La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Atasco en el Sagrario, todo para Santa Clara

Las obras se estancan en la Catedral, pero no en Santa Clara. Todo se para menos un proyecto que llevaba años olvidado

Todo se para estos días en Sevilla. Se aplazan las elecciones en el Gran Poder, quedan suspendidas las del Mercantil, sabrá Dios cuándo serán los comicios en el Club Náutico. Menos mal que el gran Benito Mateo ya tomó posesión en el Real Círculo de Labradores, aunque no se haya estrenado en Feria todavía, que un presidente del Círculo no lo es del todo hasta que debuta con farolillos en la macrocaseta de los mil compromisos, como el "Benito, vengo con un amigo que no lo dejan entrar porque lleva botines", "Benito, no encuentro mesa", "Benito, quiero meter a unos señores muy majos de Madrid que quieren ver a Siempre Así". Pues en esta ciudad triste y sola del todo parado y sin turistas, que rima con consumistas, también se han parado las obras de la Parroquia del Sagrario de la Catedral, templo que debía estar cerrado sólo un año, pero con un proyecto de restauración que se ha quedado estancado y donde sabrá Dios, que vive en San Lorenzo, abraza la cruz en San Antonio Abad y duerme en la Universidad, cuándo volveremos a las misas de ocho de la tarde de don Manuel Cotrino o de don Luis Rueda, esas eucaristías con derecho a ver al Cristo de la Corona o al Niño Jesús de la Sacramental.

Mientras tanto, se anuncia la adjudicación de las obras de la iglesia del antiguo convento de Santa Clara, esa parte que retiene la Iglesia de Sevilla después de que el resto del edificio -donde el profesor Benito Navarrete hizo aquella magnífica exposición de Velázquez en tiempos del zoidismo- pasara a formar parte del Ayuntamiento, que le puso el horripilante nombre de Espacio Santa Clara.

Hay que ser cursi para usar el vocablo espacio para este inmueble. Por cierto, ¿por qué no haberlo llamado Inmueble Santa Clara? No entendemos la parálisis de las obras en el Sagrario de la Catedral, que tendría que estar ya en una puesta a punto con vistas al retorno del turismo, que forma parte del primer monumento de la ciudad y de la primera fuente de ingresos del Arzobispado. No comprendemos por qué se han parado todas las obras del templo metropolitano, cuando la Diócesis vive de la Catedral en gran medida. Si se trataba de priorizar, ¿cuánto llevan ustedes sin poder entrar en Santa Clara? Creo que desde una misa oficiada hace la tira de años por don Ángel Gómez Guillén.

Los turistas, si vuelven, ¿pedirán visitar la Catedral o Santa Clara? Esto no encaja, no huele bien. O el aroma no es precisamente a incienso. Santa Clara, sí, de pronto y en los peores momentos después de años de abandono. Y el Sagrario de la Catedral, parado. Aquí sólo funciona el Labradores en tiempos de pandemia. Al menos hasta las seis de la tarde.

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