El consejero de Salud de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre. El consejero de Salud de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre.

El consejero de Salud de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre. / Jesús Morón (EFE)

Una de las ventajas de disponer de un tipo como Quim Torra es que no hace falta debatir donde está el rasero de la inmoralidad miserable. Sin duda el rasero es Torra.

El Molt Deshonorable, epítome de tantos sujetos puigdemoníacos, ha vuelto a dar la medida de su deslealtad mintiendo sobre España en el exterior. Sin duda Torra actúa persuadido de que eso hace feliz a su clientela; algo que, por demás, retrata también a su clientela. Las patologías del nacionalismo no van a sorprender ya a nadie. Mientras la nación afronta una situación muy crítica, que los líderes globales elevan ya a página dramática de la Historia, ahí está el independentismo con sus cálculos despreciables en vísperas electorales.

Toda guerra, como ya se ha denominado a esta pandemia desde el Elíseo a la Casa Blanca, necesita unidad. Este virus lo paramos unido es el eslogan oficial. Y así es. Queda claro que Torra es exactamente el modelo de lo que no se debe hacer, pero la cuestión es ¿y cuál es la medida de lo que sí se debe hacer? Se trata de un debate necesario: no es momento de desgastar a ningún Gobierno, pero siempre hay que reclamar eficacia a cualquier administración y advertir si se cometen errores. Entre esas líneas está lo correcto, pero no son líneas fáciles de consensuar. Algo es seguro: toda crítica ahora debiera ser constructiva, pero ha de haber crítica. No todo pueden ser aplausos desde los balcones.

Se le ha reprochado al consejero de Sanidad, Jesús Aguirre, que abriera el frente de las mascarillas. De hecho ese frente se ha abierto de punta a punta, desde Cataluña a Galicia, y en particular Madrid. Algunos se han excedido pero al Gobierno le ha faltado transparencia para informar de los recursos y de los criterios con que se distribuyen. Cuando hay desesperación, eso es imprescindible. “Nueve días sin suministro” ha estallado Feijoo, con un descontento que debilita el mando único: “Si nos dejan solos en la compra de material, trabajaremos solos”. Jesús Aguirre, cuyas capacidades comunicativas son equiparables a las de cualquier estatua del Parque, de momento no tiene fisuras en su gestión y, aunque cambiará, Andalucía es la única zona que se mantiene en las elogiadas tasas alemanas. Otra cosa es saber transmitirlo.

Oposición, siquiera telemática

Con las críticas al Gobierno central se ha levantado también la veda hacia los gobiernos autonómicos. Al propio Núñez Feijoo, la oposición le está criticando que dedique gaste energías y dinero en recolocar en la Xunta a los candidatos de las elecciones suspendidas. En Andalucía nadie acusará a Juanma Moreno de opacidad después de sus comparecencias y entrevistas -incluso Elías Bendodo, que suele ejercer de ariete, no se baja de la retórica de la lealtad institucional- pero la oposición le reclama que vaya al Parlamento. Para José Antonio Nieto, portavoz del PP, es “incongruente” una vez clausurada la actividad y convocada la Diputación Permanente; otra cosa es que también sea, como añade, “innecesario”.

Nunca está de más que haya debate y se oiga a la oposición, hasta ahora igualmente leal, siquiera de forma telemática. Es momento, para todos, de medir bien las líneas y evitar la tentación peligrosa del oportunismo. Ahí han incurrido Podemos e Izquierda Unida instigando las caceroladas contra el Jefe del Estado bajo la tensión de la crisis sanitaria. Teresa Rodríguez y Adelante Andalucía han hecho el clásico despliegue de las grandes ocasiones.

Hay momentos para la contención, y éste es o debería ser uno de esos momentos. Por eso los ventajismos y los exabruptos resultan más insoportables. El mitin de Iglesias saliendo de la cuarentena le pasará factura. Después el diputado Rafael Hernando, que ya ha dado más de un dolor de cabeza a sus compañeros de partido, se revolvía pero atacando a Fernando Simón con toda su furia atrabiliaria: “Fernando Simon, ese presunto experto, que siguiendo instrucciones del Gobierno banalizó la peligrosidad del virus, y es responsable directo de la gravedad de la crisis, sigue dando clases en la tele y dice que en la cuarentena hay “excepciones” como Iglesias. A casa ya sinvergüenza”.

A ese presunto experto fue Mariano Rajoy quien lo nombró director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias y no se recuerda que Hernando, en sus muchos años de portavoz, lo cuestionara con el Ébola o el Zyka. No merece Fernando Simón, ahí día a día, que lo pasen por la quilla de la hemeroteca. Entre la unidad y la verdad, entre la crítica constructiva y la lealtad, debería haber una línea para la razón.

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