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Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Ábalos vs. Sánchez: la película

Lo de Ábalos fue de película. Recuerden que se llamaba peliculero al fantasioso que se dejaba llevar por la imaginación

Si no fuera porque se da más aire al Tuco de El bueno, el feo y el malo que al Dude de Río Bravo, la comparecencia de Ábalos, su desafío al PSOE, al Gobierno y a su presidente lento en clemencia, rico en ira y gran degustador de los platos fríos de la venganza, tendría algo de épica a lo Howard Hawks. Un hombre solo –sin tan siquiera chófer y secretaria– enfrentándose a dos poderosos aparatos y un líder vengativo. El despreciado borracho –me refiero, por supuesto, al Dude que interpretó Dean Martin– que se humillaba hasta el punto de coger una moneda de una escupidera en el saloon, encontró su dignidad enfrentándose a los forajidos junto a John Wayne, Walter Brennan y Ricky Nelson. En Río Bravo eran cuatro contra todos. En la película de Ábalos es él solo contra todos, desposeído de todo: despreciado por los suyos, fuera de su grupo parlamentario, suspendido de militancia, utilizado por el PP y los medios conservadores como un chivo atado a un palo para poner al león Sánchez a tiro de dimisión y condenado por los progubernamentales por haber puesto en la picota al partido, al Gobierno y a Sánchez.

No es que lo de Ábalos sea Solo ante el peligro. Si no da para el Dude que interpretó Dean Martin menos da para el sheriff Will Kane del imponente Gary Cooper. Puede que los días de presiones y negociaciones infructuosas para que renunciara a su acta de diputado hayan tenido algo que ver con la desesperada búsqueda de Cooper de apoyo para hacer frente a los forajidos. Pero ahí se acaban los parecidos razonables. Además, es sabido que a Howard Hawks y a John Wayne les indignó que el sheriff de Solo ante el peligro se pasara la película mendigando ayuda y que, en parte, rodaron Río Bravo como una respuesta en la que el sheriff rechaza toda ayuda. Por eso, aunque el tipo de Ábalos sea más de Tuco/Elli Wallach que de Dude/Dean Martin, algo de un Río Bravo rehecho en versión cutre tuvo su comparecencia. Hasta parecía que a lo lejos se oía el eco de los mariachis tocando Degüello en Ferraz y la Moncloa.

Gran interpretación la suya. Parecía tan convencido de su inocencia como sincero era su resentimiento y su cabreo. En nuestra historia democrática no se ha visto un espectáculo parecido. De película. Recuerden que se llamaba peliculero al fantasioso que se dejaba llevar por la imaginación ignorando la realidad. Y esta película tendrá secuela.

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