palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Ana Mato y otros artilleros

EL silencio espeso de Javier Arenas tras las declaraciones despreciativas de Ana Mato hacia la escuela pública y los escolares andaluces demuestra, por comparación, lo muy hipócrita que fue el aquelarre montado a propósito de las no menos desconsideradas manifestaciones de Duran Lleida sobre los jornaleros del PER. Es difícil saber cuál de las dos agravios es más despectivo y arrogante. Porque si el del líder de CiU nutría el tópico del andaluz zángano y borrachín el de Ana Mato refuerza el de la Andalucía inculta y los niños analfabetos. Si se unen ambos solecismos nos saldrá una Andalucía calcada a los daguerrotipos decimonónicos o a las imágenes de La Chanca allá en los años sesenta. Una Andalucía agraria con los bares repletos de haraganes pobres y bebidos y niños que vagabundean por las calles exigiendo monedas a los turistas y tirando de un asno. Tópico sobre tópico. Es más, yo, como muchos padres, me siento más concernido por la descalificación de Ana Mato hacia el sistema educativo que por las alusiones pintorescas de Duran. Al fin y al cabo yo (para bien o para mal) soy producto de la escuela pública, y de los institutos y la universidad públicos y con horarios nocturnos. Y mi hijo estudia en el colegio público de un barrio de Granada de cuyo celo educativo me siento muy satisfecho.

Pero las alusiones de Mato (y el silencio ya aludido de Arenas y demás dirigentes del PP andaluz, más las disculpas comprensivas de Soraya Sáenz de Santamaría) van mucho más allá de la fijación de un tópico, pues ocultan la intención de contribuir a la voladura del sistema de enseñanza pública y gratuita. No es cierto que los escolares estén tirados en las aulas. La derecha lleva años explotando con éxito el truco de buscar con lupa una excepción para convertirla en escándalo general. Si hay un aula con gotera, todas las aulas tienes goteras. Si hay un colegio sin ordenadores, todos los colegios carecen de computadoras. La escuela pública debe aspirar a los mayores niveles de calidad, pero la calidad no es su único fin, su objetivo inseparable es universalizar el derecho a la educación, y en este sentido el trabajo y el empeño de maestros y profesores es irreprochable.

Lo verdaderamente preocupante no es que en cierto colegio un fotógrafo haya tomado una imagen de niños en el suelo. Lo que nos debe preocupar es que la presidenta de la Comunidad de Madrid haya subestimado el trabajo de miles de docentes que cada día se empeñan en sacar adelante con medios precarios la gigantesca y solidaria tarea de le educación pública y que, en las distintas comunidades, lluevan los obuses contra el sistema de formación con el propósito de exaltar la educación privada a una mes de las elecciones. Las palabras de Ana Mato no son otra cosa que una parte de ese fuego de artillería.

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