LA VENTANA
Luis Carlos Peris
Qué cruda la realidad
Enésimo empate del Betis viajero y cuando sobre la hora de juego, Chaira batía a Valles todos los demonios familiares empezaban a revolotear sobre el nido bético. Hasta ese momento, cuatro o cinco ocasiones para empujarla y que dilapidaba el Betis, ora por falta de definición ora por el contencioso que mantuvo Cucho con el maderamen oviedista. Inaudito que al descanso se llegase sin goles, por lo que cuando el rival se puso por delante en el marcador, los malos mengues afloraron en desbandada.
Incomprensible dicho balance en el entreacto, por lo que aparecía la vieja conseja de que perdonar es opositar a la derrota. Era un Betis que no decía quién es quién, que no mostraba su jerarquía en la zona de proyectos. Sólo hacía daño a estribor y gracias al entendimiento de Ángel Ortiz con Antony y viceversa. Pero lo más rutilante lo protagonizaba Cucho con un misil al palo y una vaselina al larguero desde cincuenta metros. Y a todo esto, la ocasión fallada por Lo Celso con todo para él o la de Fornals ante Aarón.
Y tantos perdones sirvieron de acicate al colista, que encontró oro en el desierto y le dejaba cara de asombro al equipo de Pellegrini. Tardó en reaccionar el Betis y lo hizo mediante hacer valer su superioridad en el centro del campo para que un centro de Antony lo peinase Lo Celso a la red. Empate que sabe a poco por tanta ocasión perdonada y que tuvo su culminación en la de Riquelme sobre la campana. Y es que tanto perdón...
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