A vueltas con la gran novela americana
Philip Roth recrea la epidemia de polio que azotó a Nueva Jersey en 1944, un marco que le sirve para reflexionar sobre la voluntad y la culpa y para rematar su mejor obra de los últimos tiempos
Némesis. Philip Roth. Traducción de Jordi Fibla. Editorial Mondadori. Barcelona, 2011. 224 páginas. 21,90 euros.
Si para Holden Caulfield las expectativas son un asco, no puede negarse un cierto elemento paródico en el modo en que cada lanzamiento de Philip Roth se espera como el ansiado nuevo episodio de la saga gran novela americana. Descartado al respecto por motivos obvios David Foster Wallace, pero también otros autores vivos de una amplia gama, desde Pynchon a Auster pasando por T. C. Boyle y Richard Ford, la responsabilidad parece descansar sobre los hombros del autor de El pecho, especialmente desde que su nombre suena cada año y de manera insistente para el Nobel. Mientras, Roth se ha dedicado a jugar al despiste: en sus últimas tres novelas (Elegía, Indignación y La humillación), breves y comunes en cuanto a presupuestos, intenciones y motivaciones (la tragedia de la decisión y sus imprevisibles consecuencias) hasta el punto de ser consideradas partes de una misma trilogía, la tentativa ha desplazado a los lugares comunes y la recepción ha sido dispar, tirando a fría. Poco hay en estas obras, ciertamente, del Roth corrosivo de Nuestra pandilla, o incluso del penitente desarmado de Patrimonio. Pero sí se alumbra un interrogante decisivo sobre el sentido de la madurez y, sobre todo, de la escritura como acción y oficio.
Por su brevedad y temática, Némesis ha sido incluida de inmediato en la ya supuesta tetralogía. Y, de nuevo, la respuesta de la crítica ha sido más bien poco efusiva, incluso por admiradores de indudable complicidad como J. M. Coetzee. Lo más probable, efectivamente, es que Némesis no figure en las futuras listas de las mejores obras de Roth, ni se subraye entre sus méritos para el Nobel, ni se postule su candidatura para ocupar el trono de la gran novela americana. Sin embargo, más allá de toda la novelística, de lo que se espera y lo que no, conviene ir dejando claro que Némesis es un libro excepcional, muy superior a esas tres obras precedentes (con las que, por si acaso, cabe establecer distancias desde ya), que ahonda en el asunto de la voluntad con una libertad que desde luego se echa de menos en el panorama literario actual y que (esto ya lo sabíamos) resuelve la construcción de los personajes con soberana maestría.
Roth sitúa Némesis en la epidemia de polio que azotó a Nueva Jersey en el tórrido verano de 1944 (y de la que él mismo fue testigo con poco más de diez años en su Newark natal), mientras el ejército de Estados Unidos atravesaba serios problemas para derrotar a los nazis en Europa a la vez que se abría un nuevo frente de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. El protagonista, Bucky Cantor, un joven monitor de actividades al aire libre que ha sido rechazado en el ejército por sus problemas de vista, dirige un campamento infantil en Newark. La epidemia no tarda en hacer estragos y cada día se cuentan nuevas víctimas entre los chicos. Algunos mueren, como el pequeño Alan (cuyo funeral se describe de manera tan eficaz como abrumadora), y Cantor decide asumir su responsabilidad como el heroísmo no puede demostrar junto a sus compañeros y amigos en la guerra. Pero cuando la situación se hace insostenible, su prometida, que vive en Pennsylvania, encuentra para él un trabajo como monitor de deportes acuáticos en el campamento de Indian Hill, lo que le permitiría a Cantor huir de la polio, establecerse en lugar seguro y casarse con su amada. La responsabilidad pasa a convertirse así en un escozor molesto. Pero las decisiones, como es norma en la literatura de Roth, traen consecuencias inesperadas.
Para la recreación de la epidemia, una de las más brutales del siglo en Estados Unidos (sólo una década después se hallaría la vacuna contra la polio), que se saldó con varios miles de muertos y otros tantos de afectados, Roth no oculta sus influencias. En la precisa narración de los procesos (traslados de enfermos, cuarentenas, áreas acordonadas, distinción entre propagadores potenciales y limpios) resulta más que visible la huella del Diario del año de la peste de Defoe. Pero es la sombra de La peste de Camus la que recorre con proverbial singladura las páginas de Némesis: también Cantor se refiere a Dios como un "asesino de niños" y llega a odiarlo con una virulencia para la que no encuentra consuelo. Esta postura, sin embargo, cobra una luz distinta en un personaje educado en la fe judía, cuando, a pesar de los acontecimientos sucedidos en Europa (los más terribles, sin embargo, aún habrían de conocerse), la comunidad judía de Newark, con la que la epidemia de polio se había ensañado especialmente, se resistía a pensar que el mismo Dios hubiese permitido algo semejante ("Dios no creó la polio", afirma la prometida). Némesis es la diosa griega de la justicia retributiva, y Cantor no duda en rebelarse, aunque sea en su propio perjuicio, contra sus sentencias.
Némesis es, en suma, no la novela esperada sino una gran novela, lo que en el caso de Roth puede significar mucho. Será cuestión de tiempo. El resto es literatura.
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