Crónica Personal

Negociaciones con guión teatral

Ruta. Sánchez tiene atados los Presupuestos para principios de 2021 con el respaldo de Cs por más dramaturgia que le echen unos y otros; el presidente no ve un adversario en Casado

Pedro Sánchez e Inés Arrimadas se saludan en La Moncloa. Pedro Sánchez e Inés Arrimadas se saludan en La Moncloa.

Pedro Sánchez e Inés Arrimadas se saludan en La Moncloa. / Fernando Villar / Efe

Pedro Sánchez se siente fuerte, seguro, convencido no sólo de que completará la legislatura sino también de que cuando llegue la fecha de las elecciones las ganará sin problemas si tiene que enfrentarse a Pablo Casado.

Cosa distinta es que haya un revulsivo en el PP y el partido cambie de arriba abajo de aquí a que se celebren unos nuevos comicios. Y cosa distinta también es que Vox empiece a cosechar las semillas sembradas, su extremismo encuentre eco entre los conservadores decepcionados por el actual PP, y Santiago Abascal pueda convertirse en el líder al que miren ciudadanos que hasta ahora han sido votantes populares.

Parte de la seguridad de Sánchez se debe a que le está saliendo bien su estrategia de potenciar a Vox despreciándolo –no recibe a sus dirigentes y ataca al partido de forma despiadada– porque provoca así un sentimiento de simpatía hacia un partido castigado sistemáticamente por un presidente que, muy consciente de ello, provoca un rechazo inconmensurable en un porcentaje grande de españoles que jamás lo votarán. Si divide el voto de ese porcentaje, el resultado electoral será muy favorable a los socialistas.

Sánchez da por aprobados los Presupuestos. No ahora, sino a principios de 2021. La ley obliga a presentarlos en el Congreso antes del 30 de septiembre para proceder a su tramitación parlamentaria en otoño y ser votados por Congreso y Senado antes del 31 de diciembre. El 30 de septiembre se prorrogarán de forma automática los anteriores, en este caso son nuevamente los que elaboró Cristóbal Montoro, que son las cuentas con las que ha gobernado Sánchez desde que llegó a La Moncloa.

Carmen Calvo y Pablo Iglesias negocian las nuevas con la tranquilidad de que no tienen el 30 de septiembre como fecha que los obliga a pactar lo que sea, y también con la certeza, los dos, de que esos presupuestos no sólo tienen que llevar el apoyo mayoritario del Parlamento, que lo tienen garantizado, sino que deben convencer a la UE de que España es un país que se toma en serio sus cuentas y cumple sus compromisos.

Iglesias tiene como interlocutores a ERC y Bildu y Calvo a los demás partidos con mayor representación parlamentaria, salvo Vox. Montero es la responsable de redactar los PGE, de acuerdo con Calviño y tratando de no abrir excesivos frentes con Iglesias, que no pierde ocasión de recordar a sus compañeros de Gobierno, Sánchez incluido, que están obligados a cumplir el pacto con el que acordó la coalición.

Todas las negociaciones, tanto las que mantienen PSOE y Podemos desde dentro del Ejecutivo, como las de Iglesias, Calvo y Sánchez con otros partidos, se realizan con un guión perfectamente diseñado en La Moncloa para utilizarlo a conveniencia. Y que fue tratado en el encuentro de Sánchez e Iglesias hace un par de semanas. En los próximos meses veremos anuncios de Podemos de que el presidente ha accedido a determinadas peticiones que permitirán a Iglesias apuntarse algún tanto ante los votantes decepcionados porque Podemos no es ni de lejos lo que ellos esperaban. Después, ese supuesto éxito de Podemos se quedará en nada.

La iniciativa que más se va a manejar es la reforma de la ley de la reforma laboral, que finalmente no se toca. No la quieren los sindicatos, lógicamente tampoco los empresarios, ni el PNV, ni algunos ministros. Y no la apoya Bruselas, excusa definitiva que utilizará Sánchez para explicar que no se lleve a cabo. Ya lo sabe Iglesias.

Podemos, rehén de Bruselas

Los ojos están puestos en las negociaciones de Iglesias con Bildu y ERC, y el guión incluye tensiones, frases fuertes y exigencias de imposible cumplimiento. Bildu condiciona el apoyo a más autogobierno, pero sobre todo al acercamiento de todos los presos de ETA. ERC insiste en la independencia. Sánchez deja que Iglesias siga hablando con estas dos formaciones, pero a él lo que le interesa es el apoyo de Ciudadanos.

Que Cs apoye los Presupuestos daría tranquilidad a los españoles angustiados por las consecuencias de haber formado una coalición con Podemos, inquietud que se acrecienta por los momentos tan duros que se están sufriendo y que se van a agudizar en el plano sanitario, económico y laboral.

Podemos, Bildu y ERC declaran a diario que no respaldarán unos Presupuestos avalados por Cs. Puro teatro. Sánchez sabe que cuenta con los votos de Podemos, y los de Bildu y ERC no le importan porque con los de Cs le sobran.

La posición de Cs es muy clara: aguantar. Porque sabe Edmundo Bal, que es quien negocia con Calvo, que al final Sánchez decidirá que sus cuentas salgan con el apoyo de Cs. Por una razón: Sánchez está perdido si se echa en manos de dos partidos muy antipáticos para la mayoría de los españoles; no sólo porque se sitúan fuera de la Constitución sino también por el origen terrorista de y por la insumisión y el odio a España del otro. Cs no se levanta de la silla porque así se apuntará el tanto de que gracias a ellos Sánchez ha roto con partidos que presentaban unas exigencias que ningún Gobierno democrático puede asumir.

Son conscientes Arrimadas y Bal de que con ellos los Presupuestos rebajarán demagogias y propuestas de Podemos inaceptables política y económicamente, y que además serían rechazadas por Bruselas. La UE tendrá mano poderosa en la elaboración de las cuentas españolas, con propuestas "que tendrá que comerse Pablo Iglesias".

Calvo agradece a sus interlocutores de Cs su posición, entre otras razones porque son conocidas sus discrepancias con Iglesias. A la vicepresidenta primera le gustaría contar con el apoyo del PP, pero ha comprendido que es misión imposible. Porque el PP no tiene la menor intención de aprobarlos –por ahora, en política nada es seguro– y porque el propio Iglesias trataría de impedirlo porque sería una mancha más en la imagen que transmite a sus votantes.

Sin embargo, y es parte también del guión, el gobierno trata de ocultar la postura de Podemos contraria a negociar con el PP y se cargan las tintas contra un Casado al que se presenta como un líder de la oposición que no colabora con el Gobierno ante situaciones límite como la que está viviendo España.

PP y Cs mantienen una relación constante. No sólo porque gobiernan en coalición en varias regiones y ayuntamientos sino también porque a los dos les interesa cambiar impresiones sobre la situación nacional. La sintonía entre Arrimadas y Casado es muy buena, y también entre Bal y la nueva portavoz parlamentaria del PP, Cuca Gamarra. Su oratoria es menos brillante que la de Álvarez de Toledo, pero es muy rigurosa y con mucho sentido común.

A Vox ni se le menciona, no entra en ningún tipo de negociación. Sin embargo, Abascal va a tener mucho protagonismo cuando presente la moción de censura. También ahí hay teatro: la presenta para dejar constancia de que, aunque le ningunea el Gobierno, es un líder nacional que va a dar mucha guerra política.

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