Que todas las noches sean noches de Sabina

Joaquín Sabina, anoche en Fibes durante su concierto.
Joaquín Sabina, anoche en Fibes durante su concierto.
Sara Arguijo Sevilla

10 de marzo 2015 - 05:00

Hacía falta una excusa y sus fans las aceptan todas. Para decir con Dios a los dos nos sobran los motivos, que él mismo escribió. Joaquín Sabina ha vuelto a Sevilla tras cinco años con 500 noches para una crisis, una gira pretexto para visitar América -"porque como fuera de casa de uno, en ningún lado"- con la que celebra el 15 aniversario del disco cumbre de su carrera. "En el que cumplí los 50, dije chao a los bares, me desenamoré, me volví a enamorar, empecé a dibujar y prometí no visitar más a la Magdalena", contó.

Así, con bombín, un traje verde Andalucía, pasitos rumberos y las entradas agotadas (repite mañana miércoles) apareció el cantautor en el Auditorio Fibes este lunes para cantar canciones a otras madrugadas infinitas y a la misma crisis: la de un mundo a punto de acabar y la de una vida que se tambalea. "Contra el olvido y el ébola; contra los tiempos de tormentas" que recitó al inicio del espectáculo.

Las melodías que componían aquellos 19 días y 500 noches fueron entonces encadenándose desprendiendo aún olor a alcohol destilado y dejando alguna que otra resaca. Letras que acercan más al Sabina trasnochado y ex trasnochador con el que sus seguidores, jóvenes de más de cuarenta y diez, confraternizan rápidamente, aunque ya nadie se levante del asiento y las copas se saboreen más despacio.

Barbie Superstar con intervalos de Calle melancolía, Cerrado por derribo, Una canción para Magdalena, Noches de boda, El caso de la rubia platino y el resto de temas del álbum a ritmo de rock, ranchera, balada o milonga sonaron actualizados en una primera parte en la que se unía la nostalgia de cualquier tiempo pasado no necesariamente mejor con la alegría de saber que al flaco de Úbeda le queda una mala salud de hierro. Bastó oír un lo nuestro duró para que el público exclamara un ooohh infinito. De vez en cuando se producen canciones que "resisten al polvo", a pesar de que ahora al abandonado le hubiera llegado un "maldito whatsapp", como intercaló.

Los piropos a esta ciudad "de la que hasta los marcianos se enamorarían" y los guiños ácidos y sinceros de trovador callejero dieron paso a sorpresas como una personal versión de It ain't me babe del "viejo juglar de Minnessota: Bob Dylan" o la revisión de Mater España con la que el cantautor rojo deseó "ojalá volvamos a estar orgullosos otra vez de ser españoles" arrancando aplausos de hartazgo colectivo. Todo con proyecciones de dibujos suyos de fondo y la excelente banda de seis músicos -"algunos de los cuales me han aguantado más que mis novias"- que fueron haciendo sus "monerías".

Después, cómo no, Y nos dieron las diez… y otros clásicos como Conductores suicidas, Con la frente marchita o el mítico Princesa en las más de dos horas de concierto. No debe ser fácil mantenerse moderno con los años pero la música de Sabina aún reta a quedarse hasta las claras del día. Y, si no, tomen Pastillas para no soñar.

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