Cuchillo sin filo
Francisco Correal
Zapatos en una panadería
La visita de Rafael Álvarez El Brujo (Lucena, 1950) la pasada temporada en el Teatro Quintero de Sevilla con la obra El testigo "ayudó a prestigiar este escenario" en su primer año de vida, en palabras de Jesús Quintero. No extraña así que sea una vez más esta sala de la calle Cuna la que acoja el nuevo proyecto de este juglar de la escena española. Bajo el nombre de Una noche con El Brujo -que recalará en la ciudad del 2 al 4 del próximo mes de diciembre-, y "sin un guión establecido", Rafael Álvarez rescata memorias personales de la infancia, pasajes de sus obras, reflexiones en voz alta, tradiciones andaluzas, anécdotas con el público, lecturas de clásicos... para rendir tributo, en definitiva, al don de la palabra y al valor de los recuerdos propios.
"La primera vez que yo escuché hablar de Santa Teresa era cuando Franco paseó por España el brazo incorrupto de la santa. Como niño, yo imaginaba que sería un brazo articulado que saludaba a los fieles. Fue una tremenda decepción. En su lugar vi un leño oscurecido en una urna", comentó el intérprete acerca de las imágenes que habitan en su memoria. Como aquellos años en los que en la pensión de sus padres coincidían cupletistas, toreros y actores... Quizás fuera entonces cuando nació en este cordobés la vocación por pertenecer a un mundo, el de la interpretación, para el que no ahorra críticas. "Los actores somos gente aparentemente díscola, pero realmente somos la fauna más sumisa de la sociedad. La sumisión de los actores en los últimos años es patética. El único que hace lo que le da la gana es Albert Boadella... Fíjese si tendrá sentido del humor que tiene una foto de Esperanza Aguirre en su despacho", bromea quien no espera demasiado, en materia cultural, del Gobierno de Rajoy, acaso, de nuevo, "con la excusa de la crisis". "Ya no hacía nada [por la cultura] en los últimos años de Zapatero, así que no espero mucho del que entra ahora...". En estos momentos, continúa el intérprete, "no hay fuerza moral para exigir, hay que adaptarse y sobrevivir". Pese a que pudiera parecer un discurso pesimista, El Brujo confía en "la capacidad creativa de la imaginación para volver a la ilusión. Las seguridades y las certezas son casposas. Es bueno para el actor no saber si va a venir público o no al teatro. Aunque era más seguro, cuando se trabajaba a caché se perdía la emoción... Ahora hemos vuelto al comienzo", concluye.
Un comienzo, un reseteo que es, en su opinión, lo que necesita Canal Sur, televisión de la que dice que "es el desprestigio absoluto de Andalucía. Si Rajoy cierra Canal Sur, nos hace un favor. Andalucía no se merece la mayoría de los programas que emite... Lo andaluz existe, pero no es lo que se ve ahí. Andalucía es Quiñones, Paco de Lucía, Alberti y hasta Chiquito, que me gusta más que Los Morancos". Un actor, este cordobés, acostumbrado a decir lo que piensa sin tapujos y concluye: "Soy muy individualista... Yo hago monólogos porque me sobra la compañía".
Una noche con El Brujo. Del 2 al 4 de diciembre. Entradas a 25 euros.
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