Sí a todas las proposiciones indecentes
El Balón de Oro como motivo de discordia
Cuando entonces, o sea, cuando la normalidad campaba a sus anchas, el dichoso Balón de Oro era un premio del que se hablaba en su entrega y sin darle carácter de arma arrojadiza que lanzarle al rival más cercano. Era un premio, sólo eso, pero hogaño se ha convertido en un objeto de deseo demasiado oscuro y que suena a aquello de desearle al odiado enemigo lo peor y un ejemplo de ello es aquello de querer quedarse tuerto para que al rival le sacasen los dos ojos. Lo del curso anterior, clamando contra Rodri por no obtenerlo Vinicius ya parecía el colmo, pero ahora está levantando una polvareda enorme la ascensión de Lamine.
Y en este fútbol nuestro, tan polarizado, como al niño culé le den el preciado baloncito habrá madridistas con posibilidades de que el entripado degenere a úlcera. Antier noche, en el corazón del recital que estaba dando el niño prodigio, entraban en ebullición las perniciosas redes sociales tomando partido el barcelonista lógicamente por Lamine, mientras que los rivales apostaban por Dembelé en vista del bajón sufrido por el cartel de Mbappé.
Es el Balón de Oro un aliño más para que el fútbol no pierda brillo, para que siga en latente actualidad, pero se ha convertido en un motivo tan acusado de discordia que un premio individual en un deporte colectivo sólo añade morbo y malos rollos. Vamos a ver mañana, cuando Lamine colisione con Cristiano en busca del mismo objetivo, ganar la Liga de Naciones, a ver.
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