Salistre: "No acabamos de creer que nuestra música pueda ayudar a alguien"
JAVI GARRIDO, DAVID JIMÉNEZ Y JUANJO TIRADO | Integrantes del grupo Salistre
Originarios de Barbate, afrontan la recta final de una gira extensa, "Contigo", que los ha llevado por más de 40 ciudades
El próximo 8 de febrero actuarán en Sevilla, en el Cartuja Center CITE
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Salistre llega a esta entrevista en uno de esos puntos delicados en los que una banda toma conciencia de lo vivido sin dejar de mirar hacia delante. El grupo, formado por Juanjo Tirado, Javi Garrido, David Jiménez y Raúl Romero cumple diez años de trayectoria y atraviesa un momento de consolidación que va más allá de los números. Originarios de Barbate, acaban de publicar un disco en directo, grabado en Bahía Sound, que captura la dimensión real de su propuesta sobre el escenario y afrontan la recta final de una gira extensa, Contigo, que los ha llevado por más de cuarenta ciudades. El 8 de febrero, el Cartuja Center de Sevilla acogerá el cierre de esta con el último concierto con este formato y el punto final a una etapa clave en su evolución. Desde ese equilibrio entre origen y presente, reflexionamos con tres de los componentes de Salistre -Romero no pudo venir a nuestra ciudad- sobre cuánto de su tierra late en sus canciones y de qué manera ese lugar sigue filtrándose en su música.
Pregunta.-Más allá del tópico, ¿cómo se cuela en sus canciones el Barbate real, el del trabajo, de la calle, del mar, sus luces y sus sombras?
Respuesta.-(Tirado) Yo creo que la alegría forma parte ya no solo de Barbate, sino de toda la costa, desde San Fernando, que de allí es Javi, aunque aquí ya es uno más del pueblo. Creo que es la alegría la que se cuela. (Garrido) Es el verano en la playa, en la terracita con la cerveza. Hasta el nombre del grupo. Nosotros salíamos del agua directos al chiringuito a tocar, sin quitarnos el salistre. Nuestra música, independientemente de las letras, suena a plazoleta, a calle, a playa. Es un sonido muy de allí, y yo creo que eso es lo que identifica a la gente.
P.-El nombre del grupo habla de la sal que deja el mar en la piel. Pero eso a veces escuece. ¿Qué les ha dejado Barbate en la piel como músicos… y qué les ha escocido más?
R.-(Tirado) Hay mucha escuela musical. Allí han nacido muy buenos músicos: Cuquito de Barbate, Nono García, que es un referente a nivel guitarrístico; Jimmy González, el batería de Kiko Veneno; muchos chavales que están estudiando en el conservatorio... De todos ellos hemos aprendido y de ahí nace un poco nuestro rollo y nuestra forma de tocar. (Jiménez) Hace poco, en una entrevista relacionada con Robe Iniesta, hablaban de lo que falta en los pueblos. Nos identificamos. Escuece que en Barbate falta apostar más por la cultura, lugares de ensayo, facilidades. A veces, cuando ya te va un poco mejor, sí que te dan algo; pero al principio es muy difícil. Hay muchos chavales que necesitan un local de ensayo o una escuela. (Garrido) La gente cree que queremos reconocimiento, pero no es eso. A mí, que soy de San Fernando, nunca me han llamado, sabiendo que soy de allí. No necesito reconocimiento. Lo que molaría es que, al ver que a un grupo de tu tierra le va bien, apoyaran para que salgan más. Si pones medios, locales, incentivas la cultura, a lo mejor salen muchos más grupos y artistas.
Cantar 'La flaca' treinta veces no es lo mismo que interpretar tu propia composición"
P.-Empezaron ustedes haciendo versiones que se hicieron virales. ¿Hubo algún momento concreto en el que sintieron que ya no querían solo cantar canciones ajenas, sino cantar las propias?
R.-(Garrido) Cuando yo llegué al grupo, hacían versiones y desde el principio dije: Chicos, tocáis muy bien, vamos a hacer temas nuestros. Poco a poco fuimos compaginándolo. El público en Zahara o El Palmar quería versiones, así que intercalábamos algún tema propio. Pero te cansas; cantar La flaca y Corazón partío treinta veces no es lo mismo que cantar tu propia canción. En cuanto vimos que la gente respondía bien a nuestra música, quitamos las versiones de en medio.
P.-Esas canciones suyas, como Mi varadero o Me mueve el aire tienen algo muy físico, casi geográfico. ¿Componen pensando en lugares concretos o salen solas?
R.-(Tirado) Salen solas. Habrá gente que enfoque así su manera de componer, eso se lo darán los años, pero nosotros nos centramos en lo que nos nace. Puedes sacar un tema para tu exnovia y que la gente lo interprete para su colega, o sacar otro para tu amigo y la gente lo tome como para tu madre. Lo bueno del arte es eso, que la gente lo haga suyo. (Garrido) Exacto. Mi varadero parece hablar de nuestra tierra, pero no se hizo con esa intención expresa. Es guay que la gente lo vea así y te inspire para, quién sabe, hacer una segunda parte. Pero dedicada directamente al aparcamiento del pueblo -risas-.
P.-Una banda como esta vive ahora en la carretera. ¿Ha cambiado el ADN de Salistre con todo esto? ¿Hay hoy más mar… o más carretera?
R.-(Garrido) Ahora hay demasiada carretera. Pero es una bendición. Yo no había salido mucho de Cádiz y estamos conociendo toda España. Es increíble ir a Valladolid o Toledo y llenar una sala. Estamos encantados de viajar.
