¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
Comparto la sorpresa del alcalde cuando supo que Carmen Sevilla no tenía una calle en su ciudad. Supongo que él, como yo y como tantos sevillanos, daba por sentado que la tenía. Las tienen y se las merecen sobradamente Estrellita Castro, Antoñita Colomé, Gracia de Triana o Juana Reina, por citar cuatro de las más grandes y populares estrellas sevillanas (y no la tiene, que yo sepa, Lole Montoya: estamos a tiempo). Es difícilmente comprensible que Carmen Sevilla no tuviera una calle. Como sobradamente la merece y la tiene Antonio Ruiz Soler, Antonio el bailarín, aunque es igualmente difícil de comprender que no la tenga Realito, su maestro, que también lo fue de Dora la Cordobesita, Estrellita Castro, Rosario –que unió como Los Chavalillos Sevillanos–, Paquita Rico y Carmen Sevilla. En los reportajes que la conmemoran estos días ella cuenta su paso por la academia de Realito, que solo es recordada por la afortunada supervivencia del bello azulejo ya centenario de la calle Trajano que la anunciaba.
Aplaudo que el alcalde reconozca lo que sus antecesores no reconocieron –“Carmen Sevilla, mito del cine español, paseó el nombre de la ciudad por todo el mundo empeñándose en ponerse Sevilla como nombre artístico”, ha dicho– y que anuncie que en el primer pleno ordinario propondrá la rotulación de una calle con su nombre. Y deploro que esto no se hiciera cuando ella vivía y estaba en condiciones de disfrutarlo. Hubiera sido, para ella, una de las mayores alegrías de su vida. Los honores y reconocimientos, en vida. Que se disfruten. Sobre todo, si los conceden los suyos, sus convecinos, si el reconocimiento es de la ciudad en la que nacieron y a la que amaron. A los difuntos ni les van ni les vienen los homenajes. Están en otra cosa.
Lo que Carmen Sevilla representó sobre todo en el cine, y también en la música ligera en transición de su flamenco yeyé a la copla pop de –por citar a otra sevillana– Encarnita Polo, no es fruto de la consabida exageración mediática y sentimental que sucede a los fallecimientos. Se merece su calle. Debió tenerla y disfrutarla hace muchos años. Se han hecho y se hacen cosas muy raras con el callejero. La ciudad que no le dio calle a Carmen Sevilla se la dio, aunque por breve tiempo, a Pilar Bardem. Creo que el gran Agustín López Macías Galerín no la tiene, pero sí algún colega que no la merece. Qué cosas.
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