Inmigrantes y albergues, pero lejos

Tras la inseguridad se oculta un riesgo mayor, que es el deterioro de la convivencia

Decíamos ayer que la inseguridad en los barrios es un problema grave, que se debe atajar de raíz y con eficacia. Porque detrás se oculta un riesgo mayor, que es el deterioro de la convivencia. Puede que incluso una incipiente xenofobia, por no hablar de racismo, que suena peor y nos remitiría a la ultraderecha. Aquí todo el mundo quiere a los inmigrantes y estamos a favor de que existan albergues para los sin techo. El problema llega cuando lo abren junto a la casa de uno. Porque entonces empiezan las molestias, que a lo peor no son teóricas, ni cosas de ultraderechistas, sino una realidad cotidiana. Los partidos, y el alcalde Espadas (con tal de no perder los votos de los vecinos) les han dado la razón. Aunque Cabrera diga que las estadísticas indican lo contrario. El caso de la Ronda de Capuchinos fue curioso.

La Cruz Roja anunció que abriría un centro de alta rotación de inmigrantes en la Ronda de Capuchinos. Un centro de acogida, donde permanecerían en torno a 72 horas. Los vecinos protestaron. Juan Espadas dijo que el lugar no parecía conveniente para ese centro. La Cruz Roja dio marcha atrás, porque su presidenta, Amalia Gómez, no quería causar problemas. Amalia Gómez ocupó cargos en el PP, conoce bien la política (a la que llegó de la mano de Javier Arenas, ¿quién si no?), y fue secretaria general de Asuntos Sociales en el Ministerio de Trabajo. Después también perteneció a la Junta de Gobierno de Pasión, y hasta sonó para pregonera de la Semana Santa. Es una mujer y sabe hablar. También sabe cómo manejan estos asuntos. La gente suele ser solidaria, pero quiere a los inmigrantes lo más lejos posible.

Lo mismo pasa con el albergue y el aumento de la delincuencia. No es un invento de los falsos perfiles de redes sociales que han descubierto. Se puede preguntar por el Bar Plata y los alrededores. Igual que en Pino Montano. La redada en El Vacie también tiene algo que ver con las manifestaciones de protestas. Son gestos que apuntan en la dirección que interesa.

Los albergues y los centros de inmigrantes hacen falta. El rechazo de los vecinos se ha basado en hechos reales, que se deben zanjar a tiempo con más vigilancia. Porque, de lo contrario, origina reacciones de autodefensa, que suelen concluir en la injusticia de generalizar. Estamos en un momento muy peligroso, con la solidaridad convertida en una palabra vacía, con miedo, y con el rechazo como respuesta.

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