En Sevilla, ayer la gente hablaba de la destitución de Lopetegui como seleccionador, de la retirada de Joaquín Sainz de la Maza como presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías y de la dimisión de Màxim Huerta como ministro de Cultura. ¡Vaya día! Desde que echaron a Rajoy parece que ha surgido otra conjunción astral, como la de Zapatero, ahora con Pedro Sánchez. Y ya es un sinvivir. En el caso de las cofradías, la gente está diciendo que esto se veía venir. Así que después de publicarlo Carlos Navarro Antolín, en primicia, en este Diario, han arreciado las especulaciones sobre quién será el siguiente presidente. Porque ya se especulaba.

Con Sainz de la Maza ha pasado lo mismo que con Adolfo Arenas. Empezó fuerte, pero no ha llegado al final de lo previsto. Si bien en el caso de Arenas fue por otros motivos. La sucesión natural que le hizo Carlos Bourrellier, entonces vicepresidente, fue acogida con escepticismo, pero después se asumió. En las condiciones actuales, lo normal sería que el vicepresidente, Antonio Piñero, ejerza el cargo hasta 2020, que es cuando corresponde volver a votar. Piñero es un hombre prudente y sondeará el ambiente. Pero en el Consejo actual ya hay tres o cuatro a los que se les supone aspirantes.

Sainz de la Maza se irá por motivos estrictamente personales y particulares. Aunque la situación interna se había enrarecido en los últimos tiempos. Joaquín llegó avalado por su pasado macareno. A la vera de la Esperanza, creció junto a José Luis de Pablo-Romero. Después fue un buen hermano mayor de la Macarena. Le tocó organizar los actos del IV Centenario, que marcaron un antes y un después.

En el Consejo ha afrontado tiempos difíciles, con episodios como la carrera oficial y sus circunstancias, la Madrugada triste de 2017 como condicionante, y las discrepancias internas. Lo mejor ha sido su afán pacificador. Quiso innovar y no pudo, por lo que algunos proyectos se le han quedado en el limbo. Ha entendido que no debía seguir, y es una decisión respetable.

El Consejo tampoco es como el Gobierno de la nación, aunque a veces lo parece, por el exagerado protagonismo. Ahora empieza la rumorología. Algunos se postulan y después se descartan ellos mismos. Queda la impresión de que habrá una disputa entre los que esperan su momento ya mismo y los que prefieren que Piñero abra un paréntesis hasta que se rearmen.

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