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Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos | Crítica

Giro asiático de la inagotable Marvel

Simu Liu, en ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos’.

Simu Liu, en ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos’.

Más Marvel o, por decirlo con la pomposa exactitud con que la adaptación, estiramiento y multiplicación de elementos tomados de sus tebeos al cine, más Universo Cinematográfico Marvel. Dominarlo, conocer todos los nombres de los superhéroes y diferenciar las precuelas, secuelas, crossover, reboot, spin-off –porque la cosa exige su propia jerga– de las 25 películas que con esta lo conforman es muchísimo más complicado y exige un esfuerzo infinitamente más extenuante que saberse de memoria las 32 dinastías egipcias o dominar el periodo de las cinco dinastías y los diez reinos chinos.

En este caso se trata de Shang-Chi, un héroe oriental creado por los guionistas y dibujantes de Marvel en 1973 inspirándose –porque se supone que es su problemático hijo– en los tebeos de los años 30 basados en las novelas de Fu-Manchú de Sax Rohmer, cuyos derechos fueron adquiridos por Marvel. Posteriormente, cosa del ir y venir de los derechos, la paternidad de Fu-Manchú se fue desdibujando.Como es habitual en el UCM, Shang-Chi es un personaje cinematográficamente secundario que pasa a protagonista. Hay que exprimir. Su padre no es ahora el fantástico personaje de Rohmer, pero sí un tipo incluso más poderoso y malo (lo mejor de la película gracias a la caracterización e interpretación de Tony Leung, una de las mayores estrellas del cine hongkonés, habitual de Hsiao-Hsien, Wong Kar-Wai y John Woo). Su destino, como el de otros tantos colegas, es que su pasado, sus poderes y sus deberes irrumpan a la vez en su modesta pero feliz vida obligándole a enfrentarse a su perverso progenitor.

El nuevo prestigio dado por Tarantino (en un sentido) o por Ang Lee y Zhang Yimou (en otro) a las películas de artes marciales –que, por otra parte, nunca han dejado de tener sus fans– y el objetivo de dirigirse a los gigantescos mercados asiáticos además de congraciar el universo Marvel con los asiáticoamericanos como Black Panther hizo con los afroamericanos, están tras la recuperación de este personaje. No es una pura película de artes marciales sino una pura Marvel que las utiliza (con un par de secuencias ciertamente espectaculares) para, en su tramo final, desbocarse en la habitual orgía de efectos especiales.

No deja de ser curioso que el salto a la fama lo diera el director hawaiano Destin Cretton con Las vidas de Grace, otra historia de personaje joven que ha de enfrentarse a su pasado y asumirlo… ¡Pero en clave intimista e indie! Entre aquella y esta ha dirigido dos correctas películas –El castillo de cristal y Cuestión de justicia– basadas en historias reales empeñadas en el análisis de disfuncionalidades familiares y la denuncia del racismo. Bueno… En el fondo tanto el racismo y el mal como la disfuncionalidad familiar y el ajuste de cuentas con un pasado que no se quiere asumir están más o menos presentes en esta película. En clave Marvel, claro.

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