Salud sin fronteras

Salvar el segundo semestre

Depende de nosotros, de acertar en las decisiones, de no cometer errores ya conocidos desescalando de manera inadecuada

Llevamos varias semanas en las que afortunadamente la incidencia de la pandemia va reduciendo su intensidad y vamos paulatinamente descendiendo en el número de casos positivos hasta el punto de que en el momento de escribir esta tribuna nos encontramos con una incidencia global en España de 320 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días.

Más allá de que es seguro que hubiese sido más rápida la reducción de la incidencia con lo que hubiésemos podido conseguir menos casos y menos mortalidad, es cierto que si se las autoridades mantuviesen las medidas de control de la movilidad que ahora mismo están en vigor, en pocas semanas podríamos conseguir el objetivo largamente acariciado de estar situados en una incidencia acumulada de en torno a los 25 casos por 100.000 habitantes.

Aunque es evidente que tanto la población general como los diferentes sectores de la actividad de la economía estamos ya inmersos en lo que se denomina “fatiga pandémica”, merece la pena un esfuerzo adicional para conseguir este objetivo. Si llegamos a esa incidencia nos podríamos encontrar con un enorme alivio de la carga asistencial que sufren hoy los servicios sanitarios; carga asistencial que, a su vez, genera un daño adicional en la capacidad del sistema para atender adecuadamente otras patologías importantes: es el caso del cáncer, la diabetes y otras muchas patologías crónicas.

El inicio del proceso de vacunación en los últimos días de diciembre en España (al igual que en otros países de la Unión Europea), abrió la puerta a una nueva expectativa de poder estar en el inicio del fin de la pandemia. Para ello, necesitaríamos asegurar una amplísima cobertura de la aplicación de vacunas en la población general pero, en especial, en población más vulnerable.

El acceso a las vacunas en Europa tiene la característica de contar con una iniciativa de la Comisión Europea que es enormemente positiva, puesto que ha generado la capacidad de compra agrupada y asegurar el acceso a las vacunas a todos los estados miembros y, a su vez, tener una buena capacidad de compra para conseguir buenos precios a la hora de cerrar contratos con las compañías productoras.

Si bien es cierto que el suministro de vacunas puede sufrir altibajos, lo previsible es que la disponibilidad de dosis para la Unión Europea sean más que suficiente para nuestras necesidades; en las próximas semanas habrá que afrontar un proceso de vacunación masiva que requiere una organización específica por parte de las comunidades autónomas para reforzar el inicial plan de vacunación que se aprobó a finales del año pasado.

Si en España somos capaces de asegurar una vacunación masiva de toda la población en los términos que está previsto en el plan de vacunación aprobado y, además, somos capaces de hacerlo de una manera rápida para conseguir al menos una cobertura del 70 % de la población en el verano, estaríamos en condiciones de asegurar una adecuada protección inmunitaria que aliviará el impacto en la salud y en los servicios sanitarios.

Si España mantiene el rumbo en el control de la movilidad y la limitación de la interacción social para asegurar una incidencia acumulada cercana a 25 casos por 100.000 habitantes en pocas semanas y al mismo tiempo se trabaja en serio para asegurar una amplia cobertura del programa de vacunaciones, estaríamos en las mejores condiciones posibles para llegar a un segundo semestre con mejores expectativas.

Un segundo semestre donde la nueva normalidad podría ser una realidad en la cual podríamos conseguir un mejor nivel de salud, una menor mortalidad y unas mejores condiciones para la recuperación de la economía. Y si a todo ello unimos un control eficaz de la difusión de las nuevas variantes del coronavirus con una aplicación explícita de una estrategia de control y vigilancia epidemiológica, podríamos pensar en ver la luz del final del túnel.

Como puede verse, depende de nosotros; depende de acertar en las decisiones, de no cometer errores ya conocidos desescalando de manera inadecuada. Hay que evitar que pueda surgir una cuarta ola que daría al traste con este importante objetivo de una nueva normalidad en el segundo semestre de 2021. Es posible y es deseable.

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