El nombramiento de Alfredo Sánchez Monteseirín como nuevo delegado estatal en la Zona Franca ya se ha publicado en el BOE y es oficial. De ese modo vuelve a ocupar un cargo con responsabilidad institucional el que fuera alcalde de Sevilla entre 1999 y 2011. Tiene algo más que un valor simbólico. Ese cargo de la Zona Franca no se reserva al cementerio de elefantes políticos, como las autoridades portuarias. Por el contrario, en otras zonas francas han nombrado a personas que están en edad de merecer cargos mayores, y que todavía no han desarrollado su carrera política. Así que Monteseirín ha vuelto. No se sabe si para quedarse ahí o para qué, pero ha vuelto.

Cuando Alfredo Sánchez Monteseirín salió de la Alcaldía resultó que el entonces jefe de la oposición municipal, Juan Ignacio Zoido, consiguió 20 concejales. Récord histórico para el PP. Una noche de locura, algo inolvidable. Se consideró como uno de los principales artífices del éxito de Zoido a Monteseirín. La consecuencia fue que volvió a su trabajo, lo que se valoró como un gesto ejemplar, digno del político que no ocupa cargos para hacer carrera, sino para prestar un servicio público. Lo mismo que ha sucedido con Mariano Rajoy, el registrador, aunque no se le ha alabado tanto como al ex alcalde.

El tiempo es un gran destructor de la memoria. A Monteseirín el tiempo le ha devuelto una glorieta y una delegación de la Zona Franca. Le ha devuelto a la actualidad, en un cargo de cierta responsabilidad. Tiene mérito, porque el PSOE se había pasado siete años ocultándolo, como si no hubiera sido de los suyos, como si la costosa inversión de las setas faraónicas las hubiera parido Tutankamón por arte de magia, y no aquel Alfredo que se llevó los latigazos a derecha e izquierda.

La Zona Franca, hasta ahora, no ha sido la panacea universal que habían pintado. Cuando la crearon, exageraron su potencial y sus capacidades. El último delegado ha sido Javier Landa, que fue fichado como concejal estrella de Zoido, cuando en el PP todavía creían en los independientes y no organizaban esos duelos fratricidas.

Y regresa Monteseirín, al que algunos situaban en el tiempo perdido. Monteseirín ha vuelto gracias a Espadas, que funciona estupendamente en las encuestas. Monteseirín ha vuelto porque en el PSOE ya no le tienen miedo al último faraón de la Plaza Nueva. Monteseirín ha vuelto para reivindicarse, y hasta puede que lo consiga.

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