P.-Han pasado de tocar en bares y plazas pequeñas a festivales enormes y salas llenas. ¿En qué escenario se sienten más desnudos?
R.-(Garrido) Hemos hecho una mili guapa tocando en muchos sitios. Cuando ves 3000 personas en Bahía Sound, que han pagado por verte a ti, hay una presión diferente. No es síndrome de impostor, pero no es lo mismo que una sala de 200 personas, donde estás más relajado y conectado con la gente. (Tirado) Yo me siento cómodo en ambos, pero me gusta más la cercanía. Me encanta tocar para mucha gente, pero soy partidario de que haya conexión, de estar cerca.
P.-Más de 3000 personas en Bahía Sound cantando sus canciones. En el Cartuja habrá casi 4000 Hay un momento en el que una banda deja de preguntarse si esto va a funcionar y empieza a preguntarse cómo no estropearlo. Se reconocerán en ese punto ahora mismo, claro. Pero ¿eso da más calma… o más miedo?
R.-(Garrido) Sí, estamos en ese momento. Cada uno es diferente, yo soy un poco paranoico, siempre pienso que se nos va a pasar el arroz, que no podemos relajarnos. Pero todo se consigue trabajando, y si a la gente le gusta lo que haces, hay que seguir por ahí. (Tirado) A mí la verdad es que me da igual. Lo que estamos consiguiendo ya es un sueño. Me da igual que mañana se acabe o que sigamos 20 años más. Ya he disfrutado de lo que siempre he querido. Si mañana toca trabajar de camarero... bueno, era broma -risas, al ver que está al lado el camarero del bar en el que estamos-. Pero hablando en serio, yo he trabajado de muchas cosas siempre compaginándolas con la música. Lo que venga, vendrá, yo voy a seguir disfrutando y haciendo música sin pretensión. (Garrido) Claro, pero cuando puedes dedicarte a esto, con lo difícil que está todo... poder vivir de lo que amas es algo para cuidarlo. Si algún día se acaba, quiero que no sea porque no lo he cuidado. (Jiménez) Yo creo que, en el fondo, siempre queremos ir a más. Si este año llenamos una sala de mil espectadores, el año que viene queremos dos mil. No podemos hacerlo pensando solo en querer, sino yendo a tope. Pero también es cierto que no todo depende de ti; puedes sacar un disco y que no le guste a nadie.
A nivel del proyecto actual solo llevamos dos años intensos, pero hay que mantenerse"
P.-La gira Contigo los ha llevado a más de 40 ciudades. ¿Les ha sorprendido la respuesta de alguna de ellas para bien o para mal?
R.-(Jiménez) Las ciudades más lejanas, donde a veces íbamos con un poco de miedo porque la venta era más lenta, lo han hecho para bien. Ir a Salamanca o Valladolid y ver una sala, aunque sea pequeña, cantando nuestros temas, es súper gratificante. Que la gente se sepa las canciones tan lejos de casa es lo que más me ha sorprendido.
P.-El Cartuja Center para cerrar la gira y celebrar diez años. ¿Qué esperan de ese concierto en Sevilla? ¿Qué necesitan que pase esa noche para irse a casa tranquilos?
R.-(Tirado) Que la gente cante con nosotros, disfrute y desconecte. Eso es lo principal. (Garrido) Necesitamos la sensación que tuvimos en Bahía Sound. Aquello fue un antes y un después. Era nuestra casa, y la gente que nos había visto en chiringuitos flipó al vernos con un show completo, con una gran banda, técnicos, luces... Queremos que la gente se vaya diciendo: Estos han dado un paso más. (Jiménez) Y animamos a todo el mundo a venir, porque es el último concierto con este show. El año que viene cambiamos. Es la última oportunidad de ver este espectáculo.
P.-Diez años no son pocos. Mirando atrás, ¿qué ha sido más difícil, empezar o mantenerse?
R.-(Tirado) Yo creo que mantenerse es más difícil. (Garrido) De momento, todo ha ido muy rápido. A nivel del proyecto actual solo llevamos dos años intensos, pero hay que mantenerse. Lo bonito es ver la evolución; nuestros padres nos vieron en un chiringuito y luego en Bahía Sound con un show redondo. Cada año queremos dar una vuelta de tuerca más.
P.-¿El nuevo material que vendrá en 2026 va a sorprender o es una evolución natural?
R.-(Jiménez) Acabamos de sacar el disco en directo de Bahía Sound. Y para el año que viene tenemos preparado otro disco nuevo, aunque no podemos dar fechas todavía. (Garrido) Creo que sí va a sorprender. Hemos hecho lo que nos ha salido de dentro, literalmente. Hay un poco de todo: merengue, bachata, boleros, rumbas... pero siempre conservando nuestra esencia. Creo que le va a molar a la gente.
P.-Para terminar; si dentro de 10 años siguen aquí, ¿qué tendría que pasar en esta década para que sientan que todo ha merecido la pena?
R.-(Tirado) Yo, con que no nos peleemos, con que sigamos hablándonos y seamos amigos, con eso ya estoy satisfecho. Al final, somos como hermanos. (Garrido) Hacer música es un privilegio porque dejas algo. Quiero dejar el mayor legado posible; sin ser Michael Jackson, pero ojalá tengamos muchos discos y que la gente nos recuerde. (Jiménez) Para mí ya merece la pena. Cuando alguien que está pasando un mal momento nos dice que nuestra música le ayuda o, como también ha ocurrido, una persona en el hospital se anima con nuestros temas... con eso ya vale la pena. (Garrido) Es que a veces nos cuesta creerlo. Hacemos música porque nos gusta, pero no nos entra en la cabeza que pueda estar ayudando a alguien de verdad. Es muy fuerte.
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