ¿a quién pertenece el poema cuando se publica?

–Pertenece al alma del lenguaje. Pertenece a las palabras de la tribu, de Mallarmé. Pertenece al lector que se encuentre en ellos. El poeta es como un médium, un transmisor de una herencia que arranca, como hemos dicho, en la antigüedad, y que continua viva y que no se acaba ni con Celan ni con los campos de concentración ni con Adorno. Porque la poesía siempre nos será necesaria.

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