Tribuna Económica

Rogelio Velasco

'Brexit', 'catexit' y otras salidas

El Gobierno de Cameron, para frenar las tendencias euroescépticas, quiere negociar con la UE reformas legales para salvaguardar su actual posición y avanzar más en la desvinculación con Bruselas.

11 de noviembre 2015 - 01:00

EL Reino Unido no se encuentra cómodo dentro de la UE. Ya desde su incorporación en 1975, asuntos fundamentales quedaron fuera de las condiciones de ingreso que los restantes países habían aceptado, especialmente su contribución como Estado miembro a las arcas comunitarias. El acuerdo dio lugar al llamado cheque británico, por el que Bruselas devuelve la casi totalidad de la contribución del Reino Unido a la Hacienda británica.

Esta concesión, junto a otras, fue explicada por la necesidad construcción de la UE, en la que no podía quedar fuera un país del tamaño del Reino Unido. A pesar de haber sido contestado este privilegio en varias ocasiones por varios miembros de la UE, la cosa ha quedado ahí.

Los países de la UE adoptaron esta postura como una forma de combatir el escepticismo hacia Europa, que tiene un fuerte arraigo. Aunque sin duda otras causas subyacentes y nuevas ayudan a explicarlo, la antipatía de los ciudadanos y de los gobiernos -especialmente los conservadores- ha ido creciendo en paralelo al creciente poder económico de Alemania. La memoria de la II Guerra Mundial está todavía fresca.

Al Reino Unido sólo le interesa la UE como un área de libre comercio, sin que existan transferencias de unos estados -más ricos- a otros -menos ricos-. El cheque británico le garantiza el mejor de los mundos posibles: beneficiarse del área de libre comercio, sin tener que contribuir a su mantenimiento. Adicionalmente, también se beneficia de los tratados de libre comercio que la UE tiene firmados con más de 50 países en el mundo, algo que no habría podido hacer por sí mismo.

Ahora, el Gobierno de Cameron, para frenar las tendencias euroescépticas, quiere negociar con la UE reformas legales para salvaguardar su actual posición y avanzar más en la desvinculación con Bruselas. Algunas pueden ser aceptables, pero otras van a producir el rechazo comunitario. Controlar los movimientos de personas y frenar la unión política no va a ser aceptado.

Mejorar la competitividad de la UE reduciendo las normas reguladoras de la actividad, puede ser bien acogida. Pero no va a ser admitida en relación con la City de Londres. En la City es en donde se diseñaron y negociaron ingentes cantidades de productos financieros derivados, que se encuentran en el origen del desastre financiero del año 2007 y que todavía estamos padeciendo. Esos productos financieros y otros sin regulación, abonan el terreno para que vuelva a producirse.

La City de Londres contribuye en un 10% al PIB británico de forma directa y un 15% si se consideran todos los servicios asociados a los financieros y de seguros, que constituyen el núcleo de la City. De ninguna forma quieren los conservadores que se regule la City desde Bruselas y Fráncfort. Pero Bruselas debería ser inflexible con una City funcionando sin regulación.

No se puede estar en una unión cosechando todos los beneficios sin soportar ninguno de los costes.

Como el País Vasco y Navarra, y ahora uno de los objetivos en Cataluña, no se puede estar dentro de una unidad política con privilegios fiscales o de otra naturaleza, como si se tratara simplemente de un área de libre comercio, sin contribuir financieramente a su mantenimiento.

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